Las reglas que permiten a los atletas universitarios beneficiarse económicamente de su nombre, imagen y semejanza —conocidas como NIL por sus siglas en inglés— transformaron de manera irreversible el escenario del deporte universitario en Estados Unidos desde su aprobación en 2021, según analizó Joe Nocera, editor sénior y escritor en The Free Press, en declaraciones recogidas por el medio CBS News.
La estructura del baloncesto universitario muestra hoy una clara concentración de victorias entre las principales escuelas, un fenómeno que, para muchos analistas, representa tanto una consecuencia directa de la apertura del mercado para los jugadores como una señal de profundo cambio en la competencia.
Debido a esto, la actual edición del torneo masculino de la NCAA constituye un hito estadístico: por segundo año consecutivo, los cuatro primeros preclasificados de cada región avanzaron de ronda sin ser eliminados, hecho sin precedentes históricos.
Este resultado revive el debate sobre el impacto de la era NIL y de la libertad de transferencias —que permite a los deportistas cambiar de universidad sin un año obligatorio de espera— en la desaparición paulatina de los llamados “Cuentos de Cenicienta”: aquellas sorpresas en las que equipos y jugadores de pequeñas instituciones vencían a potencias tradicionales, captando la atención nacional durante el mes de marzo.
Desaparición de los equipos pequeños en la era NIL
Si bien la edición más reciente del torneo incluyó triunfos de equipos considerados sorpresas, como la victoria de High Point sobre Wisconsin (83-82) desde el puesto 12 de preclasificación, no se registraron victorias de los puestos 13, 14 o 15, una dinámica que tradicionalmente catalizaba la emoción y la narrativa imprevisible del “March Madness”, según explicó Nocera a CBS News.
El periodista especializado recalcó que, pese a la presencia de ciertas victorias inesperadas, “realmente ya no se ve ese fenómeno de escuelas pequeñas de las que nadie había oído hablar, o equipos de ciudades chicas sorprendiendo a los grandes”, reconociendo que dicha tendencia se está desvaneciendo.
La razón central, en palabras del propio Nocera, reside en la estructura de los nuevos incentivos económicos ligados al programa NIL y la aparición de los denominados “colectivos de donantes” en las universidades estadounidenses.
Ahora, agentes que representan a los atletas negocian pagos por cifras que pueden llegar a “USD 50.000 en una universidad, 100.000 en otra”, impulsando transferencias inmediatas de jugadores a programas con mayores recursos y capacidad de atraer talento.
Este cambio ha propiciado casos como el de Bryce Hopkins, exjugador de Providence hoy estrella en St. John’s, institución con presencia en el Sweet Sixteen, cuyo entrenador, Rick Pitino, aprovecha de manera destacada las condiciones de la nueva era.
Funcionamiento y desafíos legales de los acuerdos NIL
Actualmente, los pagos a los atletas universitarios no provienen directamente de las universidades, sino de donantes privados organizados en colectivos independientes. La NCAA, según remarcó Nocera en CBS News, ha perdido capacidad de control: “La NCAA ha tirado la toalla. Seguimos perdiendo en los tribunales y no podemos con esto”.
Por su parte, el sistema permite que los agentes de los atletas propongan transferencias a cambio de aumentos en la compensación, lo que derivó incluso en disputas legales cuando los acuerdos no se respetan o existen pagos previos involucrados.
Las discusiones actuales no se centran en si los jugadores deben recibir o no compensación —“ellos se lo merecen; hacen trabajos de tiempo completo y generan ingresos para la universidad”, señaló Nocera—, sino en la ausencia de contratos formales entre jugadores y universidades.
Actualmente, si un deportista cambia de institución, puede llevarse los ingresos obtenidos sin ninguna restricción de permanencia mínima, una situación que Nocera comparó con lo que ocurre con los entrenadores pero que, a diferencia de estos, carece de respaldo contractual para los jugadores.
Ante ese escenario, la propuesta planteada por Nocera consiste en la implantación de contratos oficiales que obliguen al jugador a permanecer al menos tres años en la institución que lo contrate, con la obligación de devolver la compensación si abandona antes de tiempo. “Así como el entrenador debe cumplir su contrato o reembolsar si se va, debería aplicarse lo mismo para los atletas”, planteó.

Consecuencias económicas con equidad en el deporte universitario
El cambio estructural producido por las reglas NIL no solo ha modificado la dinámica competitiva, sino que ha alterado el reparto del flujo económico en el deporte universitario. Escuelas propulsadas por importantes redes de donantes y reconocimiento nacional se ven cada vez más beneficiadas, mientras que las instituciones de menor presupuesto enfrentan dificultad para retener a sus mejores valores o atraer talento competitivo.
Nocera destacó que “no se puede pagar a los entrenadores USD 10 millones al año y no dar nada a los jugadores”, mientras que las universidades siguen recibiendo millones por derechos televisivos, una desigualdad que estaba en el centro del debate que llevó a la instauración de los acuerdos NIL.
El sistema vigente sigue bajo incertidumbre y debate, con la NCAA sin capacidad de regulación efectiva y una oleada persistente de conflictos legales. Entre tanto, el impacto visible en la cancha es la desaparición creciente de pequeñas universidades en las fases decisivas del torneo, desplazadas por un modelo donde el acceso a recursos y negociación contractual es el nuevo núcleo deportivo.
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