El prolongado cierre parcial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) en Estados Unidos dejó cerca de 60 mil oficiales de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) sin salario, obligando a muchos a buscar empleos adicionales y a cuestionar la sostenibilidad de su trabajo en el sector público.
Mientras el paro entró en su segundo mes y se agudiza la presión financiera, antiguos y actuales trabajadores advierten que el impacto en la moral podría repercutir por años en la seguridad aeroportuaria, según informó ABC News, la cadena estadounidense de noticias.
La situación ya provocó que empleados recibieran sus cheques de pago con un saldo de USD 0 tras más de un mes laborando en estas condiciones. Los dirigentes sindicales consideran este episodio de mayor gravedad que el cierre federal del año anterior, el cual se extendió durante 43 días.
Angela Grana, oficial de la TSA en el aeropuerto del condado de Durango-La Plata en Colorado y vicepresidenta regional del AFGE TSA Local 1127, el sindicato más grande de trabajadores federales en Estados Unidos, explicó que las consecuencias afectan varios aspectos de la vida de los empleados: “Las historias [de mis colegas] son muy desmoralizadoras. Para conseguir trabajos de Uber Eats u otra actividad secundaria, necesitamos permisos especiales. Por ahora, no podemos simplemente hacerlo”.
En respuesta al estancamiento político, legisladores como el líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, instaron a su bancada a respaldar propuestas para restablecer la financiación de todas las agencias del DHS excepto el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), tras los recientes asesinatos de Renee Good y Alex Pretti en Minneapolis a manos de agentes federales.
La iniciativa requiere el apoyo de al menos cuatro republicanos para prosperar en el Congreso, luego de que un intento similar fracasara en el Senado.
Cierre de pagos y efectos en la plantilla y condiciones laborales
El impacto inmediato más visible ha sido la organización de despensas de alimentos en varios aeropuertos del país para los empleados que ya no pueden cubrir sus necesidades básicas, según relató Grana a ABC News, la cadena estadounidense de noticias. “Es muy difícil concentrarnos en el trabajo sin sentir hambre. No podemos equivocarnos. Tenemos que acertar siempre. No podemos dejar pasar una maleta, no podemos dejar pasar una amenaza”, aseguró.
En este contexto, la ausencia laboral incrementó. Jill DeJanovich, oficial en el aeropuerto Harry Reid de Las Vegas y madre soltera de cuatro hijos, se contó entre los casi 2.700 empleados de la TSA que no se presentaron a trabajar esta semana por los elevados niveles de demanda y tensión.
Como responsable administrativa del AFGE Local 1260, el sindicato más grande de trabajadores federales en Estados Unidos, en Nevada, expresó su frustración con el Congreso: “Alguien tiene que cruzar la línea antes de que el Congreso se marche por el receso de Pascua”, afirmó.
Para algunos, la situación dejó de ser viable. Robert Echeverria, supervisor principal de la TSA en el aeropuerto internacional de Salt Lake City y con nueve años de servicio, optó por renunciar tras el segundo cierre del DHS en solo cinco meses. En diálogo con ABC News, expuso: “Emocionalmente, ya no podíamos soportar esa presión. Fue muy difícil para mi esposa y para mí ver a nuestros hijos teniendo dificultades y no poder ayudarlos”.
La pérdida de experiencia y el riesgo de efecto dominó en la seguridad
El desgaste no solo se traduce en ausentismo o renuncias. De acuerdo a un trabajador que pidió el anonimato, reemplazar empleados experimentados es una labor de largo plazo: “Perder empleados con experiencia es muy difícil de suplir. Los nuevos necesitan dos años para salir del periodo de prueba”, declaró a ABC News.
A esto se suma la problemática del endeudamiento. El mismo empleado advirtió: “Uno de los requisitos es tener buen historial crediticio. Muchos de nuestros agentes ya no lo tendrán”.
La presión financiera también repercute en la vida familiar de los oficiales. Joseph Cerletti, agente de la TSA en el aeropuerto de la Bahía de San Francisco, explicó que tras perder su ingreso, su familia depende únicamente del salario de su esposa y que se le dificulta explicar a sus hijos la nueva realidad económica.
Cerletti resumió el sentimiento de muchos de sus compañeros: “No tenemos la ventaja en esta lucha por nuestros derechos. Es difícil encontrar palabras para describir cómo me siento, salvo que me deja sin palabras”, declaró a la cadena de noticias estadounidense.
La suma de estos factores amenaza con socavar aún más la dotación operativa y la moral dentro de la TSA en el corto y largo plazo, mientras las disputas políticas en el Congreso mantienen paralizados los salarios de miles de trabajadores en uno de los sectores más críticos para la seguridad nacional de Estados Unidos.
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