
Un hombre de California, Thomas Simpkins, de 44 años, desapareció el 8 de febrero tras asistir a una fiesta del Super Bowl en San José y fue encontrado muerto seis días después en un arroyo detrás del Levi’s Stadium en Santa Clara, según informó el diario estadounidense The New York Post. Las autoridades mantienen abierta una investigación de posible homicidio, sin que hasta el momento se haya revelado la causa de la muerte.
El caso ganó relevancia cuando los restos de Simpkins, quien trabajaba en un restaurante en Palo Alto, fueron identificados el 14 de febrero. Así lo confirmó su hermana, Brandi Stroud, en declaraciones a la filial local de NBC Bay Area y al periódico californiano San Francisco Chronicle. El hallazgo se realizó en el San Tomás Aquino Creek, una zona cercana al estadio donde, solo días antes, más de 70.000 aficionados habían presenciado la final del fútbol americano en la que los Seattle Seahawks vencieron a los New England Patriots.
Simpkins estuvo en contacto con su hermana horas antes de su desaparición. Le comunicó que planeaba regresar a casa a descansar después de la celebración, pero desde entonces no volvió a ser localizado ni retomó la comunicación.
Al día siguiente, su hijo, Tyler, de 19 años, acudió al restaurante donde su padre trabajaba al notar la ausencia de noticias, y posteriormente presentó una denuncia por persona desaparecida, informó el diario estadounidense The New York Post.
Una muerte en el entorno del Super Bowl evidencia vacíos en la coordinación policial
El contexto en el que ocurrió la desaparición de Simpkins expuso fallos en la respuesta de las instituciones. Su hermana, Brandi Stroud, indicó que distintas agencias policiales se transfirieron el control del caso entre ellas, y fue la Policía de San José la que finalmente asumió la investigación.
Stroud expresó al periódico californiano San Francisco Chronicle: “Hubo una gran demora. No tomaron en serio el caso de mi hermano en ningún momento”, y subrayó la ausencia de protocolos claros a pesar de los recursos compartidos para la seguridad durante eventos de gran envergadura como el Super Bowl.
El hecho de que el cuerpo de Simpkins se encontrara casi una semana más tarde, en una zona por la que habían pasado decenas de miles de personas, ha evidenciado los desafíos logísticos y de jurisdicción en la vigilancia de espacios públicos durante grandes celebraciones deportivas en Estados Unidos.

La magnitud del Super Bowl —que cada año reúne a más de 70.000 asistentes y multiplica la presencia policial— contrasta con la falta de coordinación en la búsqueda y posterior investigación de la desaparición del ciudadano.
Detalles como la desaparición del teléfono móvil y la cartera de Simpkins —reportados tanto por la hermana de la víctima como por el diario estadounidense The New York Post— orientaron la investigación hacia la hipótesis de homicidio. Sin embargo, la causa exacta de la muerte aún no se ha determinado, y se espera que los resultados oficiales puedan demorar hasta cuatro meses.
Las autoridades confirmaron la identificación de Simpkins el 14 de febrero
Simpkins asistió a una barbacoa a pocos kilómetros del Levi’s Stadium el día 8, antes de tomar un vehículo de la plataforma Uber con dirección a su domicilio en Santa Clara alrededor de las 21:00, según detalló su hermana a la filial local de NBC Bay Area. Desde ese trayecto no se volvió a saber de él. La búsqueda se activó cuando Tyler, su hijo, comprobó la ausencia del padre en la jornada laboral siguiente y formalizó la denuncia ante la policía.
La familia Simpkins, que experimentó angustia y desconcierto por la falta de información oficial en los primeros días, se enteró del hallazgo de los restos de Thomas solo cuando una desconocida les compartió una grabación policial a través de Facebook. “No sabía que había un cuerpo que recuperar tras el estadio Levi’s, hasta que una señora al azar me mandó un enlace”, relató Stroud.
La ausencia de comunicación directa por parte de las autoridades incrementó el dolor de los allegados en las horas posteriores a la desaparición.
En una declaración pública recogida por la página de GoFundMe habilitada para reunir fondos destinados al traslado y sepelio, la familia describió a Simpkins como “un hijo, hermano, esposo, padre y amigo profundamente querido” cuya “bondad, fuerza y amor inquebrantable por los suyos” dejaron una huella imborrable en su entorno.
La familia tiene previsto realizar el entierro de Thomas Simpkins en Redding, junto a su padre, hermano y abuelos, según detalla la solicitud de recaudación publicada en la plataforma.
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