
La expansión acelerada de la inteligencia artificial generó un crecimiento histórico en los centros de datos de Estados Unidos, llevando el consumo eléctrico nacional a máximos sin precedentes en 2024. Datos del Pew Research Center indican que la demanda energética de estas infraestructuras tecnológicas supera actualmente el 4% del total nacional, una cifra que podría duplicarse en 2030 debido a la digitalización y el avance de la IA.
Esta proliferación responde tanto al procesamiento masivo de información como a incentivos estatales y federales orientados a atraer inversiones y fortalecer la economía digital. Hay más de 4.000 centros de datos en Estados Unidos, una tercera parte concentrada en Virginia, Texas y California.
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Las áreas de mayor desarrollo incluyen el norte de Virginia, Dallas, Chicago y Phoenix, donde la combinación de servicios eléctricos robustos, terrenos apropiados y acceso a redes de alta calidad sigue atrayendo grandes instalaciones.

Existen varias tipologías de centros. Los de hiperescala, con capacidad para más de 5.000 servidores y superficies de hasta 100.000 metros cuadrados, lideran la expansión por su aptitud para manejar cargas masivas, en particular en aplicaciones de IA y computación en la nube.
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Los centros empresariales atienden necesidades privadas de grandes compañías, mientras los de colocación alquilan espacio y servicios a terceros. Ante este panorama, existe una competencia entre estados mediante incentivos fiscales y permisos acelerados, con el objetivo de captar empleos, ingresos fiscales y oportunidades de negocio asociadas.
Consumo energético y crecimiento
El impacto sobre el consumo energético es notable. Según el Pew Research Center, con apoyo de datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), los centros de datos estadounidenses consumieron 183 teravatios-hora (TWh) de electricidad en 2024, aproximadamente el consumo de Pakistán en un año.
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Se prevé que para 2030 esta cifra llegará a 426 TWh, lo que representaría un aumento del 133%. Un centro de hiperescala dedicado a IA puede consumir tanta electricidad como 100.000 hogares en un año, y los proyectos en desarrollo pueden multiplicar por veinte esa demanda.
Esta acumulación de consumo genera tensiones en las redes locales: en 2023, los centros absorbieron el 26% de la electricidad de Virginia y porcentajes relevantes en Dakota del Norte (15%), Nebraska (12%), Iowa (11%) y Oregón (11%).
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La mayor parte de la energía, cerca del 60%, se destina a alimentar servidores optimizados para IA, cuyo consumo supera entre dos y cuatro veces al de los equipos tradicionales. El resto del uso energético corresponde principalmente a sistemas de refrigeración, que pueden llegar a representar desde el 7% hasta más del 30% en instalaciones menos eficientes

Estos sistemas de enfriamiento requieren grandes volúmenes de agua: solo en 2023, los centros estadounidenses utilizaron unos 64.350 millones de litros, con el 84% concentrado en infraestructuras de hiperescala y colocación. Estimaciones anticipan que, para 2028, el consumo anual de agua podría oscilar entre 60.500 y 125.000 millones de litros solo en los centros de hiperescala.
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Fuentes de energía y desafíos de la red
Respecto a las fuentes energéticas, el informe divulgado por Pew Research Center estima que el gas natural suministró más del 40% de la electricidad usada por los centros de datos en 2024, seguido de renovables (24%), energía nuclear (20%) y carbón (15%).
Aunque el gas natural se prevé como principal proveedor hasta 2030, la energía nuclear podría aumentar su peso, ya que empresas tecnológicas han firmado acuerdos con startups del sector y avanzan planes para reactivar centrales nucleares en Pensilvania e Iowa.
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Entretanto, estados como California, Illinois, Minnesota, Nueva Jersey y Virginia han debatido leyes para incentivar el uso de renovables y exigir mayor transparencia en el consumo de electricidad y agua.
Consecuencias en las tarifas eléctricas
El crecimiento de los centros de datos incide directamente en las tarifas eléctricas residenciales y comerciales, ya que las compañías eléctricas deben afrontar costosas mejoras en la red y, en muchos casos, estos costos se trasladan a consumidores y pequeñas empresas.
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En el mercado eléctrico PJM (de Illinois a Carolina del Norte), los centros de datos originaron un aumento estimado de USD 9.300 millones en el “mercado de capacidad” para 2025-2026, lo que se traducirá en subidas mensuales de USD 18 en el oeste de Maryland y USD 16 en Ohio.

Un análisis de la Universidad Carnegie Mellon, citado por el Pew Research Center, señala que la expansión de los centros y la minería de criptomonedas podría elevar la factura eléctrica promedio nacional un 8% para 2030, e incluso superar el 25% en regiones de alta demanda, como el centro y norte de Virginia. En 2024, la factura residencial promedio en Estados Unidos alcanzó los USD 142 mensuales, un 25% superior a la de 2014.
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Desafíos ambientales y debate público
Las implicaciones ambientales de esta tendencia han encendido el debate nacional. El consumo intensivo de recursos como agua y energía, junto con la dependencia de fuentes fósiles y nucleares, genera interrogantes sobre la sostenibilidad de este modelo.
Aunque algunos estados han aplicado regulaciones para promover energías limpias y transparencia, la presión sobre las infraestructuras eléctricas y el entorno natural persiste.
De acuerdo con el informe de Pew Research Center, la opinión pública estadounidense está dividida respecto al impacto ambiental de la inteligencia artificial: un sector identifica riesgos y preocupaciones, mientras otros ven oportunidades tecnológicas o muestran posturas contradictorias sobre el futuro de la IA y su efecto en el medio ambiente.
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