
Dos personas sobrevivieron a ataques de osos en diferentes puntos del municipio de Anchorage durante la última semana.
Ambos incidentes ocurrieron en áreas próximas a zonas habitadas, lo que ha intensificado la preocupación por la seguridad de los excursionistas y ha motivado una serie de recomendaciones oficiales para minimizar el riesgo de encuentros peligrosos con la fauna local.
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Anchorage se extiende a lo largo de 5.079 kilómetros cuadrados (1.961 millas cuadradas), una superficie que supera ligeramente la del estado de Rhode Island.
Una amplia población de osos abundan en la zona

En este vasto territorio, donde residen aproximadamente 290.000 personas, cerca del 40% de la población de Alaska, la coexistencia con la vida silvestre es parte del día a día.
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La ciudad alberga una población estimada de 350 osos negros, 65 osos pardos y 1.600 alces, lo que convierte a la región en un entorno donde los encuentros con animales salvajes no son infrecuentes.
La primer víctima logró contactar a la policía tras el ataque

El primer ataque se produjo el 22 de julio en un sendero popular situado en una ladera con vistas a Anchorage y al Cook Inlet. Una mujer, que caminaba a unos 3.2 kilómetros (2 millas) del sendero cerca del vecindario Stuckagain Heights, fue atacada por un oso que, según su percepción, era un oso pardo.
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Cyndi Wardlow, supervisora regional del Departamento de Pesca y Caza, explicó que la identificación precisa del animal no era inmediata, ya que un oso negro canela puede asemejarse a un oso pardo. La visibilidad en el sendero era limitada debido a la vegetación alta y densa, lo que dificultó la observación directa.
El personal recogió muestras de pelo y excrementos para su análisis, aunque los resultados podrían tardar hasta dos semanas. Cory Stantorf, biólogo del área de Anchorage, confirmó que aún esperaban los resultados para determinar la especie y el sexo del oso involucrado.
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El segundo incidente ocurrió el sábado siguiente, cerca del suburbio de Eagle River

Un hombre transitaba por un sendero paralelo a la bifurcación sur del río Eagle, donde los salmones se desplazan corriente arriba. Su perro, que no llevaba correa, se topó con una osa parda acompañada de su cría.
Según Timothy Gurnett, guardabosques del Parque Estatal de Chugach, el animal atacó al excursionista, quien utilizó todo su aerosol repelente para osos en dos ocasiones: primero para detener el ataque y luego para repeler un segundo acercamiento. Finalmente, la osa y su cachorro se internaron en el bosque.
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Las autoridades, que rastrearon la zona a pie y con drones, no localizaron al animal, y consideran que la reacción de la osa fue defensiva, motivada por la protección de su cría. Stantorf subrayó que no se planea eliminar al animal, ya que “cualquier osa en esa situación probablemente habría actuado igual”.
La temporada actual coincide con la migración de los salmones, lo que incrementa la presencia de osos en los cursos de agua. Stantorf enfatizó que “todos los años recomendamos evitar los arroyos con salmones, ya que allí se concentran ambas especies de osos”.
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El salmón representa una fuente alimenticia fundamental para estos animales en preparación para la hibernación. Gurnett añadió que existen más de 483 kilómetros (300 millas) de senderos dentro del Parque Estatal de Chugach, el 95 % de los cuales se encuentra dentro del municipio de Anchorage, y recomendó optar por rutas alejadas de los ríos en esta época.
Las autoridades insisten en la importancia de adoptar medidas preventivas al transitar la zona

Recomiendan caminar en grupo, hacer ruido, portar spray para osos, evitar el uso de auriculares, mantener a las mascotas con correa y permanecer atentos al entorno. Gurnett recordó que “los osos no quieren estar cerca de nosotros. Quieren estar en otro lugar”. Además, sugirió el uso de bocinas de aire para alertar a los animales de la presencia humana, ya que el sonido del agua puede dificultar que los osos perciban la aproximación de personas.
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Stantorf concluyó que, tanto en áreas silvestres como cerca de cursos de agua, siempre existe la posibilidad de un encuentro con un oso, un alce, un lobo o incluso un glotón.
A menos de un kilómetro de zonas residenciales en el este de Anchorage, la presencia de osos, alces y lobos es una realidad cotidiana.
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Un grupo local en Facebook documenta con frecuencia imágenes y videos de estos animales desplazándose junto a los barrios, bajo la sombra de las montañas Chugach.
Esta convivencia entre la vida urbana y la fauna salvaje ha cobrado especial relevancia tras dos ataques de osos a excursionistas en apenas una semana, lo que ha llevado a las autoridades a emitir advertencias y recomendaciones específicas para quienes transitan los senderos de la región, según informó la agencia Associated Press.
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