El nombre de Elon Musk se escucha cada vez con más frecuencia en los más diversos ambientes.
Al principio, era el ‘loco’ que proponía cambiar el mercado automotor, con sus vehículos eléctricos Tesla. Luego, cuando las cuatro ruedas ya no le fueron suficientes, siguió por las naves espaciales y creó SpaceX. También exploró el campo del Internet con Starlink y hasta desembarcó en el rubro de la inteligencia artificial y las redes sociales, con la compra de Twitter -ahora conocida como X-.
En pocos años, Musk se convirtió en un revolucionario multifacético dispuesto a correr todo tipo de riesgos y sin miedo a ser criticado o acabar envuelto en polémicas.
Pero muchos se preguntan cuál es la clave detrás de sus negocios y cómo es realmente este personaje que bromea con gran liviandad en Internet y desafía a todos y todo.

Walter Isaacson, el autor de la autobiografía de Steve Jobs, se propuso descifrar eso. Durante dos años, Isaacson se convirtió en la sombra de Musk, en una mosca que lo seguía día y noche en su trabajo, en sus viajes y hasta en sus reuniones, y que habló con más de 120 personas cercanas a él.
El ‘modo diablo’
“Definitivamente hay múltiples Elon Musk, múltiples personalidades”, comenzó su reflexión sobre el multimillonario en una entrevista con el Wall Street Journal.
Elon Musk es hijo de Maye Musk y Errol Musk, quien es más conocido por el maltrato y los abusos a los que lo sometió durante su infancia. Pero la violencia no se limitó a su casa. De niño fue a un wilderness camp en el que perdió casi cinco kilos en una semana porque lo golpeaban y le quitaban su comida.
“No sabes lo grave que fue”, recordó Isaacson que Musk le mencionó un día.
Esta violencia psicológica con la que Elon creció -que inclusive devino en un trastorno por estrés postraumático- fue la que le generó sus cambios de personalidad, su aversión al sentimiento de satisfacción y que, también, lo volvió fuerte y agresivo, al punto de adoptar un ‘modo diablo’, al igual que le ocurre a su padre.
“Se vuelve muy oscuro y eso puede ser un problema”, dijo Isaacson recordando, por ejemplo, aquellas difíciles semanas en las que negociaba la compra de Twitter.
Para poder sobrellevar su difícil infancia, Musk simplemente aprendió a “golpear a la gente en la nariz, tan fuerte como podía” y así consiguió que ya no lo maltrataran.
“Hoy en día aún se ve eso, es pugnaz. A veces puede ser muy conflictivo y, en caso de duda, te da un puñetazo en la nariz”, continuó el autor remitiéndose a aquella herramienta que adoptó en su juventud.

Si bien hoy en día Musk no es una persona violenta físicamente y “nunca se enfada de verdad (...) sí es fríamente brutal con la gente y, luego, casi no recuerda lo que ha hecho. Simplemente entra en otro mundo y no parece recordarlo”, dijo. “Ciertamente tiene una falta de empatía”.
El dolor como clave de su éxito
Estas heridas de su infancia forjaron en él otro aspecto clave de su personalidad y que tiene un gran peso en sus negocios: su necesidad constante de drama, de riesgo y que, en definitiva, impulsan sus proyectos. Esto se ha visto en múltiples ocasiones, por ejemplo, cuando decidió basar el servicio de conducción de Tesla en inteligencia artificial en lugar de usar código, o los cambios -a los ojos de muchos, innecesarios- en X.
“Esto le permite ser una figura disruptiva pero también lo vuelve un líder muy difícil”, continuó.
En ese sentido, recordó una noche de viernes en Texas, en una plataforma de lanzamiento de SpaceX, en la que, de un momento al otro, Musk enloqueció al ver sólo a dos personas trabajando allí y convocó a un centenar de empleados de todas partes del país para que pusieran manos a la obra, sin necesidad alguna. Ese fue un momento, según Isaacson, en el que tomó el control el ‘modo diablo’ y que, si bien permitió un rápido avance sobre el proyecto, también implicó un trago amargo para Andy, el empleado de turno que tuvo que lidiar con esa situación.
Isaacson entendió, sin embargo, que este tipo de actitudes, aunque feas, tuvieron su costado positivo y le permitieron conformar un equipo de trabajo tan fiel y listo para seguirlo en cualquier aventura que decida encarar. Durante una charla con algunos empleados de Tesla, éstos le explicaron que habían renunciado a sus puestos porque no podían lidiar con la carga laboral y el estrés pero, una vez distanciados de ello, entendieron que tenían que regresar porque, al final de cuentas, “creían en la misión” de Musk.
De todas formas, por más efectivo que este método pueda resultar, el autor subrayó a las nuevas generaciones que ven con ojos de éxito al empresario y aspiran a seguir su modelo y sus formas que “definitivamente no lo prueben”. “No deberían tratar de ser como Elon Musk”; en su lugar, deberían tomar nota de qué cosas vuelven a una persona efectiva en su trabajo pero aprendiendo de sus errores.
Elon Musk y Steve Jobs: ¿iguales u opuestos?
El fundador de Apple fue también uno de los personajes elegidos por el autor para narrar su vida y obra.
Su conocimiento profundo sobre otra de las mentes más disruptivas del sector en las últimas décadas, y cuyo legado aún persiste en la actualidad, le permitió trazar similitudes y diferencias con el magnate sudafricano.
“Ambos tienen un sentido profundamente innovador… como diría Steve Jobs, ser capaz de pensar diferente. Están dispuestos a ser disruptivos y a pensar que pueden cambiar el mundo. Musk está loco, la mitad del tiempo cree que puede cambiar el mundo”, explicó sobre este aspecto que poco sorprende sobre una persona que se replantea hasta las cosas más básicas y cotidianas de la vida.

En cambio, el genio de la manzanita tenía a su favor algo que Elon no: su capacidad para escuchar a su equipo y tomar sus palabras.
Su fuerte personalidad llevó al dueño de Tesla a no tomar a bien los comentarios negativos y hasta a evitar que la gente le diga que no. Como consecuencia, los planes rara vez cambian de la idea planteada originalmente y, cuando lo hacen, es resultado de mucho tiempo de insistencia y de un entorno muy reducido que no tiene miedo a hablarle de frente.
El algoritmo de Elon
Otra de las claves de su éxito radica en el sistema que él mismo bautizó como “el algoritmo” y que aplica a todos sus proyectos.
Se trata de un proceso de cinco pasos que comienza en los fundamentos más básicos. “Hay que cuestionar cada requisito, hay que mirar la física (...) y luego hay que eliminar para simplificar las cosas”, explicó Isaacson.
De todas formas, Isaacson señaló que, de aplicarse erróneamente, el “algoritmo” podría acabar causando el efecto contrario, como ocurrió con Tesla al querer automatizar la línea de vehículos. En ese caso, recordó el biógrafo, fue “demasiado rápido” y no alcanzó a eliminar todas las partes necesarias.
El poder de Musk y su deseo por Twitter: ¿lógica o contradicción?
Desde su influencia en la guerra de Ucrania con el servicio de Starlink hasta sus proyectos espaciales, Musk se ha convertido en un actor de gran peso en los tiempos que corren. A su manera, el magnate logró concentrar mucho poder en sus manos que, según Isaacson, responden a ese pequeño Elon que desarrolló la ambición ya sea por el espacio, por los robots, por la inteligencia artificial o lo que sea con lo que sueñe.
Y esa convicción, sumada a un impulso que no supo -o tal vez no quiso- controlar, lo llevaron a comprar Twitter. A los ojos de muchos, que habían apostado por sus otras empresas, una decepción; para él, el paso necesario para hacerse con “el patio de juegos más grande del mundo”.

Sin embargo, sería injusto no reconocer que, fiel a su estilo, no se trató simplemente de tener el control del pajarito y luego convertirlo en su antiguo dominio x.com. Desde entonces, Elon se concentró en la revolución de la inteligencia artificial y se decidió a iniciar su propia compañía.
Simplemente “no puede dejar las cosas en paz” y tampoco puede dejarlas ir bromeó el autor. “Es un freak del control, no lo veo delegando mucho en sus empresas”, concluyó.
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