Turckheim, la joya francesa escondida en Alsacia que parece sacada de cuento y es una parada estratégica en la Ruta de Vinos

A 10 kilómetros de Colmar, un vigilante nocturno aún recorre sus calles empedradas, una tradición medieval que sobrevive junto a viñedos Grand Cru y fachadas floridas en pleno corazón de Francia

Una calle empedrada rodeada por edificios con entramado de madera, una fuente con flores y una torre de piedra que tiene un reloj.
Turckheim, en la región de Alsacia, es uno de los muchos pueblos que conserva una arquitectura con carácter propio. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las casitas con encanto alemán llenan este pueblo muy disputado durante años entre los países vecinos. Los colores, las estructuras de madera al aire libre y los tejados puntiagudos para disipar la nieve son la seña de identidad de Turckheim. Un panorama que no deja de mejorar en Navidad, donde sus fachadas se llenan con motivos para honrar a San Nicolás, muñecos con hadas de la nieve y bastones de caramelo blancos y rojos. Decoraciones de fantasía y es que a este pueblo no le faltan las leyendas.

Pasadas las diez de la noche un hombre con capa negra, tricornio y farol recorre las calles empedradas de Turckheim al son de un cuerno. Canta en alsaciano una advertencia que incluso figura en los archivos municipales desde 1540. Cuidar el fuego antes de dormir. La escena se repite cada noche entre mayo y octubre en este pueblo de Alsacia, en el este de Francia, uno de los últimos lugares del país donde sobrevive la figura del vigilante nocturno medieval.

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Un hombre con barba, capa negra, tricornio, farol encendido y cuerno de caza en una calle empedrada de noche entre casas tradicionales de madera.
Un vigilante todavía recorre Turckheim cada año relatando en cánticos la historia de la ciudad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

A siete kilómetros de Colmar, Turckheim integra la Ruta de los Vinos de Alsacia, un trazado de 170 kilómetros entre Thann y Marlenheim. A diferencia de paradas más conocidas como Riquewihr, conserva el ritmo de un pueblo habitado. En sus plazas conviven turistas con vecinos que toman café en terrazas, mientras las fachadas de entramado de madera, pintadas en rosa, azul y verde pastel, se asoman entre jardineras floridas.

El último oficio medieval que sobrevive en las calles de Turckheim

La figura del vigilante nació en Turckheim como un empleo municipal para prevenir incendios en un pueblo construido en madera. Tras desaparecer durante la Revolución Francesa y recuperar vigencia hasta 1939, cuando Mathias Jamm fue el último profesional del oficio, la tradición volvió en 1953 como atractivo cultural. Hoy, voluntarios como Jean-Luc Killy, quien ejerce el papel desde hace más de tres décadas, recorren cada noche las calles medievales desde el Corps de Garde, en la Place Turenne, con cantos y relatos sobre la historia de la ciudad y su pasado en la Decápolis.

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Entre winstubs y fachadas floridas, la vida que distingue a Turckheim de sus vecinos

Una mesa de madera con una tarte flambée, embutidos, pan, un recipiente con comida, copas de vino blanco y un viñedo dorado al fondo.
Las winstubs, tabernas típicas alsacianas, sirven tarte flambée, baeckeoffe y embutidos ahumados junto a copas de riesling y gewürztraminer. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lo que separa a Turckheim de otros pueblos de la ruta no es solo su menor afluencia turística, sino una vida social que no se organizó en función del visitante. Las winstubs, tabernas típicas alsacianas, sirven tarte flambée, baeckeoffe y embutidos ahumados junto a copas de riesling y gewürztraminer producidos a metros de distancia, un ritual que en verano se extiende a mesas montadas en las calles angostas del casco histórico.

La memoria del siglo XX convive con ese paisaje de postal. Un museo dedicado a la llamada Bolsa de Colmar documenta los combates que, entre 1944 y 1945, enfrentaron a las tropas aliadas con las fuerzas de ocupación alemanas, episodio que incluyó la muerte de Auguste Jamm, hermano del último vigilante profesional, durante la liberación. Esa capa histórica se suma a los vestigios renacentistas de la Place Turenne, donde el Corps de Garde de 1575 y el Hôtel des Deux Clefs conforman uno de los conjuntos arquitectónicos mejor conservados de la región vinícola.

El viñedo Grand Cru que convirtió a Turckheim en referencia del vino alsaciano

Viñedo de Grand Cru. Reuters/Pascal Rossignol/Foto de Archivo
Viñedo de Grand Cru. Reuters/Pascal Rossignol/Foto de Archivo

Sobre las colinas que rodean el casco histórico se extiende el Brand, un viñedo de ladera granítica que recibió la clasificación Grand Cru en 1983 y cuyo prestigio se remonta a la Edad Media. Sus rieslings de guarda abastecen tanto a pequeños productores como al Domaine Zind-Humbrecht.

A pocas calles de allí, la Cave de Turckheim, cooperativa fundada en 1955, ofrece una sala de cata abierta todo el año. La vendimia de septiembre, cuando el movimiento en los viñedos coincide con el cambio de color en las vides, distingue a Turckheim del resto del año, cuando el paisaje se mantiene verde y silencioso bajo la sombra de las murallas medievales.

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