
En el noroeste de Francia, la región de Alsacia emerge como uno de los rincones más bellos del país. Repleta de viñedos, esta zona se caracteriza por sus impresionantes pueblos que parecen estar sacados de un cuento gracias a sus calles adoquinadas, arquitectura medieval y tradiciones únicas. Así, villas como Riquewihr, Kaysersberg o Ribeauvillé se convierten en destinos únicos que atraen a infinidad de viajeros, sobre todo durante esta época del año.
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De este modo, más allá de las localidades citadas, destaca otra por ser uno de los pueblos más bonitos de Francia. Estamos hablando de Eguisheim, un rincón maravilloso situado apenas a 10 kilómetros de Colmar, la cuna de la Navidad en Alsacia. Esta villa es famosa por su arquitectura medieval, sus calles concéntricas y su fuerte herencia vinícola, que lo convierten en un destino imprescindible para los amantes de la historia, el arte y la gastronomía.
Un casco histórico de cuento
La mejor forma de descubrir Eguisheim es perderse por sus calles empedradas. Estas dan lugar a un casco histórico que recuerda mucho al que aparece en la película de La Bella y la Bestia, con sus casas coloridas y su arquitectura única que parece más bien un decorado. Y es que, este pueblo muestra a la perfección la arquitectura alsaciana típica, con sus casas de planta baja construidas en piedra, sus fachadas de madera y los tejados imposibles teñidos de múltiples colores en tonos pastel.
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Tanto es así, que otro de los aspectos que más llama la atención es su distribución, pues Eguisheim se construyó en forma circular, lo que lo convierte en un pueblo redondo en todos los sentidos. Así, estos círculos concéntricos se distribuyen alrededor de su castillo, el Château Saint-Léon, construido en el siglo VIII. Este domina la plaza principal del pueblo y está rodeado de una muralla con forma octogonal. Aunque hablando de murallas, hay que destacar las que rodean todo su centro histórico, pues cuenta con una doble línea que sorprende al viajero.
Igualmente, entre las calles más destacadas se encuentra la Rue du Rempart, que sigue el trazado de las antiguas murallas y ofrece una vista excepcional de las viviendas más antiguas del pueblo. Muchas de estas edificaciones datan de los siglos XV y XVI y se conservan en un estado impecable gracias a los esfuerzos locales por preservar el patrimonio histórico.
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Sus iglesias y fuentes
Eguisheim también tiene una fuerte conexión religiosa, siendo el lugar de nacimiento del Papa León IX, quien ocupó el pontificado entre 1049 y 1054. En su honor, se construyó la capilla de Saint-Léon, una joya arquitectónica que combina elementos románicos y góticos. La capilla es uno de los lugares más visitados del pueblo, y su interior alberga vitrales que narran la vida del pontífice.

Pero no solo eso, pues también cuenta con la iglesia parroquial dedicada a San Pedro y San Pablo, la cual fue construida en estilo románico, pero se remodeló con añadidos góticos en 1220. De todos sus elementos destaca la alta torre de cuatro campanas y el magnífico portal adornado con una escultura de madera policromada que representa a la Virgen María.
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Por su parte, las fuentes son otros de los principales atractivos del pueblo. La más bella es Fontaine di Saint-Léon, sin duda, una de las más grandes de la región, en el centro de la plaza principal del pueblo. También son encantadoras las fuentes de la Plaza del Mercado, que datan de 1557, y la Fontaine de la Porte Basse, construida en 1841. Pero esto no es todo, pues en las colinas circundantes se pueden apreciar las ruinas de tres impresionantes mansiones: los castillos de Weckmund, Wahlenbourg y Dagsbourg, que datan de los siglos XI y XII.
Cuna del vino alsaciano
Eguisheim es también conocido por ser uno de los epicentros de la producción vinícola en Alsacia. Rodeado de viñedos que producen algunos de los mejores vinos de la región, el pueblo es particularmente famoso por sus variedades de vino blanco, como el Riesling, el Gewürztraminer y el Pinot Gris.
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Los visitantes tienen la oportunidad de recorrer las bodegas locales, muchas de ellas gestionadas por familias que llevan generaciones dedicadas a la vinificación. Durante las visitas, los enólogos comparten secretos de la elaboración del vino y ofrecen catas que permiten experimentar los sabores característicos de la región. Uno de los eventos más esperados es la Fiesta del Vino, que se celebra cada año en agosto, atrayendo a turistas y locales por igual.
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