
Entre acantilados, pequeñas calas y senderos junto al Mediterráneo, este tramo de la Costa Brava combina litoral y cocina marinera en un paisaje que permite bajar el ritmo durante los meses de otoño. Las playas de acceso directo conviven con rincones a los que solo se llega por agua, además de caminos que conectan distintos puntos de la costa.
Tamariu, integrado en el municipio de Palafrugell, tiene 297 habitantes permanentes, aunque su población crece durante el verano por la llegada de visitantes. Su tamaño reducido y la cercanía de Palafrugell facilitan una visita de pocos días con rutas a pie, actividades acuáticas y paradas culturales.
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Playas y caminos junto al Mediterráneo
La Platja de Tamariu es el principal punto de acceso al mar. Tiene arena dorada y aguas transparentes, favorecidas por la orientación de la costa y las características del fondo marino. Sus condiciones tranquilas permiten el baño y actividades como el snorkel o el kayak.
Desde la playa, el Camino de Ronda ofrece un recorrido por la costa de acantilados hasta Cala Pedrosa. El trayecto más sencillo dura unos 20 minutos y pasa por pequeñas calas, donde es posible detenerse antes de continuar hasta el final del sendero.
Cala Pedrosa es una de las paradas habituales de la ruta. También aparecen Els Liris, una cala rodeada de rocas que conserva una antigua barraca de pescadores, y Aigua Dolça, situada en un entorno con vegetación.
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El mar abre otras opciones de recorrido. El alquiler de kayak permite llegar a Aigua Gelida y entrar en la Cova d’en Gispert. Los centros de buceo locales organizan inmersiones hacia pecios como el de Cala Nova, donde se citan gorgonias, morenas y langostas entre los restos hundidos.
Calas aisladas y vistas desde Sant Sebastià
No todas las playas del entorno cuentan con el mismo acceso. Cala Marquesa y Cala dels Gens se encuentran entre los espacios más apartados y solo se puede llegar a ellas por mar. Esa condición las diferencia de los rincones conectados mediante senderos y de la playa situada junto al núcleo urbano.
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Quienes prefieran continuar a pie pueden dirigirse hacia el faro de Sant Sebastià. Este punto permite observar el Mediterráneo, Llafranc y Cala Pedrosa desde una posición elevada. El faro figura entre los miradores conocidos de este tramo de costa.
Muy cerca se encuentra el poblado ibérico de Sant Sebastià de la Guarda. El yacimiento conserva restos de un antiguo asentamiento y permite conocer cómo vivían las comunidades íberas hace más de 2.000 años. Su ubicación muestra también la posición estratégica que tuvo el enclave en la antigüedad.
La ruta por los alrededores puede prolongarse hacia Cala del Crit, Cala Estreta o Cala S’Alguer, conocida por sus casitas de pescadores. Otra parada posible es Calella de Palafrugell, donde las calles próximas al mar prolongan la relación de la comarca con la actividad marinera.
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El origen pesquero de Tamariu
El origen del pueblo está relacionado con familias de pescadores que se instalaron allí en el siglo XIX. Sin embargo, documentos históricos ya mencionaban el lugar en 1039.
Su nombre procede del tamarindo, un árbol abundante en la zona que se convirtió en uno de los símbolos de la localidad.
Cocina marinera y visitas por la comarca
La gastronomía acompaña el recorrido por Tamariu y Palafrugell. El pescado y el marisco forman parte de la oferta de los establecimientos junto a la arena, junto con vinos ampurdaneses.
El calendario de la comarca incorpora propuestas ligadas a los productos del mar. En invierno, Palafrugell y las localidades próximas celebran la Garoinada, dedicada a los erizos de mar. En primavera se organizan las jornadas de Es Niu, centradas en un guiso marinero tradicional.
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El centro histórico de Palafrugell permite añadir calles, plazas y edificios tradicionales a una visita inicialmente enfocada en la costa. Está a pocos kilómetros de Tamariu y conserva referencias al pasado marinero del Baix Empordà.
Quienes tengan más tiempo pueden acercarse al Parque Natural del Montgrí, las Islas Medes y el Baix Ter, con senderos, observación de fauna y actividades acuáticas. El acceso se realiza desde Barcelona o Girona por la AP-7 y carreteras que atraviesan campos y pueblos ampurdaneses.
Finalmente, si se quiere ampliar la escapada, el interior de la provincia de Girona suma pueblos de Cataluña como Pals, Peratallada y Monells, donde el recorrido continúa entre murallas, plazas y calles medievales.
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