
En las frías aguas de la costa occidental de Groenlandia, a unos 250 kilómetros al norte del círculo polar ártico, se despliega un fenómeno natural de magnitud extraordinaria. En este rincón geográfico, el fiordo helado de Ilulissat constituye la desembocadura marítima del glaciar Sermeq Kujalleq, una imponente corriente de hielo que avanza a gran velocidad y desprende anualmente más de 35 kilómetros cúbicos de icebergs. Esta sobrecogedora dinámica helada, que produce más del 10% de todo el hielo flotante del casquete polar groenlandés, no solo esculpe un paisaje monumental, sino que genera las condiciones oceánicas idóneas para sostener un ecosistema marino rico.
Y es que la interacción constante entre el manto helado continental y las corrientes marinas provoca una turbulencia en las capas superficiales que favorece el afloramiento masivo de nutrientes, estimulando la producción de fitoplancton y crustáceos. Esto a su vez atrae a diversas especies a la boca del fiordo y a las aguas de la bahía de Disko. De hecho, según la propuesta de inclusión del fiordo helado de Ilulissat en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, “las ballenas de aleta y los rorcuales aliblancos se ven a menudo durante el verano a lo largo del borde exterior del umbral en la boca del fiordo”.
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No obstante, los visitantes que viajen hasta este lugar de Groenlandia deben saber que esta zona, además, comprende una compleja dinámica migratoria. Curiosamente, un informe del ICES Journal of Marine Science señala que la bahía es “actualmente el único lugar del mundo donde las ballenas boreales y las ballenas jorobadas se solapan de manera predecible en su distribución”; es decir, es un escenario donde mamíferos marinos árticos y subárticos se cruzan.
¿Cómo se produce esta mezcla?
Las ballenas boreales (Balaena mysticetus) llegan durante el invierno para alimentarse de copépodos entre la masa de hielo e inician su migración al norte a finales de mayo. Tras su partida, irrumpen en junio los rorcuales jorobados (Megaptera novaeangliae), atraídos por densos bancos de peces como el capelán. La investigación añade que ambas especies se dividen el espacio verticalmente: la boreal se sumerge hasta los 233 metros de profundidad, mientras que la jorobada busca alimento en franjas costeras someras a unos 82 metros.
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Entre los cetáceos que frecuentan la zona destaca la ballena boreal, verdadero icono del Ártico. En palabras de la Comisión de Mamíferos Marinos del Atlántico Norte, esta criatura “puede alcanzar una edad impresionante de más de 200 años”, situándose como el mamífero más longevo del planeta. Y es que su anatomía está perfectamente adaptada a las heladas aguas polares, disponiendo de inmensas barbas para filtrar miles de toneladas de agua en cada inmersión.
Un turismo que respete la paz del mamífero
El encuentro entre glaciares y megafauna marina ha impulsado el desarrollo socioeconómico regional, en un país que tan solo cuenta entre 130.000 y 150.000 visitantes anuales. A raíz de este fenómeno natural, la ciudad de Ilulissat se ha consolidado como la capital turística de Groenlandia, promoviendo excursiones sostenibles para el avistamiento de cetáceos.
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Entre las actividades que más destacan se encuentran los safaris de avistamiento de ballenas (whale safaris), las excursiones en barco y las escalas de cruceros, combinadas con rutas de senderismo y paseos en trineos de perros. Aun así, desde la gestión local de Kommuneplania Avannaata, enfatiza la importancia de fomentar un turismo responsable que ponga en valor el patrimonio inuit y proteja este tesoro biodiverso del planeta.
De este modo, aunque este impulso turístico es clave para el desarrollo económico de la ciudad, las actividades diseñadas por las instituciones públicas promueven un modelo orientado a minimizar el estrés acústico sobre los cetáceos, garantizando la conservación biológica y la convivencia armónica con las actividades locales.
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