
Torres medievales que emergen sobre tejados de piedra, callejones estrechos que suben en espiral y, al fondo, las cumbres de la Majella rozando los 2.700 metros. Visto desde la carretera que bordea Sulmona, en la región italiana de Abruzzo, este conjunto produce la misma impresión que una fortaleza de fantasía posada sobre la montaña, sacada de uno de los mapas de Tolkien. Un lugar para perderse y disfrutar de una vista con encanto.
Tiene poco más de un millar de habitantes y el símbolo de Pacentro es el Castillo de Caldora, una de las fortificaciones mejor conservadas de la región, con base trapezoidal, tres torres cuadradas y tres torreones cilíndricos con aspilleras. De origen normando, perteneció a familias como los Caldora, los Orsini y los Colonna antes de pasar a manos municipales. Desde sus alturas se domina el Valle de Peligna y los tejados del casco histórico, una perspectiva que explica por qué el lugar fue durante siglos un punto defensivo de primer orden.
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A los pies del castillo, el paseo por el centro histórico transcurre entre escalones de piedra, plazas donde la gente aún conversa en los bancos y balcones con geranios. La Piazza del Popolo, con su fuente del siglo XVII, es el corazón de la vida social. Allí se alza la iglesia de Santa Maria Maggiore, cuya bóveda central luce decoraciones de estuco del artista Attilio De Chellis, más opulenta de lo que cabría esperar en un pueblo de esta escala, pero con una historia que iguala a otros pueblos italianos.
El origen del pueblo, las raíces de Madonna y ritos centenarios

Pacentro guarda también una memoria viva de la vida campesina. La casa de Marlurita, hoy Museo de la Civilización Rural, fue el hogar de María Loreta Pacella desde 1890 hasta finales de la década de 1970: habitaciones diminutas sin baño, iluminadas por una sola bombilla, donde la dueña convivía con un burro y era conocida por curar el mal de ojo con hierbas medicinales. A unos pasos, la Fontana del Vallone y el lavadero público de “I Canaje” recuerdan que el agua era, no hace tanto, un bien que se recogía a mano y se compartía entre vecinos.
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La historia del pueblo se remonta mucho más atrás: en la cueva de Colle Nusca, a las afueras del municipio, se conservan pinturas rupestres del V al IV milenio a. C. con escenas de caza. Una curiosidad más reciente vincula Pacentro con la cultura popular es que los abuelos de la cantante Madonna eran originarios del pueblo, lo que explica su sorprendente notoriedad entre las comunidades italoamericanas de Estados Unidos.
Quien busque algo más que historia tiene a mano la tirolina de Majella, un recorrido de un kilómetro suspendido sobre el valle a velocidades de hasta 100 km/h, con las torres del castillo a ras de vuelo. Para ritmos más pausados, el Centro de Información del Parque Nacional de la Majella, ubicado en el casco histórico, organiza rutas de senderismo por el Monte Morrone y gestiona la Carta Peregrina del Camino Celestino, que une las ermitas asociadas a Celestino V y tiene a Pacentro como parada reconocida.
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Cuándo ir y cómo llegar

El pueblo se encuentra a unos diez minutos en coche de Sulmona, accesible desde la autopista A25 tanto desde Roma como desde Pescara. Quienes viajen en tren pueden llegar a la estación de Sulmona y tomar desde allí autobuses de la línea TUA o un taxi.
La mejor época para visitar depende del interés del viajero. En primavera y verano, los senderos del parque están en pleno rendimiento. El primer domingo de septiembre se celebra la Corsa degli Zingari, una carrera en la que los jóvenes del pueblo bajan descalzos por la ladera rocosa del Colle Ardinghi hasta la iglesia de Nuestra Señora de Loreto: un rito de devoción, resistencia y pertenencia que concentra en pocos minutos la identidad entera del lugar. En invierno, la nieve convierte Pacentro en un belén natural y sirve de base para acceder a las estaciones de esquí de Campo di Giove y Roccaraso.
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