
Camariñas es un pueblo marinero encajado entre el mar y el viento de la Costa da Morte coruñesa. Tiene poco más de cinco mil habitantes, una ría de postal y una tradición artesanal que se remonta, según los historiadores, al siglo XVI. El arte de palillear se practica en toda Galicia y también en muchas otras zonas del noroeste peninsular, pero es el de Camariñas el que más destaca en la comunidad gallega. Las responsables de eso tienen nombre: se llaman palilleiras.
Dorita García lleva setenta años siéndolo. Presidenta de la Asociación Rendas, aprendió el oficio con cinco años, lo dejó cuando la vida se lo exigió —la conservera, diecisiete años en Suiza— y lo retomó al volver. “Llevo treinta años aquí en la asociación y haciendo lo que se puede”, dice en su conversación con Infobae. Por su parte, Norma, presidenta de la Asociación Puntillas, lo resume de otra manera: “Ser palilleira en Camariñas significa continuar con el legado de nuestras madres y abuelas y que no se pierda nuestra tradición”.
Las dos mujeres representan dos de las múltiples asociaciones de palilleiras que mantienen vivo el oficio en el municipio. Sus historias personales son distintas, pero la explicación del origen de sus conocimientos es casi idéntica: “El oficio se aprendía en casa con madres, hermanas y abuelas y también vecinas.”
Un arte de mujeres, con matices
Según los datos históricos, el encaje comenzó en la Edad Media, en torno al siglo XVI, probablemente de la mano de mujeres flamencas, esposas de soldados del ejército de Flandes, aunque hay quien apunta a que probablemente entró en Galicia a través del Camino de Santiago. Las propias palilleiras, sin embargo, prefieren sus propias versiones: una mujer italiana superviviente de un naufragio que enseñó el arte a sus vecinas, o incluso la Virgen enseñando a una dama al borde de la ruina.

La historia y la leyenda se entretejen con la misma naturalidad con la que se cruzan los hilos sobre el almohadón. Lo que no admite discusión es que este ha sido, históricamente, un trabajo de mujeres. “Las cosas hechas a mano, como la costura, siempre han sido trabajo de mujeres”, señala Dorita. “Para esto hay pocos hombres. Ahora se incorporan cuando vamos a los encuentros, pero son un poco reacios aún. Aquí hay escuela para enseñar a las niñas y hay algún niño, pero a lo mejor de cien niñas hay un niño”, afirma.
Por su parte, el proceso de creación de una pieza es laborioso y preciso. “Empiezas con la plantilla o picado que eliges para realizar el trabajo, luego llenas los bolillos con el hilo adecuado y cuelgas los bolillos con alfileres en el lugar que corresponde y sigues el trabajo”, explica Norma. El resultado son piezas que van desde manteles y juegos de toallas hasta complementos de moda. Dorita lo confirma sin rodeos: “Ahora mismo estamos trabajando para Pull&Bear y para Zara. Estamos a tope”.
De hecho, en las escuelas de encaje de la zona se enseña a los más pequeños los secretos de palillar para que esta bella artesanía perviva en la ría de Camariñas por muchos años más. “Es raro que una chica aquí en Camariñas no sepa palillar”, reconoce Dorita. Casi todas aprenden. El problema viene después. “Esto no está bien pagado para los que se dedican a ello; no pueden vivir de esto”, admite con franqueza. “Es como si tienes un hobby, cuando uno está jubilado, cuando uno tiene niños y no puede trabajar, pues es un complemento. No te puedes dedicar 100%.”
Las personas mayores, dice, son las que terminan entregándose al cien por cien, porque tienen tiempo. Los jóvenes, no pueden permitírselo. Existe, sin embargo, un margen de esperanza en los nuevos modelos de negocio. “Aquí hay una chica que diseña y ha puesto una tienda para vender por Internet. A lo mejor esa chica puede vivir de eso, porque hace sus cosas y las vende a gente bastante importante”, apunta Dorita.
La Mostra: cuando Camariñas se multiplica

La Mostra do Encaixe de Camariñas lleva más de 30 años haciendo historia. Se celebra cada Semana Santa y, en 2026, alcanza su XXXV edición, celebrándose entre el 1 y el 5 de abril. Las encajeras demuestran su arte, los nuevos diseñadores sorprenden con su talento y la pasarela se llena de estilo con el encaje como protagonista. El impacto sobre el municipio es radical. “La Mostra del encaixe transforma Camariñas y triplica su población”, destaca Norma. Lo que durante el resto del año es un pueblo tranquilo de la Costa da Morte se convierte, durante esos días, en un punto de encuentro internacional.
Stands de Italia, Francia, Finlandia, Portugal; palilleiras llegadas de distintas regiones de España; niños de las escuelas de bolillos exponiendo sus trabajos; y los grandes desfiles de moda, donde el encaje de Camariñas es el hilo conductor. Las asociaciones no son espectadoras del evento: son sus protagonistas. “Nosotras tenemos siempre un stand allí y desde hace 35 años vamos como asociación”, explica Dorita.
Además, son ellas quienes tejen las piezas que lucen los diseñadores en pasarela. “Tenemos un catálogo y ellos piden con número la plantilla que les guste, y después nosotros la hacemos y, por medio de Dolores, que es la directora de la Mostra, se los manda a cada diseñador.” Pero la participación va más allá del trabajo manual. Dorita también canta en un coro que actúa durante el encuentro coral del domingo, y las asociaciones participan en los actos de pandereteiras. “Desde dentro la vivimos como una fiesta continua”, resume Norma.
Camariñas, destino de encaje
Las obras de las palilleiras se pueden ver en las tiendas de Camariñas, en museos y salas de exposiciones de la zona. En 1996 se inauguró el Museo del Encaje en Camariñas, donde se conservan muestras de artesanía y documentos de la historia y cultura alrededor del encaixe da Costa da Morte. Para quien visite Camariñas fuera de la Semana Santa, la tradición está igualmente presente en las calles y en los talleres de las asociaciones.
Para quien llegue durante la Mostra, Dorita tiene un consejo sencillo: “Es muy interesante. Hay mucha gente que viene exprés para pasar unos días”. Lo que encontrarán es un pueblo que, una semana al año, convierte en espectáculo algo que el resto del tiempo es simplemente vida cotidiana: mujeres sentadas con sus almohadones, cruzando hilos con una destreza heredada de generación en generación. “La palilleira hace maravillas”, dice Dorita. “Es una cosa artesana y hecha a mano. Y con mucho orgullo hacemos esos trabajos”.
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