
Francia, tierra de reyes, revoluciones y paisajes de ensueño, ha mantenido a lo largo de los siglos una relación especial con sus castillos. Estas residencias, símbolos de poder, arte y refinamiento, salpican el territorio galo desde el Valle del Loira hasta Normandía, evocando historias de la corte, secretos familiares y episodios que marcaron el devenir de Europa. Hoy, algunos de estos monumentos abren sus puertas al público; otros, en cambio, buscan un nuevo propietario que los devuelva a la vida y les otorgue un futuro digno de su pasado.
En el corazón del valle del Somme, a solo dos horas de París y muy cerca de Amiens, el Château de Long acaba de salir al mercado por 8,5 millones de euros. Esta joya del patrimonio francés, erigida en el siglo XVIII y restaurada con esmero tras las heridas de la Segunda Guerra Mundial, ofrece mucho más que muros centenarios: es una residencia aristocrática rodeada de 20 hectáreas de jardines, invernaderos y dependencias, donde la historia y la elegancia se funden en un entorno idílico.
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Un castillo con historia de Versalles
El Château de Long fue construido en 1733 por Honoré-Charles de Buissy, señor de Long, como una “folie”, es decir, una residencia de recreo diseñada para el placer y el prestigio. El arquitecto Charles-Étienne Briseux ideó el edificio inspirándose en sus propios tratados sobre arquitectura de campo, dotando a la propiedad de una superficie de más de 1.500 metros cuadrados. Década tras década, el castillo se convirtió en escenario de historias de la corte de Versalles, como la anécdota protagonizada por la joven Madame Adelaida y el pequeño Pierre de Buissy, hijo del propietario, quienes compartieron juegos y sueños propios de una pequeña nobleza a la sombra de la realeza.

A la muerte de su padre, Pierre de Buissy continuó el legado familiar, encargando a los mejores artistas del reino la decoración interior del castillo. El célebre pintor Jean-Baptiste Huet dejó su huella en los paneles que embellecieron los salones, algunos de los cuales hoy se conservan en el Musée de l’Hôtel de Berny de Amiens gracias a la labor de rescate de Gérard de Berny. El resultado fue una residencia refinada, elegante y llena de gracia, donde cada estancia habla de la pasión por el arte y el buen gusto.
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De la ocupación a la restauración
El Château de Long no fue ajeno a los avatares del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial, la propiedad fue ocupada por el ejército alemán, que dejó su impronta en las dependencias y el entorno. Tras la contienda, en los años 60, el castillo fue restaurado, combinando la conservación del patrimonio original con las comodidades modernas. Hoy, la finca se extiende a lo largo de más de 20 hectáreas que combinan naturaleza, arquitectura y funcionalidad. El edificio principal se complementa con dependencias de estilo palaciego, conectadas por muros curvos y rematadas por pabellones, que acogen zonas de servicio, establos y almacenes.
Igualmente, uno de los grandes atractivos del Château de Long son sus invernaderos, levantados por el Sr. Carpentier a finales del siglo XIX y restaurados en 2002. El invernadero frío alberga rosas, clemátides y flores de temporada, mientras que el invernadero caliente acoge buganvillas, adelfas, limoneros y agapantos, creando un festival de aromas y colores que evoca el esplendor de la belle époque.
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El palomar, de estructura octogonal y construido en ladrillo y piedra, preside el centro de los edificios agrícolas como un vigía eterno. Con más de 250 años, se mantiene intacto, recordando la importancia de la avicultura y la autosuficiencia en las grandes propiedades francesas de antaño.
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