
Pocas experiencias logran despertar la misma mezcla de adrenalina y nostalgia que un día en un parque de atracciones. Entre gritos de emoción, luces de colores y un bullicio inconfundible, estos recintos han sido, generación tras generación, un refugio para quienes buscan desconectar de la rutina y entregarse a la magia del ocio. Aunque la mayoría de estos parques surgieron en los siglos XIX y XX, existe uno que lleva más de cuatrocientos años reinventando el entretenimiento popular y que, aún hoy, recibe a millones de visitantes cada temporada.
Ese lugar es Bakken, el parque de atracciones más antiguo del mundo en funcionamiento, situado a escasa media hora del centro de Copenhague, en Dinamarca. Lo que comenzó como un sencillo balneario termal es hoy un icono del ocio europeo, donde se entrelazan historia, naturaleza y diversión en un ambiente que conserva intacto el espíritu de sus orígenes.
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Del manantial curativo al ocio popular
La historia de Bakken arranca en 1583, cuando Kirsten Piil descubrió un manantial de agua pura en el bosque de Klampenborg, a unos 10 kilómetros al norte de la actual capital danesa. En tiempos en que el agua potable era un bien escaso y de dudosa calidad en la ciudad, cientos de ciudadanos acudieron a este lugar, convencidos de las propiedades curativas de sus aguas termales.
La popularidad del enclave fue tal que pronto aparecieron feriantes, músicos ambulantes y vendedores, dando pie a un ambiente festivo que convirtió la zona en un punto de encuentro para el ocio. Aunque en 1669 el rey Federico III cerró el área para transformarla en coto de caza real, la afluencia de público nunca cesó del todo y, tras su reapertura en 1756 por Federico V, el entretenimiento volvió a florecer.
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Con el regreso de los ciudadanos, la oferta lúdica no dejó de crecer. Artistas, juegos y restaurantes ambulantes se instalaron en la zona, profesionalizando poco a poco el espectáculo. Así, el simple balneario fue evolucionando hasta convertirse en el parque de atracciones que conocemos hoy, un espacio que ha sabido conservar el sabor de lo antiguo sin renunciar a la innovación.
Bakken, oficialmente Dyrehavsbakken, se encuentra dentro del parque natural de Jægersborg Dyrehave, un entorno de 11 kilómetros cuadrados declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Esta ubicación privilegiada permite a los visitantes disfrutar, además de las atracciones, de la compañía de más de 2.000 ciervos que viven en libertad y que se dejan ver fácilmente a lo largo de los senderos arbolados.
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Un parque con entrada gratuita y esencia histórica
Una de las particularidades que más sorprenden al viajero es que la entrada a Bakken sigue siendo gratuita, como en sus días fundacionales. Los visitantes solo pagan por acceder a las atracciones, pudiendo elegir entre pases individuales o una tarifa plana para disfrutar sin límites. La emblemática montaña rusa de madera, Rutschebanen, lleva casi un siglo funcionando y es el epicentro de la diversión, rodeada de atracciones clásicas como tacitas giratorias, coches de choque, columpios gigantes y hasta barcos vikingos.
El parque no ha perdido su esencia de feria popular: cada día, funciones de cabaret y espectáculos familiares animan el ambiente, con especial protagonismo para Pjerrot, el payaso tradicional que actúa para niños y adultos, recordando los orígenes ambulantes de este enclave. De este modo, las casetas de madera, los restaurantes y los caminos arbolados hacen que la experiencia en Bakken se parezca más a un viaje al pasado que a la visita a un parque temático al uso. El visitante puede recorrer el parque de finales de marzo a finales de agosto, época en la que Bakken recibe cerca de tres millones de personas y se consolida como la segunda atracción turística más visitada de Dinamarca, solo superada por el parque Tivoli, también en Copenhague.
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