
La Selva de Irati, en el norte de Navarra, se ha ganado a pulso su reputación como uno de los grandes tesoros naturales de Europa. Con sus más de 19.000 hectáreas de hayedos y abetales, se presenta como el segundo bosque de este tipo más extenso del continente, solo superado por la Selva Negra alemana. Este espacio protegido, integrado en la Red de Reservas de la Biosfera de la UNESCO, no solo seduce por su impresionante biodiversidad, sino también por la red de senderos que invita a descubrir el bosque a cada paso. Entre todos esos caminos, la Ruta Embalse Irabia destaca como una de las experiencias más completas y accesibles para quienes desean sumergirse en la naturaleza más pura.
La Ruta Embalse Irabia discurre por el corazón de la Selva de Irati, rodeando el embalse que da nombre al itinerario. El recorrido, de poco más de 11 kilómetros y 77 metros de desnivel, es de tipo circular y puede completarse en unas tres horas y media de caminata tranquila. La ruta arranca en el parking de la presa del pantano de Irabia, al que se accede desde Orbaiceta tras pasar por una caseta de información donde se abona una pequeña cuota por vehículo. Aunque la carretera es estrecha, el acceso está bien señalizado y cuenta con dos zonas de aparcamiento cerca de la presa.
El inicio de la ruta cruza el dique y enlaza con el sendero SL NA 053-C, perfectamente señalizado y exclusivo para caminantes. Se trata de un recorrido sencillo y de baja dificultad, ideal para todo tipo de senderistas, incluidas familias con niños o personas con poca experiencia. El camino serpentea bordeando el embalse, con un relieve suave y ondulado, permitiendo disfrutar de la tranquilidad del entorno y de panorámicas de postal en cada recodo.
Puentes, paisajes y rincones para el descanso

Uno de los atractivos clave de la Ruta Embalse Irabia es la sucesión de puentes y miradores naturales que salpican el trayecto. Tras recorrer los primeros siete kilómetros, el caminante alcanza el primer puente, un punto ideal para tomar fotografías y admirar las vistas sobre el agua y los bosques que rodean la cuenca. Unos 600 metros más adelante aparece la casa forestal del pantano, que invita a hacer una pausa, reponer fuerzas y disfrutar del silencio solo roto por el viento y las aves. El itinerario continúa durante unos tres kilómetros hasta llegar al segundo puente, desde donde el sendero vuelve a bordear el embalse hasta regresar al punto de partida.
La ruta, al ser circular, permite apreciar los diferentes matices del bosque en función de la hora y la luz del día, especialmente en primavera y, sobre todo, en otoño, cuando el hayedo despliega una paleta de colores realmente espectacular. Además, la organización del sendero está pensada para maximizar la experiencia de los caminantes. Es fundamental llevar ropa y calzado cómodos, acorde a la temporada, así como alguna prenda de abrigo o un chubasquero en caso de lluvia. También conviene llevar agua y comida, ya que no hay fuentes a lo largo del recorrido. En verano, se recomienda protegerse del sol con gorra, gafas y crema solar.
Por si fuera poco, terminar la ruta es la mejor excusa para descubrir la gastronomía local, los pequeños rincones y la cultura de la zona, en un entorno donde cada valle —Aezkoa, Salazar, Garazi y Zuberoa— aporta su propia identidad y tradiciones, pero todos comparten la armonía entre naturaleza y personas. Igualmente, para quienes prefieran la bicicleta de montaña, existe una alternativa específica: una senda y pista superior en la parte sur del embalse, perfectamente habilitada y señalizada, que permite recorrer la zona sin interferir con los senderistas.
Cómo llegar
Desde Pamplona, el viaje es de alrededor de 1 hora y 25 minutos por la avenida de Aoiz y la carretera NA-150. Por su parte, desde Jaca el trayecto tiene una duración estimada de 2 horas y 15 minutos por la vía A-21.
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