
El invierno transforma los viajes en tren en una experiencia única, especialmente cuando el recorrido atraviesa paisajes nevados y montañas de postal. En Pirineo aragonés, el frío y la nieve convierten cada trayecto en una aventura que parece sacada de un cuento, donde los bosques blancos y los valles silenciosos invitan a dejarse llevar por la nostalgia y la admiración.
Para quienes buscan un plan invernal diferente, lejos del bullicio y la velocidad, existe una propuesta que combina historia, naturaleza y una atmósfera retro difícil de encontrar en la actualidad: el Expreso de Canfranc. Este tren, conocido popularmente como el Canfranero, se ha consolidado como una de las joyas ferroviarias de la temporada navideña, permitiendo a los viajeros descubrir el Pirineo aragonés de una manera pausada y auténtica.
Un viaje a través del Pirineo nevado
El Expreso de Canfranc recorre una de las rutas más bellas del norte de España, atravesando túneles, valles y pueblos que en invierno se cubren de un manto blanco. El trayecto une Zaragoza con Canfranc, serpenteando por parajes que incluyen los imponentes Mallos de Riglos, el profundo valle del río Aragón y extensos bosques alpinos. La magia del viaje reside en la cadencia tranquila del tren, que invita a mirar por sus grandes ventanas y dejarse sorprender por cada curva y cada cambio de paisaje.
A bordo, el viajero se encuentra con vagones restaurados que evocan los años 30 y una locomotora de los años 50, manteniendo la estética industrial de mediados de siglo. Los acabados en madera y la atmósfera retro convierten el recorrido en una cápsula del tiempo, ideal para quienes valoran el encanto de los trenes clásicos frente a la rapidez de los modernos. En invierno, la nieve multiplica el atractivo del trayecto, haciendo que cada estación y cada túnel se conviertan en escenarios de postal.

El gran destino del Expreso de Canfranc es la mítica Estación Internacional de Canfranc, un edificio monumental inaugurado en 1928 para conectar España y Francia a través de los Pirineos. Considerada una de las estaciones más sorprendentes de Europa, su arquitectura y dimensiones impresionan a todos los que llegan frente a su fachada. Tras décadas de abandono, la estación ha resurgido en los últimos años: hoy alberga un hotel de lujo y se ha convertido en la puerta de entrada a uno de los entornos de alta montaña más espectaculares de Aragón.
Es por ello que bajar del tren en Canfranc es una experiencia que muchos viajeros describen como mágica. El edificio, que parece sacado de un decorado cinematográfico, ofrece la posibilidad de realizar visitas guiadas para conocer su historia, recorrer antiguos túneles y descubrir los vestigios del ferrocarril internacional.
Tarifas y horarios para todos los viajeros
El Canfranero no solo destaca por su valor histórico y paisajístico, sino también por la variedad de tarifas y la flexibilidad de sus horarios. Los billetes de ida y vuelta desde Jaca o Canfranc parten de los 17 euros para la opción familiar y alcanzan los 25 euros en la categoría premium, que garantiza asientos panorámicos ideales para disfrutar del entorno. Existen también tarifas únicas desde puntos intermedios como Castiello de Jaca o Villanúa, adaptándose a diferentes necesidades y presupuestos.
El tren circula de miércoles a domingo, con tres salidas diarias, lo que facilita la organización de escapadas sin prisas y permite combinar el viaje en tren con rutas por la zona, visitas a Jaca o incluso una noche en el corazón de los Pirineos. El trayecto turístico más demandado dura apenas 35 minutos por sentido, pero la experiencia puede extenderse todo el día si se decide explorar los alrededores.
Canfranc y el Pirineo: mucho más que un trayecto
El viaje en el Expreso de Canfranc es solo el principio de una escapada que puede completarse con múltiples actividades. Desde sencillas rutas por el Camino de Santiago hasta paseos con raquetas de nieve o ascensos a los ibones cercanos, la zona ofrece opciones para todos los gustos y niveles. Los amantes de la naturaleza encuentran en el valle de Izas un escenario privilegiado, mientras que quienes prefieren la historia pueden adentrarse en la estación o explorar los vestigios ferroviarios.
Debido a la creciente popularidad del tren se recomienda reservar con antelación. A bordo, el ambiente suele ser tranquilo y acogedor, con familias, parejas y aficionados al ferrocarril que buscan una experiencia que va más allá del mero transporte. No faltan fotógrafos y viajeros solitarios atraídos por los paisajes nevados y la sensación de viajar como antaño.
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