
Cuando el frío comienza a hacer acto de presencia y el ritmo de la vida cotidiana amenaza con acelerarse por la cercanía de la Navidad, los pueblos rurales emergen como refugio perfecto para quienes buscan bienestar y una pausa antes de las celebraciones. Cada vez más personas optan por el turismo de interior, atraídas por la promesa de tranquilidad, paisajes silenciosos y la autenticidad que solo puede encontrarse lejos de las grandes ciudades.
Así, el puente de diciembre se revela como la excusa ideal para descubrir pequeñas localidades donde la naturaleza, la historia y la calma invitan a recargar energías. El interés por las escapadas de fin de semana refleja este nuevo anhelo colectivo de respirar aire puro y huir de las aglomeraciones: las búsquedas de este término han incrementado un 161% en el último mes, según revelan las recientes tendencias.
Ante esta demanda creciente de destinos sosegados, los expertos en viajes de SIXT han analizado miles de datos, identificando los pueblos menos visitados —auténticos tesoros inesperados— en los que el sosiego es protagonista. Los siguientes cinco destinos, diseminados entre el norte y el este de la península, ejemplifican a la perfección esa España rural aún por descubrir durante el puente de diciembre.
Rupit i Pruit: joya suspendida entre montañas

En el interior de Cataluña, Rupit i Pruit destila un magnetismo natural que conquista a quienes persiguen la desconexión y la belleza medieval. Apenas una hora y cuarenta minutos separan este enclave del bullicio de Barcelona, pero su atmósfera parece de otro tiempo. Su casco antiguo, con calles empedradas y arquitectura medieval, invita a pasear despacio entre casas colgantes de madera y el mítico puente de piedra que cruza el río Rupit.
El entorno es pura inspiración: los acantilados de Sallent y las cascadas cercanas crean un marco inigualable para los aficionados al senderismo y a la fotografía. Además, los sabores de la cocina catalana pueden degustarse en tabernas tradicionales, mientras que la torre del reloj o las rutas escénicas añaden atractivo a una visita donde reinan el silencio y el buen gusto.
Tavertet: acantilados y serenidad frente al embalse
No muy lejos de Rupit i Pruit, también en Cataluña, surge Tavertet, un pueblo encaramado sobre acantilados con vistas excepcionales al embalse de Sau y los valles boscosos. Ubicado a poco más de una hora y media de Barcelona, Tavertet ha visto descender sus cifras de búsqueda en los últimos meses, consolidándose como un destino para verdaderos amantes de la calma.
Las casas de piedra y su fisonomía rústica son su seña de identidad. A ello se suma la riqueza de su entorno natural: senderos entre bosques, cascadas y riscos invitan tanto a la aventura como a la contemplación. La antigua ermita de Sant Cristòfol es parada obligada, y el silencio que domina el pueblo resulta especialmente acogedor en los días cortos de invierno. Tavertet es, sin duda, el retiro perfecto para aquellos que buscan alejarse de las rutas más transitadas y conectar con la Cataluña más sosegada.
Bandujo: historia anclada en los valles de Asturias

Si el viajero se dirige al norte, descubrirá Bandujo, en Asturias, una aldea medieval asentada entre montañas y profundos valles verdes. El núcleo histórico del pueblo, plagado de casas de mampostería y tejados de pizarra, alberga la Torre de Bandujo —datada en el siglo XV— y una iglesia románica perfectamente integrada en el entorno.
Todo invita a la calma: los senderos entre cimas y bosques, las vistas que se pierden hacia el horizonte y la sensación de autenticidad que impregna cada rincón. Bandujo es un destino idóneo para quienes desean experimentar la España rural más pura y disfrutar de horas de silencio y paseos sin prisa.
Pola de Somiedo: naturaleza en estado puro
En el corazón del Parque Natural de Somiedo, Pola de Somiedo levanta acta de otro refugio para quienes buscan tranquilidad. Situado a setecientos metros sobre el nivel del mar y rodeado de paisajes protegidos, este pueblo asturiano garantiza la ausencia de aglomeraciones.
La identidad de Pola de Somiedo está marcada por sus casas de piedra y la autenticidad rural que conservan sus calles. Desde aquí, los visitantes pueden recorrer extensos prados, adentrarse en laderas de caliza y descubrir las célebres cabañas de teito, techadas con material vegetal. La observación de la fauna local —con potencial de avistar osos pardos— y las rutas de senderismo sumergen al visitante en una naturaleza majestuosa y virgen, muy diferente del bullicio habitual en otros rincones del país.
Chelva: tradición y mestizaje en las colinas valencianas
En el interior de la provincia de Valencia se esconde Chelva, un pueblo con creciente popularidad pero aún lejos de los clásicos circuitos turísticos. Su casco antiguo, declarado conjunto histórico, conserva el trazado de calles heredado de su pasado multicultural, donde convivieron comunidades cristiana, musulmana y judía.
Resulta imprescindible recorrer la Ruta del Agua, que serpentea por el pueblo y acompaña al visitante junto a ríos de aguas claras y barrancos sombreados. Las fiestas populares, la oferta gastronómica local y el trato hospitalario consolidan Chelva como una opción ideal para quienes desean descubrir la Comunidad Valenciana más auténtica sin renunciar a la calma y la belleza rural.
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