
La Costa Quebrada, una franja costera de unos 20 kilómetros que se extiende desde la península de La Magdalena, en Santander, hasta la playa de Cuchía, en Miengo, se ha consolidado como uno de los enclaves naturales más emblemáticos del norte de España. Su espectacular paisaje, modelado por millones de años de historia geológica, y su singular valor medioambiental la han convertido en candidata a formar parte de la Red Mundial de Geoparques de la UNESCO.
El itinerario de la Costa Quebrada atraviesa cuatro municipios cántabros y constituye un auténtico museo al aire libre. El visitante puede contemplar cómo la erosión marina, el viento y el tiempo han esculpido un entorno donde acantilados, calas y plataformas rocosas componen un escenario de gran belleza. Quienes la recorren aseguran que, incluso para los menos entendidos en geología, este paisaje “impresiona incluso a aquellos a los que las piedras no les dicen nada”, como afirman los propios guías locales.
Un paisaje con valor científico y cultural

Para lograr la distinción de Geoparque Mundial, la UNESCO valora no solo el patrimonio geológico, sino también la riqueza cultural y humana del territorio. En este sentido, Costa Quebrada ofrece un amplio abanico de elementos naturales y sociales que la hacen única. “Para encontrar en Europa la misma variedad geológica que aquí se concentra en poco espacio, habría que recorrer al menos cien kilómetros”, explican desde el equipo científico que impulsa la candidatura.
Su historia geológica se remonta 125 millones de años atrás, cuando los movimientos de la corteza terrestre y la acción del mar dieron forma a un singular pliegue geológico. Las sucesivas erosiones han generado una costa quebrada —de ahí su nombre— compuesta por acantilados, islotes, arcos naturales y calas escondidas que sorprenden a cada paso.
De playa en playa: un recorrido de ensueño

Más allá de su valor científico, Costa Quebrada es también un paraíso para los amantes del mar. En su recorrido destacan playas tan conocidas como La Arnía, Valdearenas, Covachos, Cerrías, Somocuevas, Virgen del Mar y Cuchía, todas ellas con un encanto particular. A sus arenas finas y aguas limpias se suma la posibilidad de practicar deportes al aire libre: surf, submarinismo, trail o ciclismo son solo algunas de las actividades más populares.
En los últimos años, este espacio natural ha sido escenario de eventos deportivos de prestigio, como el campeonato internacional de surf de olas gigantes La Vaca Gigante o el trail costero de Costa Quebrada, una prueba que combina deporte y naturaleza en un entorno incomparable.
Cómo llegar y disfrutar del recorrido
La mejor forma de conocer la Costa Quebrada es en coche, ya que permite recorrer con libertad las diferentes playas y miradores. No obstante, también es posible llegar en autobús desde Santander, tomando las líneas S7, S8 o S9 hasta Liencres, desde donde se puede acceder andando a la playa de La Arnía.
Los cántabros suelen referirse especialmente al tramo comprendido entre Covachos y Valdearenas, considerado por muchos como la parte más auténtica y espectacular. Otros amplían el recorrido hasta San Juan de la Canal o la playa de Los Caballos, en Cuchía, zonas que conservan todo el espíritu salvaje de la costa cántabra.
Una joya natural para descubrir todo el año
Aunque en verano sus playas se llenan de bañistas y surfistas, Costa Quebrada mantiene su encanto durante todo el año. En los meses más fríos, los paseos por sus acantilados, las vistas desde los miradores y los contrastes de color entre el mar y las rocas ofrecen una experiencia única. “Aunque no tengas espíritu de playa, solo por las vistas merece la pena”, afirman los visitantes habituales.
La Costa Quebrada es, en definitiva, una lección de geología viva y un ejemplo de cómo la naturaleza puede conjugar belleza, historia y ciencia en un mismo lugar. Si la candidatura a Geoparque Mundial prospera, Cantabria sumará un nuevo motivo de orgullo y el mundo tendrá una razón más para mirar hacia el norte de España.
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