
La comarca gerundense de la Garrotxa esconde uno de los parajes más singulares de España. Presidida por el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, esta región se alza como un rincón donde el viajero puede descubrir paisajes únicos y pueblos que albergan una belleza muy peculiar. Estas villas se encuentran rodeadas por más de 40 volcanes inactivos que transforman el panorama, otorgándole un sello de identidad propio.
Este se puede observar en sus localidades, las cuales mantienen la esencia propia de la Garrotxa, siendo destinos ideales para una escapada desde Barcelona o Girona. Es por ello que Olot se ha convertido en uno de los pueblos más representativos de esta comarca, pues está coronada por el Montsacopa, un volcán que hace de mirador natural, ofreciendo unas espectaculares vistas tanto del pueblo como de todos sus alrededores.
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A esto hay que sumar un legado patrimonial y monumental que se remonta a más de 10 siglos atrás. Es por ello que sus calles transportan al viajero al pasado y permiten contemplar uno de los conjuntos modernistas más ricos e impresionantes de Girona.
Una dilatada historia

Las primeras referencias históricas a Olot datan del año 872, momento en que la reordenación del territorio siguió a la reconquista de Girona por los francos. En sus inicios, la villa creció en torno a la iglesia de Santa María del Tura, epicentro de la vida local en aquel periodo. Sin embargo, pocos vestigios de aquella época han llegado hasta nuestros días, ya que los violentos terremotos ocurridos en 1427 y 1428 arrasaron la antigua localidad. Esta devastación obligó a levantar una nueva Olot alrededor de la iglesia de Sant Esteve, que pasó a convertirse en el eje del desarrollo urbano posterior.
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Esta se ubica al final del pueblo antiguo y a día de hoy los monumentos que se pueden disfrutar son posteriores al siglo XV. A su vez, durante el siglo XVII, Olot sufrió un importante retroceso demográfico y económico como consecuencia de las epidemias y las sucesivas invasiones francesas que asolaron la región. En este contexto, los monarcas Felipe III y Felipe IV ofrecieron al pueblo el derecho a acuñar moneda. La situación política se complicó aún más con el estallido de la Guerra de Sucesión en 1705, cuando Olot se alineó con el archiduque de Austria.
Tras la derrota de este y la consolidación en el trono de Felipe V, la localidad perdió sus antiguos privilegios. Pero el impacto de las guerras no terminó ahí. Entre 1809 y 1812, la localidad fue ocupada por las tropas napoleónicas y más tarde, el municipio destacaría por su marcado apoyo a la causa carlista. Estos posicionamientos ideológicos desembocaron en diversos enfrentamientos armados, siendo especialmente significativo el asedio y conquista de Olot en 1874 por el general gerundense Savalls durante la tercera guerra carlista.
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El siglo XIX marcó un punto de inflexión: Olot inició un acelerado proceso de industrialización, dando lugar a una pujante clase obrera que no tardó en organizarse sindicalmente y en la que prendieron rápidamente las ideas anarquistas. Ya en 1907, el rey Alfonso XIII le otorgó el título de ciudad, visitándola personalmente veinte años después.
Un paseo por Olot

Callejear por las calles de Olot es un viaje al pasado en el que el viajero puede descubrir un conjunto patrimonial envidiable. Entre sus rincones y plazas se alzan monumentos como el Convent del Carme, construido en el siglo XVI y compuesto por una iglesia de estilo gótico tardío junto a un claustro de factura renacentista. Igualmente, la localidad es un símbolo del modernismo gracias a los numerosos edificios que salpican su entramado urbano, a los que hay que sumar los que cuentan con aires renacentistas.
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De este modo, la huella de los artistas modernistas es visible en inmuebles como la Casa Mas Collellmir, obra de Alfred Paluzie, la Pastelería Ferrer, Can Noguer o la Casa Pujador, ejemplos que ejemplifican la riqueza y diversidad arquitectónica repartida a lo largo de las plazas y callejuelas de Olot. Otros puntos de interés recomendados son el paseo de Blay, que rinde homenaje al escultor Miquel Blay; la plaza del Carme, donde se ubica el Convento del Carmen; y la iglesia de Santa María del Tura, mencionada en documentos desde el año 872.
Para quienes desean profundizar en el conocimiento de la villa y de su excepcional entorno volcánico, Olot ofrece una variada red de museos. Destacan especialmente el Museo Comarcal de la Garrotxa, dedicado a la historia y el arte de la comarca; la casa-museo Can Trincheria, que preserva el legado de una ilustre familia local; el innovador Espacio Cráter, centrado en la divulgación educativa sobre el vulcanismo; y el singular Museo de Santos, que permite explorar la tradición artesanal de la localidad.
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La ciudad coronada por un volcán

Más allá de su valioso patrimonio histórico, Olot destaca por un entorno natural privilegiado que realza aún más el atractivo de la localidad. Al frente de este paisaje domina el volcán de Montsacopa, con casi 100 metros de altura y considerado una de las grandes referencias turísticas de la zona. Desde la cima, los visitantes pueden disfrutar de unas vistas panorámicas inigualables de la comarca y de la ciudad. En el propio cráter, además, se encuentra la ermita de San Francisco, erigida en 1812, lo que añade un elemento cultural al recorrido por el paisaje volcánico.
El municipio ofrece además la oportunidad de descubrir enclaves naturales como los parajes de la Moixina o el Parc Nou, verdaderos pulmones verdes que invitan a pasear entre vegetación autóctona. Otros rincones destacados son las fuentes de Les Tries, la Deu y Sant Roc, así como el curso del río Fluvià, que cruza la región y aporta frescor y biodiversidad al entorno. Este conjunto de espacios convierte a Olot en un destino idóneo para la práctica de actividades al aire libre, desde rutas de senderismo hasta paseos en bicicleta, ofreciendo alternativas para todos los gustos y edades en plena naturaleza.
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Cómo llegar
Desde Girona, el viaje hasta Olot es de alrededor de 55 minutos por las vías C-66 y A-26. Por su parte, desde Barcelona el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 30 minutos por la vía C-17.
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