
En el corazón de la península del Cabo de Creus, situado a lo largo de un rocoso y escarpado litoral, se alza uno de los pueblos más impresionantes no solo de Cataluña, sino de España. Esta villa, que mantiene intacta su esencia marinera, sorprende gracias a sus pintorescas calles y sus paisajes mediterráneos, donde se pueden contemplar preciosas calas y playas de un agua azul turquesa. Así, ha sido refugio de artistas y pintores, los cuales encontraban en Cadaqués una fuente de inspiración única.
Por ello, no es de extrañar que se haya convertido en uno de los destinos más visitados del Alt Empordá. De hecho, ha sido seleccionado por el National Geographic como el pueblo más bonito de España para visitar en el mes de marzo. Todo ello gracias su conjunto histórico y preciosos paisajes que no dejan indiferente a nadie. Pero no solo eso, pues el pueblo enamoró a uno de los artistas más influyentes de nuestro país: Salvador Dalí.
“Es el pueblo más bonito del mundo”
Entre las montañas del Pení y el monte de los Sopladores, Cadaqués ha estado históricamente algo aislada. Esto hizo que la única puerta de entrada y salida fuera el mar, lo que le ha otorgado una apariencia y ha moldeado su historia. Así, Durante siglos, sus habitantes vivieron principalmente de la pesca y del comercio marítimo, estableciendo relaciones comerciales con otras regiones del Mediterráneo. Pero la localidad se hizo un nombre con la llegada de artistas e intelectuales en el siglo XX, transformando la vida del pueblo y convirtiéndolo en un refugio cultural y en un centro de creatividad.

De todos ellos, si hay un nombre que está íntimamente ligado a Cadaqués, ese es Salvador Dalí, el cual nombro a Cadaqués como “el pueblo más bonito del mundo”. El artista español Salvador no es natural de Cadaqués. De hecho, nació en Figueres el 11 de mayo de 1904. Sin embargo, se enamoró del pueblo costero a principios del siglo XX. Desde entonces pasó largas temporadas en la localidad, donde recibió la visita de otros eruditos de la época como el poeta Federico García Lorca.
Durante su estancia, estableció su residencia en la cercana bahía de Portlligat, donde su casa-museo se ha convertido en un espacio de peregrinación para los amantes del arte. Así, permite adentrarse en el universo personal del pintor, con habitaciones laberínticas, objetos excéntricos y vistas espectaculares al Mediterráneo. Igualmente, turismo de Cadaqués recomienda visitar el paraje de Es llaner, una zona de playas y calas donde Dalí pasó vacaciones con su familia, y Es sortell, la casa de la familia Pitxot donde el artista se alojó en varias ocasiones.
Además, el Museo municipal acostumbra a acoger exposiciones de Dalí y para los amantes del senderismo se recomienda la ruta que discurre por dentro parque natural del Cabo de Creus hasta el paraje de Tudela. Durante el recorrido se ven rocas y paisajes que inspiraron a Dalí para sus obras. Pero Dalí no fue el único en rendirse ante la magia de Cadaqués. Artistas como Pablo Picasso, Joan Miró y Marcel Duchamp también pasaron temporadas en el pueblo, dejando su huella en la vida cultural de la localidad.
Un casco histórico con aire mediterráneo

Recorrer el casco antiguo de Cadaqués es sumergirse en un entramado de callejuelas adoquinadas, flanqueadas por casas blancas con detalles en azul y puertas de madera que evocan su pasado marinero. Sobre toda su imagen, la iglesia de Santa María se alza como uno de los monumentos y símbolos de la villa. Este templo se eleva en la parte más alta del pueblo y ofrece una de las mejores vistas panorámicas y alberga un impresionante retablo barroco que contrasta con la sobriedad de su fachada.
Por su parte, la arquitectura modernista ha dejado su peculiar impronta en algunos de los edificios más notables de la ciudad, como la Casa Serinyena. Pero no solo eso, pues un paseo por sus calles conducen inevitablemente al paseo marítimo, donde el viajero puede disfrutar del aire del mediterráneo y contemplar as pequeñas embarcaciones que flotan en la bahía. La imagen de Cadaqués desde el agua, con sus casas blancas reflejándose en el mar, es una de las postales más icónicas de la Costa Brava.
Es precisamente aquí donde el viajero queda maravillado con las calas y las playas que ofrece este litoral. Estos rincones, protegidos por formaciones rocosas y ocultos entre acantilados, son lugares ideales para disfrutar de la Costa Brava en todo su esplendor. Cala Sa Conca, Cala Jugadora y Cala Guillola son algunas de las más espectaculares, ideales para quienes buscan tranquilidad y contacto con la naturaleza.
Por su parte, el Cabo de Creus, declarado parque natural, es otro de los grandes atractivos de la zona. Sus paisajes agrestes, con rocas moldeadas por el viento y el mar, crean un escenario casi lunar que inspiró a Dalí en muchas de sus obras. La excursión hasta el faro del Cabo de Creus es una experiencia imprescindible, ofreciendo una panorámica espectacular del mar Mediterráneo en su estado más salvaje.
Cómo llegar
Desde Girona, el viaje es de alrededor de 1 hora y 15 minutos por la carretera AP-7. Por su parte, desde Barcelona, el trayecto tiene una duración estimada de 2 horas por la misma vía.
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