
La riqueza patrimonial de España no solo se refleja en sus monumentos icónicos o grandes ciudades históricas, sino también en pequeños pueblos que, lejos del bullicio turístico, conservan intacta la huella de siglos pasados. Entre estas joyas emergen las villas medievales, localidades impregnadas de historia, cultura y paisajes que invitan a un viaje en el tiempo. Muchos de estos lugares, escondidos y a menudo poco frecuentados, muestran el esplendor de épocas pretéritas, combinando castillos, murallas y un urbanismo tradicional que desafía al olvido.
Es en este abanico de destinos brilla Artajona, un enclave de la provincia de Navarra que sorprende al visitante por su legado y su estado de conservación. Situada estratégicamente entre Olite y Puente la Reina, es uno de los pueblos con mayor encanto de Navarra y un claro exponente del esplendor medieval en la península. Su ubicación, entre caminos históricos y paisajes variados, ha propiciado la conservación de su carácter singular. Aunque fue edificada durante la Edad Media, la localidad mantiene una imagen impecable y una integridad arquitectónica que fascinan a quienes la recorren.
Igualmente, el entorno de Artajona se define por la diversidad de la vegetación autóctona y un relieve que alterna suaves colinas y llanuras. Este marco facilita tanto la contemplación del patrimonio como el disfrute de la naturaleza. Pese a que no posee la fama de otras villas cercanas, Artajona es una joya olvidada que invita a descubrir los secretos de su espléndido conjunto histórico.
El cerco de Artajona y su muralla centenaria

Uno de los mayores atractivos del pueblo es, sin duda, su conjunto medieval, donde destaca la impresionante muralla que rodea el casco antiguo. Este cerco defensivo, construido en el siglo XII, sigue en pie gracias a diversas restauraciones, mostrando las nueve torres originales que sobrevivieron de las catorce que llegara a tener. La muralla es mucho más que un vestigio defensivo: conecta con la esencia misma de Artajona y su pasado turbulento.
Justo en el corazón del recinto fortificado se ubica la iglesia-fortaleza de San Saturnino, un majestuoso ejemplo de arquitectura religiosa y militar. Levantada en el siglo XIII sobre las ruinas de un anterior templo románico, la iglesia jugó un papel decisivo en la defensa del pueblo, con sus gruesos muros, sólidos contrafuertes y elevado campanario, que también ejercía funciones de torre de vigilancia. La portada gótica de la fachada está decorada con las figuras de Juana de Navarra –conocida como Juana la Loca, hija de los Reyes Católicos– y de su consorte Felipe el Hermoso, símbolos históricos grabados en la piedra que recuerdan la relevancia política y dinástica de la zona.
El interior sorprende con un retablo gótico del siglo XVI, que embellece la estancia y testimonia el valor artístico del monumento. La singularidad de la muralla de Artajona reside en que sus torres son huecas y abiertas lateralmente, una rareza en la ingeniería defensiva medieval. Este diseño, ideado no solo como apoyo estructural, sino también para optimizar las labores de vigilancia y defensa, marca la diferencia respecto a otros recintos fortificados de la península.
La importancia de esta muralla ha sido reconocida oficialmente desde 1999, cuando fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC), permitiendo el acceso a fondos para su mantenimiento y conservación. A lo largo de su historia, la fortaleza resistió ataques de diversos enemigos. Primero, frente a las incursiones musulmanas tras la invasión de la península en el siglo VIII, y posteriormente ante las hostilidades entre el Reino de Navarra y los reinos cristianos castellano-leoneses, que marcaron la historia de la Reconquista.
Un paseo por el tiempo: calles, plazas y naturaleza

Caminar por las calles de Artajona equivale a sumergirse en la Edad Media. El casco urbano conserva el trazado laberíntico típico de pueblos fortificados, con estrechas callejuelas empedradas y casas de piedra que evocan otros siglos. El Portón de la Villa, una de las principales entradas al recinto amurallado, se ha convertido en uno de los puntos más emblemáticos y fotografiados de la localidad.
En el centro, la plaza de los Fueros se erige como el corazón social y cultural del pueblo, punto de encuentro para vecinos y visitantes. Aquí confluye el pulso cotidiano de una localidad que, pese a los cambios de las últimas décadas, se resiste a perder su esencia.
El entorno natural de Artajona constituye otro aliciente para quienes buscan experiencias al aire libre. Los paisajes que rodean la villa invitan al senderismo, el ciclismo y la observación de aves, permitiendo descubrir el encanto de la Sierra de Ujué o el próximo embalse de Urdalur. La integración entre patrimonio, naturaleza y vida actual convierte a este destino en una parada obligada para los viajeros que desean ir más allá de las rutas tradicionales.
Cómo llegar
Desde Pamplona, el viaje es de alrededor de 30 minutos por las carreteras AP-15 y NA-6020 (hay peajes). Por su parte, desde Logroño el trayecto tiene una duración de alrededor de 50 minutos por la vía A-12 y carretera la Zona Media.
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