
A lo largo de sus más de 200 kilómetros, la Costa da Morte presenta uno de los paisajes más majestuosos e imponentes del norte español. Este litoral atesora infinidad de playas vírgenes y espectaculares acantilados que hacen de A Coruña uno de los destinos más mágicos de Galicia. Además, entre aguas turquesas, arenas doradas y grandes precipicios, pequeños pueblos marineros descubren la esencia propia de esta región, donde la arena, el mar y la roca es su seña de identidad.
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Uno de los más especiales es Malpica de Bergantiños, una villa con una arraigada tradición marinera que se refleja en cada calle, esquina, pero sobre todo en su puerto. Todo ello acompañado por un entorno donde las principales protagonistas son sus preciosas playas. Estas son uno de los mayores encantos de la localidad, pues son ideales para el baño gracias a sus aguas cristalinas y largos arenales.
Uno de los mejores puertos de A Coruña
Malpica de Bergantiños aparece documentada por primera vez en el siglo XIII en textos que dicen que pertenecía al territorio al arzobispado de Compostela, pasando dos siglos más tarde a ser dominio del conde de Monterrei. Sin embargo, la localidad se dio a conocer a lo largo del siglo XVII, cuando se convirtió en uno de los puertos balleneros más importantes de la costa de Galicia. Se dice que fueron los marineros vascos quienes fundaron esta villa como una de las más destacadas en la caza de cetáceos.

Según se detalla en la web del municipio, esta actividad pasó de los marineros vascos al clero, siendo controlada por el obispado de Mondoñedo. Todo este pasado ha dado lugar hoy en día a uno de los puertos más importantes de la pesca artesanal en Galicia. De hecho, cuenta con unas increíbles instalaciones en las que se encuentra un taller de reparación de barcos, grúas, una lonja y una fábrica de hielo, la cual es la más grande de toda la Costa da Morte. El viajero puede conocer de primera mano el trabajo de los pescadores de Malpica gracias a las visitas guiadas que realiza la Asociación de Redeiras o Fieital.
Miradores con vistas al pueblo
Más allá de su actividad marinera, el pueblo cuenta con gran atractivo turístico gracias a sus barrios, calles y monumentos. En ellos se puede respirar la esencia y la identidad de una vida ligada al mar y no hay mejor forma para ello que recorrer el barrio de la Atalaia. Junto con el de O Areal, es uno de los más antiguos de Malpica, y ofrece una serie de miradores que brindan vistas excepcionales al puerto y al océano Atlántico. De hecho, desde el mirador de O Picote da Atalaia destaca como uno de los puntos más elevados, desde donde se puede contemplar en todo su esplendor el golfo Ártabro. La visión de las islas Sisargas, con su imponente faro y su inexplorado entorno natural, añade una capa de misticismo y serenidad al paisaje.
Pero esto no es todo, pues el visitante también puede disfrutar de un rico patrimonio histórico y cultural gracias a monumentos como la iglesia de Santiago de Mens, que construida en el siglo XII, es un ejemplo del arte románico gallego. A su vez, las Torres de Mens, una fortaleza del siglo XV, ofrecen una visión del pasado medieval de la región, mientras que la Casa do Pescador alberga murales del pintor gallego Urbano Lugrís, que reflejan la vida marina de la zona. Además, el dolmen de Pedra da Arca y los molinos de A Ribeira son testigos de la rica historia de la comarca.
Una naturaleza privilegiada

Las playas de Malpica, como As Torradas, Area Maior y Beo, son algunos de los mayores atractivos de la región, destacándose por sus arenas blancas y aguas cristalinas. Estos enclaves ofrecen un entorno ideal tanto para el baño como para la práctica de deportes acuáticos como el surf, el windsurf y el paddle surf, especialmente en días de buen clima. La costa de Malpica también alberga el imponente faro de Punta Nariga, una obra del arquitecto César Portela que no solo cumple una función vital para la navegación, sino que también se presenta como una escultura moderna que se funde con el paisaje agreste y rocoso de la zona.
En las cercanías se encuentran las islas Sisargas, un pequeño archipiélago frente al cabo de San Adrián, conocido por ser un refugio natural para numerosas especies de aves marinas. Este lugar, de una belleza inigualable, es un destino perfecto para los amantes de la naturaleza que disfrutan de las excursiones en barco, proporcionando una experiencia única para explorar los acantilados y las aguas circundantes.
Por último, los amantes del senderismo encuentran en la ruta de Os Pinos no Mar uno de los caminos más singulares del entorno. Este sendero, acondicionado especialmente para la práctica del ciclismo, recorre una distancia de aproximadamente 30 kilómetros a lo largo de la costa, ofreciendo a los ciclistas y caminantes una experiencia única al borde del mar. El sendero pasa por varios puntos de interés, como los pintorescos molinos de A Ribeira, un ejemplo de la arquitectura tradicional gallega que en su día fue fundamental para la actividad agrícola de la zona. Los molinos, ahora restaurados, son testigos de un pasado en el que el viento y el agua eran los motores de la vida local. La ruta culmina en la playa de As Torradas, un espacio natural que se caracteriza por sus aguas cristalinas y su arena fina, ideal para un baño reparador tras el recorrido.
Cómo llegar
Desde A Coruña, el viaje es de alrededor de 35 minutos por la carretera AG-55 (hay peajes). Por su parte, desde Santiago de Compostela el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 5 minutos por la vía DP-1914.
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