
La histórica ciudad belga de Brujas enfrenta una preocupante ola de robos de adoquines en su centro histórico, una zona declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Las autoridades locales han denunciado la desaparición de decenas de estas piedras, que forman parte integral del entramado urbano medieval que caracteriza a la ciudad. El Ayuntamiento sospecha que los responsables son turistas que se llevan los adoquines como recuerdos, lo que ha generado tanto un daño patrimonial como problemas de seguridad para los peatones.
Según ha explicado el consejero de bienes públicos, Franky Demon, “en lugares emblemáticos como Minnewater, Vismarkt, Markt y Gruuthusemuseum, se estima que desaparecen entre 50 y 70 adoquines al mes. Y esa cifra podría ser aún mayor”. Asimismo, ha detallado que “el fenómeno aumenta significativamente, especialmente durante los períodos de mayor afluencia turística, como la primavera y el verano”, lo que refuerza la hipótesis de que los visitantes se apropian de estas piedras, ha informado EuroNews.
“Simplemente pedimos respeto. Cualquiera que pase por Brujas atraviesa siglos de historia”
La ciudad de Brujas es reconocida por la UNESCO como un “ejemplo excepcional de asentamiento humano medieval que ha conservado su tejido urbano histórico, tal como ha ido evolucionando a lo largo de los siglos”. Sus construcciones góticas y calles sinuosas forman parte de la identidad cultural y artística, relacionada además con la escuela de pintura de los primitivos flamencos, entre ellos Jan van Eyck y Hans Memling. Todo el centro histórico, incluido el campanario Belfort y la plaza del mercado Markt, está protegido como patrimonio mundial.
Por este motivo, el saqueo de estas piezas históricas ha generado una alarma mayor en las autoridades de la ciudad belga. Además, si cabe más preocupación, los huecos que dejan las losetas han creado un riesgo para la seguridad de los viandantes. Y es que, los espacios entre las piedras arrancadas representan un peligro de tropiezo y requieren reparaciones costosas. De este modo, el consejero de Brujas ha señalado que “es una lástima que nuestros empleados tengan que salir constantemente a arreglar baches y piedras sueltas. Esto genera mucho trabajo y costes adicionales: unos 200 euros por metro cuadrado de reconstrucción”.

Frente a esta situación, Demon se ha visto obligado a llamar la atención de todos los visitantes: “Simplemente pedimos respeto. Cualquiera que pase por Brujas atraviesa siglos de historia. Dejen ese adoquín donde debe estar”. Este mensaje busca concienciar sobre la importancia de preservar el patrimonio y evitar que los turistas dañen el entorno que valoran y disfrutan, ya que “no son solo piezas de piedra; forman parte del alma de nuestra ciudad”.
El hurto de adoquines y otros elementos patrimoniales no solo afecta la integridad física y estética de las ciudades, sino que también implica un desafío para la conservación y la seguridad pública. Pero, aunque pueda parecer inusual, esta práctica ya se ha podido ver anteriormente en otras ciudades europeas. Un ejemplo fue la documentación del robo de partes del pavimento en la famosa ruta ciclista París-Roubaix.
Incluso los emblemáticos ‘sampietrini’ de Roma, adoquines hechos de lava solidificada y extraídos de canteras cercanas, han desaparecido en maletas de turistas con el paso de los años. Así, en esta ocasión el consejero de bienes públicos ha concluido diciendo que "animamos a los visitantes a disfrutar de Brujas, pero a dejar su belleza intacta para los demás”.
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