
Entre la niebla y las aguas heladas de la bahía de San Francisco, se levanta una de las prisiones más célebres del mundo: Alcatraz. Conocida también como The Rock, la isla de Alcatraz es mundialmente famosa gracias a sus características únicas que la convierten en uno de los centros penitenciarios más inexpugnables del mundo. De hecho, emerge como una fortaleza natural. Tanto es así, que a día de hoy se puede visitar, siendo uno de los principales atractivos de San Francisco, aunque esto puede cambiar.
Donald Trump ordenó este domingo su reapertura y ampliación de la prisión de Alcatraz, como parte de un plan para combatir la criminalidad en el país. Según anunció en su red social Truth Social, la medida busca encarcelar a los delincuentes “más despiadados y violentos” de Estados Unidos. Sea como fuere y si esta medida al final se aplica, la cárcel de Alcatraz sigue siendo un símbolo para San Francisco y un destino en el que la historia aún sigue latente entre sus muros.
Tanto es así que durante gran parte del siglo XX acogió a algunos de los criminales más despiadados y peligrosos del mundo. Muchas de estas historias han sido trasladadas a la gran pantalla, convirtiéndose en películas muy exitosas. Todo ello ha contribuido a crear una atmósfera de misterio alrededor de la isla que atrae a numerosos curiosos.
Los presos más peligrosos del planeta

La prisión de Alcatraz operó como una cárcel federal entre 1934 y 1963. No era un centro común, pues allí se mandaban presos considerados peligrosos o problemáticos en otras penitenciarías. Entre los más conocidos se encuentran Al Capone, Robert Stroud —el “Hombre Pájaro de Alcatraz”— y George “Machine Gun” Kelly. Aunque no todos eran asesinos, sí compartían una característica: eran considerados incorregibles. El régimen era estricto. Las celdas, de poco más de un metro de ancho por dos de largo, contenían una cama, un pequeño lavabo y un inodoro.
No había contacto físico con el exterior. La rutina era férrea, y cualquier infracción se castigaba con confinamiento en las celdas de aislamiento, donde los presos podían pasar días o semanas sin luz natural. La penitenciaría operó durante casi tres décadas, hasta que fue clausurada en 1963 por motivos económicos y de mantenimiento. El coste de operar la prisión en una isla era significativamente mayor que el de otras instituciones en tierra firme. Además, las instalaciones sufrían un deterioro constante por la salinidad del ambiente.
Fugas y mitos en torno a la isla

Con una superficie de apenas nueve hectáreas, Alcatraz reunía las condiciones ideales para una cárcel de máxima seguridad. No solo por el aislamiento físico, sino por el ruido constante del viento, el eco de las olas golpeando los muros y la silueta de San Francisco al fondo, visible pero inalcanzable. Muchos reclusos lo describían como una forma de tortura visual: ver la ciudad sin poder volver a ella. Y es que Alcatraz es célebre por ser una de las cárceles, si no la que más, en la que es imposible fugarse.
A pesar de ello, a lo largo de su historia se registraron 14 intentos que involucraron a 36 prisioneros. Según los registros oficiales, la mayoría fue capturada o murió en el intento. Sin embargo, la historia más famosa ocurrió en 1962, cuando Frank Morris y los hermanos John y Clarence Anglin escaparon de sus celdas tras meses de planificación. Utilizaron cabezas de papel maché para engañar a los guardias y salieron por los conductos de ventilación. Nunca se les volvió a ver.
El FBI cerró el caso en 1979, concluyendo que los fugitivos probablemente murieron ahogados. Aun así, cartas y testimonios posteriores han alimentado la teoría de que sobrevivieron. La fuga inspiró la película Escape from Alcatraz (1979), protagonizada por Clint Eastwood, que contribuyó a consolidar la leyenda en el imaginario colectivo.
De cárcel a atractivo turístico

En 1973, Alcatraz abrió sus puertas al público como parte del sistema de Parques Nacionales de Estados Unidos. Desde entonces, se ha convertido en una de las atracciones más visitadas de San Francisco. Cada año, más de un millón de personas recorren sus pasillos, escuchan las historias de los reclusos y observan las celdas vacías donde vivieron durante años. La visita comienza con un viaje en ferry desde el muelle 33 que ya ofrece vistas privilegiadas de la bahía y del puente Golden Gate. Pero es al pisar la isla cuando la experiencia se vuelve inmersiva.
Durante el recorrido, el viajero puede contemplar la celda de Capone, el comedor, los patios exteriores y las zonas de aislamiento. Uno de los elementos más valorados por los visitantes es la audioguía, narrada por antiguos presos y guardias, que ofrece una visión personal de la vida en la isla. También se conservan documentos y objetos originales, como uniformes, llaves y herramientas utilizadas en las fugas.
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