
Perderse en un bonito pueblo siempre es buen plan. Sobre todo, cuando este es uno de esos rincones de España que parecen sacados de un cuento. Precisamente, en Sevilla son muchas las localidades que cumplen esa característica, como es el caso de Alcalá del Río, que está a solo media hora en coche de la capital de Andalucía, enclavado en pleno valle del Guadalquivir y rodeado de naranjos. Y es que es al río que lleva este nombre al que debe su historia. Por si esto fuera poco, a los atractivos culturales y turísticos que atesora hay que sumar que aún conserva los restos de su muralla romana.
Ya sea para disfrutar de la naturaleza o de la tranquilidad propia de un pueblo como Alcalá del Río, este lugar es idóneo para desconectar de la masificación de las grandes ciudades. Compuesto por tres pedanías -El Viar, Esquivel y San Ignacio del Viar- no deja indiferente a ninguno de los turistas que lo visitan por su variedad monumental y el contraste de paisajes que ofrece. De hecho, cuenta incluso con una fiesta que ha sido declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía: la Semana Santa.
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Una historia que comenzó en el primer milenio a.C y está marcada por los romanos

Para conocer los orígenes de Alcalá del Río hay que retroceder a tiempos remotos, ya que hay evidencias de asentamientos humanos desde la prehistoria. Restos como puntas de sílex y hachas pulimentadas halladas en el subsuelo de la localidad confirman su ocupación durante el Neolítico. Las excavaciones arqueológicas han desenterrado importantes hallazgos, como un poblado calcolítico y una necrópolis tartésica en la finca La Angorrilla, inscripciones neopúnicas adyacentes a la muralla romana, los vestigios del antiguo foro romano de Ilipa Magna, entre otros.
La fundación de Alcalá del Río data del primer milenio a.C., en el contexto de las colonizaciones fenicias. Recientes excavaciones han revelado restos que corresponden a los siglos VIII y VII a.C. Durante la Segunda Guerra Púnica, en el año 206 a.C., la ciudad fue testigo de la batalla de Ilipa, donde el ejército cartaginense fue derrotado de manera definitiva por las fuerzas romanas de Publio Cornelio Escipión el Africano. Hoy en día, permanecen los vestigios de una antigua muralla y un puerto que pertenecían a la Ilipa Magna romana.
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A pesar de la construcción de murallas romanas, este pueblo sevillano perdió relevancia a partir del siglo III debido a la disminución del comercio de metales y al ascenso de Híspalis (actual Sevilla) como principal puerto comercial. No obstante, durante la Edad Media, la localidad recobró importancia bajo el dominio musulmán, que reformó las fortificaciones romanas y construyó un alcázar. En este periodo, el lugar pasó a llamarse Qalat Ragwal.
Un yacimiento, una ermita y todo tipo de monumentos
El recorrido por Alcalá del Río permite perderse en su espectacular casco histórico, donde se puede disfrutar de vistas panorámicas desde la Plaza de España, con la Presa Hidroeléctrica y los meandros del río Guadalquivir. Este último fue escenario de la legendaria Batalla de Ilipa en 206 a.C., entre romanos y cartaginenses.
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Otro de sus puntos de interés es el Yacimiento Calcolítico y Tartésico de la Angorrilla y los restos de la muralla romana de Ilipa Magna. La Ermita de San Gregorio de Osset, levantada por los Reyes Católicos, alberga los restos del santo patrón. También es posible acercarse al Centro de Interpretación de la Muralla Romana para conocer más sobre el pasado romano de la ciudad.
Tampoco hay que perderse el Museo de Alcalá del Río, ubicado en la Casa de la Cultura, que recorre la historia local. En la Plaza del Calvario, destaca la iglesia de Santa María de la Asunción, uno de los edificios mudéjares más importantes de la provincia, con su emblemática torre.
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Cerca del río, se pueden ver vestigios del Alcázar musulmán y edificios portuarios romanos. También conviene pasear por la ribera del Guadalquivir, disfrutar de las vistas a la presa y explorar los Jardines de Winthuysen. Finalmente, no hay que olvidar los poblados de colonización de los años 50, como El Viar, Esquivel y San Ignacio del Viar, que destacan por su arquitectura modernista y andaluza, con obras de renombrados arquitectos como Alejandro de la Sota y Aníbal González.
Cómo llegar a Alcalá del Río
Alcalá del Río se encuentra a aproximadamente 25 kilómetros al norte de Sevilla, lo que hace que sea de fácil acceso desde la capital andaluza. Para llegar en coche, se puede tomar la A-8000 desde Sevilla en dirección a La Rinconada y luego seguir las indicaciones hacia Alcalá del Río. El trayecto tiene una duración de unos 30 minutos.
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A su vez, se puede tomar un autobús desde la Estación de Autobuses de Sevilla, en Plaza de Armas, con varias líneas que conectan Sevilla con Alcalá del Río. El viaje en suele durar unos 40-50 minutos.
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