
Con imponentes edificios, monumentos históricos y calles llenas de encanto, Madrid es un lugar que invita a perderse. Desde el barrio de las Letras, hasta Chamberí o pasando por la Gran vía, la capital cuenta con rincones muy variados y que sorprenden gracias a su carácter histórico o simplemente por su belleza única. Así, pasear por sus calles permite descubrir lugares maravillosos más allá de sus espacios más emblemáticos como la Plaza Mayor, la Puerta del Sol o La Latina. Es precisamente en este último barrio, donde se ubica uno de los rincones más ocultos de la ciudad.
Se trata de la bonita capilla del Hospital de la Venerable Orden Tercera. Este complejo es el hospital más antiguo de Madrid en funcionamiento y junto con la capilla es todo una obra de arte, pues se ubica en un edificio histórico-artístico con más de 300 años de historia. Así, se ha convertido en un atractivo turístico que todavía muy poca gente conocer, pero que quien lo visita se queda maravillado con su sobria arquitectura y la decoración de todas sus paredes.
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Un origen ligado a la caridad y la devoción
La Venerable Orden Tercera de San Francisco se estableció en Madrid en el siglo XVII como una congregación de seglares inspirada en la espiritualidad franciscana. Su objetivo principal era proporcionar asistencia a los enfermos y necesitados, motivo por el cual fundaron en el año 1679 el hospital de San Francisco de Asís en Madrid. Su construcción se alargó hasta 1697 y ocuparon el solar de las casas del afamado Don Gil Imón de la Mota. Así, cuenta un patio cuadrado y un jardín posterior, presentando una estructura de dos plantas.

La planta superior alberga una galería con pilares de granito que originalmente estaba abierta y que, en la actualidad, se encuentra cubierta por cristaleras. Uno de sus elementos arquitectónicos más destacados es la escalera de doble rampa, con bóvedas decoradas por los artistas Teodoro Ardemans y Tomás García en 1683. La fachada del edificio, con un singular dinamismo poco habitual en la arquitectura madrileña, aporta un carácter único al conjunto monumental.
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Un rincón desconocido
Pero sí hay un lugar que destaca ese es la capilla, la cual fue terminada en el año 1699. Su estructura responde a una planta de cruz latina con una única nave dividida en tramos, decorada en su interior con entablamentos y una cornisa volada. Su fachada barroca, de estructura rectangular, se divide en tres cuerpos y está enmarcada por pilastras cóncavas de orden gigante, elementos que realzan su monumentalidad. La cúpula con tambor y pechinas alberga representaciones de los escudos de la orden franciscana, una muestra del legado espiritual de la congregación.
El retablo mayor, obra de Patricio Rodríguez, discípulo de Ventura Rodríguez, data del siglo XVIII y está elaborado en estuco imitando mármol, una técnica común en la época para conseguir un efecto de riqueza sin utilizar materiales costosos. A lo largo del templo se conservan numerosas pinturas y esculturas, realizadas entre los siglos XVIII y XIX, que enriquecen su valor artístico.
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Pero el hospital y su capilla destacan no solo por su arquitectura, sino también por la impresionante colección de obras de arte que albergan en su interior. Entre sus esculturas sobresalen el busto de San Francisco, esculpido por Agustín Querol, y el de Don Juan José de Austria, una obra del flamenco Francisco Diesussart. En el apartado pictórico, se conservan piezas de grandes maestros como Juan Carreño de Miranda, el célebre retratista de la corte de Carlos II, y del pintor flamenco Anton van Dyck, cuyo cuadro Cristo ante la mujer adúltera preside uno de los tramos de la escalera del hospital.
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