
En España, numerosos pueblos quedaron sumergidos bajo embalses construidos en el siglo XX para garantizar el suministro de agua y energía. Estas localidades fueron abandonadas y anegadas, y sus habitantes obligados a dejar atrás sus hogares y tierras. Sin embargo, en épocas de sequía o cuando los niveles de los embalses descienden drásticamente, las ruinas emergen como testigos del pasado.
Estos pueblos sumergidos no solo ofrecen un paisaje desolador y fascinante, sino que también evocan historias de desarraigo y transformación forzosa. Es por ello que se ha elaborado una selección de cinco localidades que a lo largo del año y dependiendo de las condiciones vuelven a resurgir.
Mansilla de la Sierra, La Rioja

Ubicado en el valle del Najerilla, Mansilla de la Sierra fue inundado en 1959 para construir el embalse que lleva su nombre, lo que obligó a sus habitantes a trasladarse a un nuevo asentamiento cercano. Durante décadas, las aguas han cubierto completamente el antiguo pueblo, donde se conservan restos de su iglesia, su puente medieval y algunas viviendas. En momentos de sequía extrema, cuando el nivel del embalse desciende, los vestigios emergen parcialmente, evocando un pasado que parece detenido en el tiempo.
El puente, que antaño conectaba las dos orillas del río, se convierte en el principal atractivo para los visitantes que se acercan a este lugar, transformado por el paisaje lacustre. Este fenómeno no solo atrae a curiosos, sino también a antiguos vecinos y sus descendientes, quienes aprovechan la oportunidad para rememorar su historia familiar en un entorno marcado por la nostalgia.
Aceredo, Ourense
Aceredo, una localidad gallega en la comarca de Lobios, fue anegada en 1992 debido a la construcción del embalse de Alto Lindoso, una infraestructura gestionada por Portugal que inundó varios pueblos en la frontera hispano-lusa. Las sequías recientes han dejado al descubierto el casco urbano, permitiendo caminar entre sus casas derruidas, pozos y calles, que permanecen sorprendentemente bien conservadas. Las paredes aún muestran restos de pintura, y algunos objetos cotidianos, como utensilios de cocina, siguen dispersos por el lugar.
El resurgir de Aceredo ha despertado un gran interés turístico y mediático, convirtiéndose en un símbolo de las comunidades desplazadas por los grandes proyectos hidráulicos. Para los antiguos habitantes y sus descendientes, el regreso del pueblo supone una mezcla de emociones, al confrontar los recuerdos de su vida anterior con las ruinas que emergen tras décadas bajo el agua.
Mediano, Huesca

En el Pirineo aragonés, el pueblo de Mediano fue sumergido en 1969 como parte del proyecto hidráulico del embalse que lleva su nombre. Aunque la mayoría de las construcciones quedaron completamente bajo el agua, la torre de su iglesia románica sigue emergiendo, incluso cuando el embalse está lleno, convirtiéndose en un símbolo icónico del lugar. Durante las épocas de sequía, los restos de viviendas, calles y muros vuelven a quedar expuestos, ofreciendo una visión desoladora pero fascinante.
Mediano se ha convertido en un destino de interés para excursionistas y fotógrafos, quienes encuentran en el lugar una mezcla única de historia, naturaleza y melancolía. Además, el pueblo representa un ejemplo de los sacrificios que comunidades rurales hicieron en nombre del desarrollo. El contraste entre el campanario solitario y el vasto paisaje acuático deja una impresión duradera en quienes visitan este enclave.
Sant Romà de Sau, Barcelona
En la comarca catalana de Osona, el pueblo de Sant Romà de Sau quedó bajo el embalse de Sau en la década de 1960, como parte de un ambicioso proyecto hidráulico. Su iglesia románica, con un campanario que emerge sobre el agua, se ha convertido en una de las imágenes más icónicas de los pueblos sumergidos en España. En años de sequía extrema, el nivel del agua desciende tanto que es posible caminar entre las ruinas del casco urbano.
El fenómeno atrae tanto a turistas como a historiadores, fascinados por el contraste entre el paisaje actual y la arquitectura medieval que aún se conserva. Las imágenes de la iglesia y el entorno se han convertido en un símbolo del impacto de las infraestructuras hidráulicas en la vida rural. Para los antiguos residentes, el resurgir del pueblo es una oportunidad para reconectar con un pasado transformado por la modernidad.
La Muedra, Soria

La Muedra, en Soria, fue anegada en 1941 tras la construcción del embalse de la Cuerda del Pozo, una de las primeras grandes infraestructuras hidráulicas en España. Situada junto al río Duero, esta localidad albergaba una iglesia, un cementerio y numerosas viviendas que quedaron sumergidas por completo. Cuando el nivel del embalse baja, los restos de estas construcciones emergen, recordando a los visitantes el impacto que estas obras tuvieron en las comunidades locales.
Las ruinas de la iglesia, con su estructura aún reconocible, son uno de los puntos más visitados del lugar. Para los descendientes de los antiguos vecinos, el resurgir de La Muedra ofrece una conexión con sus raíces y una oportunidad de reflexionar sobre las decisiones que marcaron la historia del país. Además, la aparición del pueblo se ha convertido en un atractivo cultural que combina historia, memoria y paisaje natural.
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