
Viajar al sur de Portugal es siempre una buena opción, por eso se ha consolidado como uno de los destinos turísticos más elegidos durante la época estival. La región del Algarve puede que sea la más popular entre los viajeros que buscan disfrutar de sus playas. Sin embargo, esta zona no se limita al sol, la arena y a las aguas turquesas, también es sinónimo de calles adoquinadas, casas encaladas y pueblos con encanto.
En sus huertos y localidades aún se puede respirar el perfume árabe que dejaron las taifas de Sagres y el Algarve en al-Garb al-Andalus, “occidente de al-Andalus”. La reconquista cristiana devolvió estas tierras a los reinos europeos en 1292. Este evento marcó el comienzo de una transformación significativa que culminaría en el siglo XV con el establecimiento de la famosa Escuela de Sagres. Este centro de aprendizaje y navegación fue esencial para consolidar a Portugal como una potencia marítima. A pesar de que el turismo ha transformado el paisaje del litoral y la vida cotidiana, los lusos han sabido preservar la singularidad de su carácter y sus tradiciones, entre ellas Campo Maior.
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Tres familias que crearon una población
Cuenta la leyenda que Campo Maior nació cuando tres familias campesinas decidieron juntarse para formar una población y protegerse mutuamente. La villa le debe su nombre a los romanos (Campus Maior), aunque de esta época solo queda eso, el nombre. Es la ocupación musulmana la que cobra protagonismo en la esencia del pueblo, testigo de ellos son sus casas encaladas, con toques de azul y de ocre. En sus inicios, perteneció al Obispado de Badajoz, pero tras el tratado de paz entre España y Portugal en 1297, el Tratado de Alcanizes, fue integrado en territorio luso.
Un castillo histórico

El Castillo de Campo Maior se erige como uno de los puntos más notables de la localidad portuguesa, ofreciendo las mejores vistas panorámicas del pueblo y del paisaje circundante. Esta atalaya se erigió en el año 1310 por el Rey D. Dinis en la cima de la colina de Santa Vitória, a 299 metros de altitud. Desde su punto más álgido se visualiza Badajoz. A finales del siglo XV, la importancia estratégica de esta localidad aumentó notablemente, por ello, el Rey D. Juan II ordenó la construcción de un nuevo conjunto de murallas.
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A mediados del siglo XVIII, cuando una violenta tormenta y un incendio dañaron significativamente la fortaleza, el rey D. João V ordenó su reconstrucción, transformando las antiguas ruinas medievales en una fortaleza más pequeñas, pero más operativa.
La icónica fiesta de las flores

La fiesta de las flores de esta localidad, más allá de su espectacularidad, es icónica porque no se realiza con una periodicidad exacta. Son los vecinos, quienes deciden cuando celebrarlas, dependiendo de su espíritu festivo. Así, las últimas tuvieron lugar en 2015. Resumir este gran evento de la cultura popular en pocas palabras no es tarea fácil. Detrás de él hay un gran esfuerzo, dedicación y poesía, que resulta difícil de transmitir, es una cita que hay que vivir y sentir.
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Los habitantes de Campo Maior dedican meses de trabajo, lucha e ilusión para preparar esta fiesta. Con horas robadas al descanso, engalanan las calles del pueblo con miles de flores de papel. Rosas, tulipanes, claveles, glicinas o amapolas decoran las rúas, mientras que las suaves melodías van poniendo la banda sonora. Estas fiestas son tan únicas que el 15 de diciembre de 2021 fueron clasificadas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Cómo llegar
Desde Badajoz, llegaremos a Campo Maior en 25 minutos (19,3 kilómetros) circulando por la N371.
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