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El pueblo del Pirineo aragonés que se resguarda en el Parque Natural de Posets-Maladeta: un entorno ideal para el senderismo

Reúne una red de rutas de montaña, pueblos históricos y enclaves glaciares que explican por qué se ha consolidado como una de las puertas de entrada a la alta montaña

El Valle de Benasque. (Ayuntamiento de Benasque)
El Valle de Benasque. (Ayuntamiento de Benasque)
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El valle de Benasque, en el Pirineo aragonés, reúne una red de rutas de montaña, pueblos históricos y enclaves glaciares que explican por qué este municipio de Huesca se ha consolidado como una de las puertas de entrada a la alta montaña española. Su término municipal alberga parte del Parque Natural de Posets-Maladeta y el Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos.

El municipio está a 143 kilómetros de la capital oscense en dirección noreste y ocupa una posición central en los Pirineos. En ese espacio se integran el pueblo de Benasque, Cerler y Anciles, además de zonas de montaña vinculadas al pico Aneto y a los principales itinerarios del valle.

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Tradicionalmente, Benasque ha vivido en relativo aislamiento tanto respecto de Francia como del resto de España. Antes de la construcción del congosto de Ventamillo, hacia 1916, llegar hasta Graus exigía un día de viaje a pie o sobre caballerías, mientras que el trayecto hasta Bagnères-de-Luchon superaba y sigue superando las 10 horas. Esa conexión con la localidad francesa ha recibido protección como Vía Transnacional Europea. La localidad, cabecera del valle del mismo nombre, combina un casco urbano de arquitectura tradicional con desarrollos más recientes en la periferia construidos en piedra y ladrillo.

Qué ver en Benasque, Cerler y Anciles

En el interior de Benasque conviven las construcciones agrupadas junto a la iglesia con edificios históricos como el Palacio de los Condes de Ribagorza o Casa Juste, conocida por su torreón. Ese tejido urbano contrasta con las edificaciones modernas situadas en las afueras.

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Benasque. (Ayuntamiento de Benasque)
Benasque. (Ayuntamiento de Benasque)

Anciles concentra una de las muestras más reconocibles de arquitectura popular de la comarca. Sobresalen las casas solariegas levantadas entre los siglos XVI y XVII, entre ellas Casa Suprián, Casa Sebastián, Casa Sort, Casa Barrau y Casa Escuey, cuyos nombres siguen identificando a las familias que las habitan.

Junto a la casa de Conques se conserva una pequeña ermita de tradición lombarda. El edificio presenta un tejado de fuerte pendiente y una hilera de arquillos ciegos en el ábside, rasgos asociados a la arquitectura religiosa medieval de la zona.

Anciles. (Ayuntamiento de Benasque)
Anciles. (Ayuntamiento de Benasque)

En Cerler, antes de alcanzar el casco urbano, un mirador a media carretera abre una panorámica hacia el sur sobre bosques y prados y hacia el norte sobre el tramo más abrupto del valle, marcado por cumbres afiladas y formas modeladas por glaciares y torrentes. El casco antiguo mantiene el silencio y la disposición de las casas tradicionales en torno a la iglesia, en contraste con la urbanización más reciente y la estación de esquí de Cerler, del grupo Aramón.

Cerca del pueblo se encuentra una antigua explotación minera que extrajo pirita durante las décadas de 1930 y 1940. En su periodo de mayor producción, la empresa comercializadora La Industria Química de Zaragoza llegó a aprovechar los restos del mineral para obtener cobre y oro.

Las rutas del valle de Benasque: cascadas, ibones y bosques

El valle, también llamado Valle Escondido, suma miles de kilómetros de recorridos entre barrancos, ríos, bosques y picos, con pasos hacia ibones, refugios y cascadas. Entre los itinerarios más accesibles figura el sendero botánico de las Gorgas de Alba, de pocos kilómetros y con apenas desnivel. En esa ruta aparecen especies como abetos, avellanos, tejos, hayas, acebos, serbales, frambuesos y fresas. Los carteles informativos permiten identificar también la gayuba, o uva del oso, descrita como un arbusto que ayuda a sujetar tierras sueltas, alimenta a animales de alta montaña y cuyas hojas en infusión se usan para aliviar dolencias del aparato urinario.

Otra caminata conecta Sahún, de 319 habitantes y situado a 1.124 metros de altitud junto al río Ésera, con Villanova a través del bosque. El recorrido pasa por la plaza Mayor, donde hay una casita de madera para intercambio de libros, una iniciativa presente también en Sesué, Villanova y Eriste, y continúa hasta completar cinco kilómetros entre fincas, barrancos y tramos de bosque cada vez más denso. Villanova conserva dos iglesias románico-lombardas asociadas a los dos barrios en que se dividía antiguamente la población. El trayecto desde Sahún arranca en el barranco de Cambra y atraviesa un puente de madera sobre el barranco de Surri, donde el agua baja con fuerza.

La pista que une Chía con Plan ofrece uno de los recorridos más largos del entorno. Son 25 kilómetros aptos para coches y bicicletas cuando la climatología lo permite, con vistas sobre los valles de Benasque y Bielsa, paso por el collado de Sahún a 2.025 metros y una parada intermedia en el refugio de Marradetas, que dispone de bar, restaurante y terraza.

Desde Saravillo parte otra pista de 10 kilómetros hasta el refugio de Lavasar, con un peaje de cinco euros para subir en coche y salvar mil metros de desnivel. Desde ese refugio arranca el paseo hasta el ibón de Basa de la Mora.

La bonita ruta por los Pirineos que conduce a la ‘pirámide oscense’: descubre un pueblo abandonado y unas impresionantes vistas.

La ruta de las tres cascadas desde Cerler asciende por bosque, pasa por la ermita de San Pedro Mártir y cruza el puente de Vadiello sobre el barranco de Ardonés. El recorrido permite ver las cascadas de la Mascarada, El Clotet y El Bom o de Ardonés, aunque el tramo circular junto a los saltos de agua incluye piedras resbaladizas y un alambre para sujetarse.

Otro itinerario parte del aparcamiento Fin de Carretera, al final de la A-139, y remonta el barranco de Remuñé entre pinos negros, rododendros, frambuesos y serbal de los cazadores. La ruta llega a Pleta d’Es Capellans, donde hay un puente sobre el río y un refugio libre formado por dos piedras unidas en triángulo, antes de continuar hacia el ibón y el ibonet de Remuñé por tramos pedregosos.

Uno de los senderos clásicos comienza en Llanos del Hospital y se dirige a la Besurta, el refugio de La Renclusa y el Forau de Aigualluts. Entre el 23 de junio y el 11 de septiembre, los coches no pueden circular por el tramo entre Llanos del Hospital y la Besurta, de cinco kilómetros, y quienes no quieran hacerlo a pie deben utilizar los autobuses.

El camino atraviesa pastos, pasa junto a la cabaña de Plan d’Están y los ibones del mismo nombre, que en verano se transforman en pradera, y llega al aparcamiento de la Besurta. Desde allí puede hacerse un recorrido circular por el refugio de La Renclusa, uno de los puntos de partida de la ascensión al Aneto, y continuar hasta la panorámica del Forau de Aigualluts y su cascada.

El valle todavía ofrece más opciones, entre ellas la cascada de la Espigantosa hasta el refugio de Ángel Orús, la ruta del ibón de Vallibierna y el acceso al refugio de Armeña.

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