
España cuenta con más de 8.000 municipios repartidos por toda su geografía. De todos ellos, un total de 116 conforman la prestigiosa lista de Los Pueblos más Bonitos de España, una selección que pone en valor a aquellas localidades que mantienen un firme compromiso con el turismo sostenible y “que destacan por su calidad, excelencia y cómo no, por su belleza”. En este sentido, Almería cuenta con tres pueblos reconocidos bajo este título, los cuales son Mojácar, Níjar y Lucainena de las Torres.
Este último es, quizás, el menos conocido, pero sorprende al viajero gracias a su historia, arquitectura y belleza natural. Este pequeño pueblo, con una población de aproximadamente 700 habitantes, ha sabido preservar su esencia a lo largo de los años, convirtiéndose en un destino atractivo tanto para turistas como para aquellos interesados en la cultura y la historia de Almería. Su estampa totalmente blanca asombra a todo aquel que lo visita y refleja el gran cuidado con el que se mantienen sus calles.
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Una historia ligada a la minería

El origen de Lucainena de las Torres se remonta a la época musulmana, cuando se conocía como Lucaynayna, que significa “la pequeña fortaleza”. No obstante, puede que la villa se fundara en una época anterior, pues se cree que en la zona estableció su villa el patricio Lucainus, el cual dio nombre al pueblo. Sea como fuere, la historia de la localidad está estrechamente vinculada a la explotación minera, especialmente durante los siglos XIX y XX. Las minas de hierro de Lucainena fueron una fuente importante de riqueza y empleo para la zona.
La llegada del ferrocarril en 1895 facilitó el transporte del mineral hasta el puerto de Aguamarga, lo que impulsó aún más el desarrollo económico del municipio. Durante esos años, la minería convivió de una forma magistral con la agricultura, llevando a la localidad a un periodo de esplendor donde aparecieron nuevos trabajos y comercios gracias a la aparición de fábricas, molinos o telares, entre otros muchos.
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Todo ello se puede contemplar dando un paseo por las calles de la villa, donde las casas encoladas descubren al viajero la arquitectura típica de la zona. A su vez, las flores adornan cada rincón, permitiendo disfrutar de un agradable paseo. A esto se le suma un rico conjunto monumental que atesora construcciones emblemáticas como la iglesia de Nuestra Señora de Montesión, destruida y saqueada por el pirata Omar-Al Askenn y, más tarde, reconstruida en el siglo XVII. Este templo, de estilo mudéjar, destaca por su sobriedad y elegancia, con una nave única y una torre-campanario que se eleva sobre el pueblo.
Otro elemento arquitectónico de gran interés es el conjunto de hornos de calcinación, vestigios de la antigua industria minera, que hoy forman parte de una ruta turística que recorre los principales puntos históricos del municipio. Otro punto imperdible es la plaza del pueblo y los antiguos lavaderos públicos.
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Su riqueza natural

El entorno natural de Lucainena de las Torres es otro de sus grandes atractivos. Situado en la Sierra Alhamilla, el pueblo ofrece numerosas rutas de senderismo y ciclismo que permiten a los visitantes disfrutar de paisajes de gran belleza. Entre estas rutas destaca la Vía Verde, un antiguo trazado ferroviario que ha sido acondicionado para el ocio y el deporte.
Esta ruta, que se extiende a lo largo de 5 kilómetros, ofrece vistas espectaculares de la sierra y permite a los visitantes conocer más sobre la historia minera de la región gracias a los ocho hornos de calcinación. Igualmente, desde el mirador del Poyo de la Cruz se pueden contemplar las mejores vistas del pueblo, mientras que el mirador del Garruchete muestra la sierra en su máximo esplendor.
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Cómo llegar
Desde Almería el viaje tiene una duración de alrededor de 50 minutos por las carreteras A-92 y N-340a. Por su parte, desde Murcia el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 55 minutos por la vía A-7.
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