
En España hay alrededor de 3.000 pueblos abandonados y aproximadamente 2.000 están en riesgo de quedar deshabitados. Este fenómeno de la despoblación es especialmente crítico en regiones como Galicia o Asturias. La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha lanzado una advertencia sobre esta creciente preocupación y ha señalado que hasta 5.000 municipios españoles se encuentran en “peligro de extinción”. Por su parte, el Banco de España indica que más de 3.400 aldeas padecen este riesgo de ser abandonadas, lo que representa un 42% de total de municipios del país.
Muchas de estas poblaciones abandonadas suscitan el interés de aquellos viajeros que buscan vivir una experiencia diferente al turismo ordinario. Para los más atrevidos que quieran presenciar una situación paranormal o, al menos, acercarse a ese municipio envuelto por varias leyendas de sucesos que lo convierten en maldito, La Mussara se convierte en su destino ideal.
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La Mussara, situada a una altura de 990 metros sobre el nivel del mar en las montañas de Prades, presenta un paisaje espectacular desde el Risco de les Airasses, ofreciendo unas vistas increíbles de Camp de Tarragona. En días despejados, los visitantes pueden disfrutar de panorámicas que alcanzan hasta el delta del Ebro e incluso vislumbrar las Islas Baleares. Este enclave, uno de los puntos más elevados, llega hasta los 1.071 metros sobre el nivel del mar.
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Según apunta la web de La Costa Daurada el interés de este pueblo reside no sólo en su situación geográfica mágica y cautivadora, sino también en su historia, sus edificios y su distribución. Aunque, son muchas las leyendas que lo tachan de un municipio siniestro o incluso, que La Mussara es una puerta dimensional y la niebla es la bisagra a esa otra realidad, algo así como ocurría con el armario de Narnia.
Estos mitos, como apunta Camino Con Santiago, “van más allá de una simple desaparición” y nos acerca a aquellos menos conocidos, pero igual de escalofriantes”. Hace hincapié en que a pesar de que esta población ofrezca tantos sucesos o leyendas, no significa que sea un pueblo condenado.
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La volatilización de Enrique Martínez
Enrique Martínez, un amante de la recogida de setas, protagoniza el incidente más popular de La Mussara. Un día acudió junto con sus amigos a recolectar hongos y de manera repentina, le dejaron de escuchar. Tras buscarle largo y tendido, avisaron de su desaparición a las autoridades. A pesar de activar todos los medios, los agentes tampoco dieron con Enrique. Se había volatilizado sin dejar huella.
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Meses más tarde, los amigos decidieron retomar la búsqueda por su cuenta y experimentaron un encuentro paranormal en la iglesia del pueblo donde vieron las figuras fantasmagóricas de unos monjes. De nuevo comunicaron estos hechos, pero de nada sirvió. Hoy en día todavía se desconoce qué pasó con Enrique.
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Una puerta a otra realidad

En su día este pueblo estuvo bajo el dominio árabe quienes, supuestamente, trajeron consigo a unas criaturas que habitan en una dimensión paralela, denominados los Yinn. La puerta a esta realidad estaría ubicada en una piedra adyacente al Risco de Les Airasses, según el mito pisarla sería el único requisito para cruzar a otra dimensión.
La aparición de Dios
Este suceso ocurrió tras la Navidad cuando una joven que caminaba por el poblado se encontró con un lobo que había atacado a una de las ovejas de su rebaño. Lejos de asustarse, decidió enfrentarse al animal. El lobo desistió de su ofensiva y huyó cuando apareció un anciano. La chica intentó comunicarse con él, pero no obtuvo ninguna respuesta, ya que este se marchó sin dejar rastro. Esto sólo incrementó el misterio de su identidad.
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A pesar de las heridas provocadas por el lobo, la joven llegó sana y salva a su casa, donde pudo curarse gracias a la solución que le proporcionó este misterioso ser. La repentina huida del animal y este ungüento llevó a los mussarencs a pensar que la única opción era que ese hombre era Dios encarnado en la figura de un anciano.
Cómo llegar a La Mussara
Para llegar a La Mussara hay que dirigirse a las montañas de Prades y recorrer un trayecto en coche repleto de curvas. Su zona de parking no es muy amplia, por ello se recomienda aparcar el vehículo algo antes de llegar aunque haya que caminar un poco más.
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129 kilómetros separan Barcelona de La Mussara, por lo que se tardaría casi dos horas en llegar a este pueblo circulando por la AP-7. La ruta desde Reus es de 38 minutos conduciendo por la T-704.
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