
Se puede decir que Barcelona es la capital mundial del Modernismo. Así, a lo largo de sus calles se pueden encontrar infinidad de muestras de esta arquitectura que evidencian la gran importancia cultural e histórica que albergan. Algunos de los monumentos son reconocidos mundialmente gracias a su alto valor artístico, como es el caso de la Sagrada Familia o la Casa Batlló. Sin embargo, otros son más desconocidos, pero guardan un atractivo único que los convierte en ejemplos impresionantes de este estilo.
Uno de ellos es el hospital de Sant Pau, oficialmente denominado como Hospital de la Santa Creu i Sant Pau y el cual alberga una historia única ligada a la medicina, la arquitectura y el arte. Inaugurado en el año 1930, fue diseñado por el arquitecto Lluís Domènech i Montaner como una ciudad jardín para los enfermos. Este complejo hospitalario es uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura modernista catalana. Tanto es así, que forma parte de la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1997.
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Un complejo único

La historia del Hospital de Sant Pau se remonta al año 1401, momento en el cual se fundó el Hospital de la Santa Creu, situado en el barrio del Raval en Ciutat Vella, Barcelona. Este establecimiento marcó el inicio de la atención sanitaria institucionalizada en la ciudad, siendo durante quinientos años el único centro hospitalario en Barcelona. Con el paso del tiempo, especialmente en el siglo XIX, Barcelona experimentó un notable crecimiento demográfico.
Este cambio, sumado a la emergencia de nuevas corrientes higienistas y considerables avances en el campo de la medicina, evidenciaron la necesidad de contar con infraestructuras más modernas y capaces de responder a las demandas de salud de la población. Ante este escenario, surge la iniciativa de construir un nuevo hospital: el Hospital de Sant Pau. Este proyecto no solo buscaba ampliar la capacidad hospitalaria de la ciudad, sino también adaptarse a los conocimientos médicos y sanitarios más avanzados de la época, marcando un hito en la historia de la medicina y la salud pública en Barcelona.
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Así, uno de los mayores artífices de la construcción del hospital es Pau Gil, un banquero que a su muerte destina más de 3 millones de pesetas a esta infraestructura. En su testamento establece una serie de instrucciones claras y concisas: “el nuevo centro debe responder a los principios del higienismo, tiene que reunir las innovaciones más avanzadas y debe llevar el nombre de su patrón, San Pablo”, recogen desde la web de Patrimonio Cultural de Cataluña.
Una ‘ciudad hospital’

Tomando como referencia hospitales de todo el mundo y el hospital psiquiátrico de Reus, obra del propio Domènech i Montaner, el arquitecto elabora un proyecto que convierte al centro sanitario en toda una ‘ciudad hospital’. Así, construye un complejo de más de 20 pabellones, muchos de los cuales están adornados con mosaicos, esculturas y vidrieras que no solo tienen un propósito estético, sino también higiénico, ya que se creía que un entorno bello ayudaría en el proceso de recuperación de los pacientes.
Así, los edificios se distribuyen en torno a un impresionante jardín, cumpliendo “con otro de los criterios del higienismo: la contemplación de la naturaleza como efecto terapéutico. El jardín, además de ser un elemento estético, era también un pequeño oasis de recreo, que proporcionaba a los enfermos un espacio tranquilo y agradable que contrastaba con las condiciones insalubres de la ciudad industrial de aquel entonces”, detalla la web.
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