Así fue la victoria de España en la final del Mundial de 2010: un partido aburrido y con récord de tarjetas que Iniesta resolvió en el último momento

El España-Holanda de Sudáfrica fue un encuentro trabado y sin apenas ocasiones, en el que La Roja sufrió frente a un rival que apostó por el juego sucio

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Iniesta celebra el gol. (EFE/Kerim Oktem/Archivo)
Iniesta celebra el gol. (EFE/Kerim Oktem/Archivo)

España busca este domingo su segunda estrella en un Mundial. Antes del partido contra Argentina, es por tanto el momento perfecto para recordar esa otra final, la que enfrentó a La Roja y Holanda (esa nación ahora supuestamente conocida como Países Bajos) en Johannesburgo, Sudáfrica, el 11 de julio de 2010. Una final que se recuerda por el gol de Iniesta en los últimos instantes de la prórroga, por la parada de Iker Casillas a Robben... y por poco más. Porque lo cierto es que, para el aficionado imparcial que no estuviera comiéndose las uñas, fue un encuentro aburrido, bronco y con pocas ocasiones. ¿Un ejemplo de lo que cabe esperar hoy?

La Roja llegó a esa final con la etiqueta de favorita, después de haber logrado dos años antes, en la Eurocopa de 2008, superar por fin la maldición de los cuartos de final en los grandes torneos —fue en penaltis, contra Italia—, y haberse hecho con la victoria. Pero el camino en el Mundial fue de todo menos un paseo: empezó perdiendo (frente a Suiza), ganó de milagro a Paraguay en cuartos de final -Casillas paró un penalti y el gol agónico de Villa no llegó hasta el minuto 83-, y, aunque fue la selección que más atacó, que más tuvo la pelota y que más tiró a portería, sufrió para hacer gol en todos los partidos de las eliminatorias. Todos los ganó por 1-0.

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Y esa final no fue una excepción. Holanda, probablemente la selección sin un Mundial que, por historia, más lo merece (ha perdido tres finales), no hizo honor a esa historia, abandonó cualquier recuerdo del ‘fútbol total’ y optó por encerrarse y dar patadas. Desde el pitido inicial, el partido tomó un rumbo que poco tenía que ver con el fútbol que había exhibido la Roja a lo largo del torneo. Los holandeses apostaron por una estrategia de intimidación física. Las entradas de Van Bommel y de Nigel de Jong —este último con una patada en el pecho a Xabi Alonso que la prensa internacional comparó con una patada de kárate— merecían una tarjeta roja directa que no llegó.

La dureza neerlandesa desarticuló el juego de pases que había convertido a España en la gran dominadora del torneo. La Roja apenas pudo desplegar su fútbol. Aun así, fue el equipo que más insistió en imponer su estilo.

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Pero las ocasiones más claras fueron para los holandeses. Ahí apareció Iker Casillas, determinante en dos momentos que pudieron cambiar el curso del partido. Arjen Robben se plantó solo ante el portero español en dos ocasiones distintas —una en cada parte— y en las dos el guardameta del Real Madrid respondió con paradas que mantuvieron el marcador en cero. La última de estas ocasiones, casi al final del partido, es la más recordada y seguro que aún mantiene despierto a Robben en algunas noches de insomnio.

Parejas como Camila Yañez y Javier De Lathouwer, y María Culell y Rubén Jurado tendrán que elegir entre la camiseta y el amor durante el partido de la final del Mundial que disputarán España contra Argentina.

El partido llega a la prórroga

Con el 0-0 al término de los 90 minutos, el encuentro se adentró en la prórroga. Vicente del Bosque introdujo a Jesús Navas para buscar el uno contra uno en las bandas, y más tarde dio entrada a Cesc Fàbregas, que estuvo cerca de marcar tras un pase de Iniesta pero no pudo superar al portero Maarten Stekelenburg. Holanda, exhausta y con diez jugadores tras la segunda amarilla de Johnny Heitinga, perdió fuelle y se replegó.

Y cuando parecía que los penaltis serían inevitables, llegó el gol. Minuto 116. Iniesta recibió el balón en el área, mantuvo la calma ante la presión defensiva y remató con la derecha para batir a Stekelenburg. Las calles españolas, que hasta entonces llevaban dos horas bajo un silencio sin precedentes, estallaron de júbilo.

El partido terminó con 14 tarjetas amarillas y una roja, un récord para una final de Copa del Mundo. Las crónicas de la prensa internacional coincidieron en dos sentidos: elogio para España y crítica para Holanda. The Guardian escribió que “los holandeses trataron por la fuerza bruta de impedir que España se convirtiera en campeona del mundo” y que el equipo español “representó al fútbol en su estado ideal”. Y The Times calificó el resultado de “victoria del anti-rufianismo” y afirmó que una victoria holandesa “habría sido un insulto para el deporte”. Para cualquiera que viera ese partido, el único recuerdo que queda hoy es el del gol de Iniesta... y un inmenso alivio.

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