‘Una noche al año’, la comedia romántica más rara que verás jamás y que quiere reabrir el debate sobre el sexo sin amor

Callum Turner y Monica Barbaro dan vida a dos solteros empedernidos en esta curiosa distopía sobre un mundo en el que los solteros solo pueden mantener relaciones sexuales una vez al año

Este es el tráiler oficial de la película 'Solo Por Una Noche'. Muestra escenas nocturnas urbanas, una pareja compartiendo pizza y personas en un evento social. Un texto en pantalla indica un salto temporal a '10 HORAS ANTES'. También se observan dos individuos en una sala de espera con señalización regulatoria federal y una bandera estadounidense. La narrativa se centra en la búsqueda de encuentros y conexiones románticas durante una noche particular. (Universal Pictures México)
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Al comienzo de Los viajes de Sullivan (Preston Sturges, 1941), película catedralicia sobre cómo hacer cine y los límites de la moral en este, un joven cineasta le enseña a sus productores el primer corte final de la película que está haciendo: “Quiero que esta película sea un comentario sobre la realidad actual: realismo crudo, los problemas a los que se enfrenta el hombre de a pie”, a lo que un ejecutivo responde: “Pero con un poco de sexo”. A lo que este replica: “Un poco, pero no quiero darle demasiado protagonismo. Quiero que esta película sea un documento. Quiero reflejar la vida tal y como es. Quiero que sea una película sobre la dignidad, un fiel retrato del sufrimiento de la humanidad”. La respuesta final del ejecutivo es la misma: “Pero con un poco de sexo”. Y al final el joven director cede: “Pero con un poco de sexo”.

Tiene mucha más gracia ver la película de Preston Sturges que escribir por aquí sus diálogos, pero sin duda el humor de la screwball comedy de los años 40 se hace más que socorrido a la hora de hablar de Una noche al año (Will Gluck, 2026), la comedia romántica que acaba de llegar a los cines y que precisamente habla del sexo no ya como una necesidad, sino como una excepción. El problema es que, más allá de su extrañísima premisa, la película es tanto un reflejo de su época -como querría Sullivan de la suya- como una evidencia de lo poco que hemos avanzado como sociedad en estos 85 años que han transcurrido entre una y otra.

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La premisa de Una noche al año es de todo menos sencilla. En un futuro cercano pero alternativo, una ley prohíbe el sexo entre personas que no estén casadas, siendo perseguido por la justicia todo aquel que no cumpla el mandato e incluso llevando un biosensor en el brazo que identifique a los casados de los solteros. No obstante, y por cortesía del gobierno de Estados Unidos, durante una noche al año se permite mantener relaciones sexuales a todo el mundo. Owen (Callum Turner) se había preparado a conciencia para una noche así con su pareja (Maya Hawke), pero un cambio de planes lo lleva a salir a la noche de Nueva York buscando otra cosa. Durante la larga noche en la que todos parecen estar muy ocupados, el joven se cruzará en el camino de Allie (Monica Barbaro), una aspirante a cantante con una visión del amor demasiado idealista como para disfrutar de una noche así sin prejuicios, pero que al igual que Owen se ve lanzada a cambiar las cosas.

Monica Barbaro y Callun Turner en 'Una noche al año'
Monica Barbaro y Callun Turner en 'Una noche al año'

Es mejor no sobrepensar, en general

¿En qué momento la gente permitió una ley así? ¿Cómo no se ha derogado? ¿Cómo deciden qué día del año es EL día? ¿Cómo sabe el biosensor si llevas puesto un preservativo o no? ¿Por qué la gente espera hasta el último día para concertar citas o incluso comprar condones? Y en general, ¿cómo es que nadie se ha vuelto completamente loco en el proceso? Ninguna de esas preguntas tiene respuesta ni demasiada explicación en Una noche al año, aunque su director insiste en, como verbalizan sus personajes, no sobrepensar demasiado.

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“La verdad es que esta película no se puede describir. El reparto va a programas de entrevistas y se pasa el 80 % del tiempo explicando las reglas de ese mundo, y eso no es de lo que trata la película. Tenemos que dejar que la gente la vea. Esa es la mejor herramienta que tenemos, sobre todo para algo tan alocado como esto”, explica Gluck, que sin embargo se contradice y admite que, como Sullivan, se pasó mucho tiempo en cómo construir ese distópico (aunque no tan alejado de la realidad, ya sea por religión, por el auge del conservadurismo o por los dictámenes de las redes sociales) universo que plantea. “Le di muchas vueltas, dediqué mucho tiempo a construir ese mundo. Estos personajes viven en un pequeño mundo alternativo que podría darse fácilmente. Tenemos que hablar de ello. Pero lo que realmente quería era que ese mundo quedara en un segundo plano. No quería que la película tratara sobre eso. Se trata más bien de cómo nuestros personajes se las arreglan en la vida”.

Gluck realizó hace más de quince años Rumores y mentiras, una suerte de adaptación de La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne en un instituto de los 2000 y, sobre todo, la película por la que se dio a conocer Emma Stone, quien interpretaba a una chica idealista en el amor y cínica en las relaciones, no muy alejada de la que interpreta Barbaro en Una noche al año. Si en aquella cinta se proponía cómo los estereotipos de instituto suponían un impedimento para que las personas pudieran conocer e intimar de forma auténtica, aquí Gluck directamente establece que es casi imposible conocer el amor verdadero si hay sexo esporádico de por medio, una idea algo mojigata incluso dentro de una distopía.

Imagen de 'Una noche al año'
Imagen de 'Una noche al año'

Un mundo sin sexo esporádico, ¿pero con más amor?

En su extraña mezcla de Jo, qué noche de Martin Scorsese con la saga de La Purga, Gluck sigue ahondando en los recovecos del amor más escéptico que ya había explorado en otras películas -a él le debemos también Con derecho a roce, que popularizó el concepto de “follamigo”- y en la dinámica de enemigos a amantes de su última película, Cualquiera menos tú (con cameo de Sydney Sweeney y Glen Powell incluido, entre muchos otros). El director vuelve a tirar de la química en sus protagonistas, de momentos extrañamente cómicos e incluso de lanzar a la cara grandes temas musicales, lo que ya le funcionó con Unwritten de Natasha Bedingfield en Cualquiera menos tú. No obstante, en todo momento da la sensación de que la premisa y, en general, el aire marciano se come la propia historia de amor, interrumpiendo y sacando al espectador del embrujo cada vez que ambos protagonistas pueden intimar.

El resultado es una comedia romántica que se sale del molde, por no decir que es extremadamente rara. Simpática, con algún que otro momento de brillo pero que en general está muy lastrada por la maleta que carga a cuestas y que le impide soltarse al nivel que lo hacían otras romcoms del propio director. Irónicamente, este confesaba en una entrevista que Una noche al año cortó parte de la desnudez de varias escenas después de descubrir con Cualquiera menos tú, que las nuevas generaciones prefieren no ver sexo en pantalla. “Creo que ha habido un cambio social: antes, la desnudez se daba en contextos adultos y se guardaba en los móviles en casa, para el uso privado de cada uno. Ahora es algo más privado e íntimo que la gente no quiere ver cuando comparte una experiencia con otros. Hoy en día, cada vez que la gente ve desnudos o situaciones muy adultas en una gran sala de cine, se siente incómoda”.

Esta última revelación lleva a pensar que quizá, más allá de un mensaje ciertamente mojigato y conservador, Gluck solo se ha adelantado unos años a una sociedad que, con una ley antisexo premarital o no, podamos llegar a ver en cualquier momento. La propia relación de la gente con el amor y las comedias románticas ya se ha erosionado en los últimos años, y aunque este está siendo un año de notables excepciones, se puede decir que Una noche al año es una película a la que le falte esa pizca de sexo que demandaban en Los viajes de Sullivan, pero por otro lado, será la que les encantará a las nuevas generaciones. El debate ya está abierto.

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