Jean-Paul Sartre, filósofo: “Si te sientes solo cuando estás solo, estás en mala compañía”

El intelectual francés, padre del existencialismo, defendía la necesidad de estar cómodos con nosotros mismos para que nuestra identidad no dependiera de los juicios de los demás

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Jean-Paul Sartre libros fundamentales.
El filósofo francés Jean-Paul Sartre, junto a algunas de sus obras más famosas.

En el siglo XX, Francia vivió una gran eclosión filosófica con varios nombres claves en el pensamiento contemporáneo: Gaston Bachelard, Georges Bataille, Albert Camus, Simone de Beauvoir, Gilles Deleuze, Jean Baudrillard... La lista podría llenarse de nombres, pero entre ellos uno de los primeros debería ser el de Jean-Paul Sartre, conocido por ser el padre del llamado existencialismo, además de un comprometido escritor, que llegaría incluso a rechazar el Nobel de Literatura argumentando que los autores no deberían dejarse transformar en institución.

A Sartre le interesaba profundamente la naturaleza de la libertad humana y la responsabilidad que esta conlleva. Para él, el ser humano está “condenado a ser libre”, pues no existe un destino predeterminado ni una esencia previa a su nacimiento. De este modo, tanto en sus novelas como sobre todo en sus ensayos, exploró cómo nuestras acciones definen quiénes somos, en un universo en el que resulta difícil encontrar un propósito intrínseco. Ante este horizonte, cada individuo es arquitecto de su propia moral y sentido vital.

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El filósofo francés dejó muchas reflexiones que siguen vigentes a día de hoy, pero una de las más recordadas que se le atribuyen es la siguiente: “Si te sientes solo cuando estás solo, estás en mala compañía”. Esta frase refleja cómo Sartre, lejos de fomentar el aislamiento, pretendía señalar la importancia de la relación que mantenemos con nosotros mismos. Y es que, para el autor de El ser y la nada, la soledad no debería ser un vacío insoportable, sino un espacio de encuentro con nuestra propia conciencia y libertad creativa.

'El ser y la nada', de Jean-Paul Sartre.
'El ser y la nada', de Jean-Paul Sartre. (Losada)

El significado de las palabras de Sartre

La cita del filósofo nos da varias claves del pensamiento existencialista, entre ellas la de cómo construimos nuestra propia identidad personal. Sartre defendía que el individuo debe ser capaz de convivir con su propia presencia sin angustiarse. Esto entra en conflicto con algunas de las tendencias de nuestros días, donde el silencio es algo de lo que procuramos rehuir, buscando continuamente estímulos externos. Sartre no puede ser más claro al respecto: quien no se soporta a sí mismo suele depender de la aprobación ajena.

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Al mismo tiempo, la soledad es el espejo en el que realmente podemos descubrir si nuestra personalidad es auténtica o vacía. Puede que por eso nos refugiemos en las pantallas y en las redes sociales, donde estamos ‘en contacto’ con los demás. En términos sartreanos, esa sería una forma de “mala fe” o autoengaño para evitar la angustia existencial, que nos apata de lo más importante: cultivarnos a nosotros mismos. “El hombre no es otra cosa que lo que él hace de sí mismo”, afirmaba el filósofo. La soledad, en este sentido, no es una carencia, sino una oportunidad.

Dicho esto, ¿a qué se refiere Sartre con la mala compañía? Para el intelectual francés, este término hace referencia a la ausencia de un “yo” sólido, situación mucho peor que la ausencia de más gente. “El infierno son los otros”, sostenía, aunque tampoco debamos malinterpretar esa frase. Las personas no son malas, pero si no tenemos autonomía sobre nuestro propio ser, sus juicios pueden llegar a definirnos. Por ello, estar bien acompañado en soledad quiere decir que debemos aceptar nuestra libertad y ser dueños de nuestro propio criterio.

El filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (Fundación Princesa de Asturias/UIMP/MOME)

Una filosofía de la soledad

Sartre no fue el único en reflexionar sobre el valor de la soledad. Friedrich Nietzsche, décadas antes, ya había dejado para la historia de la filosofía la siguiente frase: “Mi soledad no depende de la presencia o ausencia de personas; al contrario, odio a quien me roba la soledad sin ofrecerme verdaderamente compañía”. Este filósofo distinguía entre la soledad impuesta y la buscada, y al igual que para el francés, era un refugio para el espíritu libre que desea escapar de la mediocridad de la masa y el pensamiento gregario.

Por su parte, el filósofo Blaise Pascal tiró de ironía en otra sentencia muy recordada: “Todas las desgracias del hombre vienen por no saber estar tranquilo en una habitación”. Eso sí, mientras sus palabras parecían reflejar la miseria humana, Sartre creía fielmente en la soledad como un motor para la acción, en tanto que esta revela los conflictos más profundos que los seres humanos muchas veces tratamos de ignorar.

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