Qué quería decir Aristóteles al afirmar: “El hombre es un animal político por naturaleza”

El filósofo griego, discípulo de Platón y maestro de Alejandro Magno, razonó hace siglos el motivo por el que no podemos obviar esta condición

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Aristóteles
Aristóteles

Estamos cansados de escuchar esa palabra: política. La usan los que la hacen, los políticos, pero también todos aquellos que buscan ser políticamente correctos; que cuando nos gusta bien, pero cuando no, nos parece politizar innecesariamente algo. Sin embargo, la realidad de este término no es la de quienes más lo emplean, algo que demostró hace más de mil años uno de los filósofos más importantes de la historia: Aristóteles.

Nacido en el año 384 a. C. en Estagira, al norte de la antigua Grecia, Aristóteles fue discípulo de Platón durante dos décadas en su Academia y más tarde maestro de Alejandro Magno, lo que da una idea de su influencia tanto intelectual como histórica. Filósofo, científico y pensador enciclopédico, escribió sobre lógica, ética, biología, metafísica y política, sentando las bases del pensamiento occidental durante siglos. Su forma de observar la realidad, basada en la experiencia y la razón, marcó profundamente la filosofía medieval, el pensamiento cristiano y buena parte de la ciencia moderna, convirtiéndolo en una figura central del pensamiento clásico.

Cuadro de 'La Escuela de
Cuadro de 'La Escuela de Atenas', de Rafael Sanzio. Aristóteles (con un manto azul) figura en el centro junto a Platón (manto naranja).

Su reflexión sobre la naturaleza humana

Entre sus muchas obras, una de las más influyentes es Política, un tratado en el que Aristóteles analiza la organización de la ciudad, las formas de gobierno y la finalidad de la vida en común. No se trata de un manual para gobernantes, sino de una reflexión profunda sobre cómo viven los seres humanos cuando se organizan colectivamente. En este libro aparece una de sus frases más célebres y citadas: “El hombre es un animal político por naturaleza”, una afirmación que resume su concepción del ser humano como un ser inevitablemente ligado a la vida en sociedad.

Para Aristóteles, esa frase no significa simplemente que al ser humano le guste debatir o votar, sino algo mucho más profundo. En Política afirma que quien no puede vivir en comunidad “o no necesita nada por su autosuficiencia, no es parte de la ciudad, sino una bestia o un dios”. Es decir, la política no es una opción ni una ideología, sino una consecuencia natural de nuestra condición humana. Vivir juntos implica organizarse, tomar decisiones comunes y buscar un bien compartido: eso es, en esencia, la naturaleza humana.

Vivir y convivir junto a los demás

Esta condición que es la política está estrechamente relacionada con otro rasgo inherentemente humano: la palabra (el lógos). La palabra, según Aristóteles, es lo que permite distinguir entre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo; gracias a ella podemos deliberar y discutir normas, pero también desarrollar su vida con los demás. De este modo, según su lógica, incluso hoy, cuando alguien afirma no interesarse por la política, sigue participando en ella de forma indirecta: en el trabajo, en la familia o en las redes sociales, espacios donde la convivencia exige acuerdos.

En La Fórmula Podcast, el filósofo Darío Sztajnszrajber reflexiona sobre cómo los cambios tecnológicos aceleran nuestras formas de vincularnos y defiende la importancia de frenar para pensar más allá de los mandatos.

De este modo, en una época marcada por la polarización y el rechazo a lo político, su pensamiento nos recuerda que no existe una vida completamente al margen. Las decisiones individuales siempre tienen efectos colectivos y, del mismo modo, las decisiones colectivas afectan a la vida privada. Dicho de otro modo: ¿se puede ser apolítico en una sociedad política?