
La edición de 2026 del Concierto de Año Nuevo de Viena ha despertado una especial expectación con el debut en el podio del director canadiense Yannick Nézet-Séguin, reconocido tanto por su amplia trayectoria internacional como por su carisma y presencia escénica.
Su aparición al frente de la Filarmónica de Viena no ha pasado inadvertida, acaparando la atención de un público de expertos y aficionados que han seguido la retransmisión. A sus 50 años, Nézet-Séguin ocupa desde hace tiempo los cargos de director musical en la Metropolitan Opera de Nueva York, la Orquesta de Filadelfia y la Orchestre Métropolitain de Montreal.
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La cita, celebrada en la emblemática Sala Dorada del Musikverein este 1 de enero, ha congregado de nuevo, tras ochenta y seis ediciones, a una audiencia global que supera los 50 millones de personas repartidas por más de 150 países. Después de años bajo la batuta de maestros habituales como Riccardo Muti, la organización ha apostado por un perfil consagrado pero con marcada personalidad, capaz de desarrollar una auténtica relación con la orquesta.
La apuesta de Nézet-Séguin no se limita al repertorio sino que trasciende al ámbito estético y generacional, prueba de ello es el estilo que ha exhibido sobre el escenario: trajes a medida de Louis Vuitton, pajarita y detalles que marcan una diferencia visual en el tradicional ambiente vienés.
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Un programa renovado
Los portavoces de la Filarmónica de Viena han subrayado que la edición de este año ha equilibrado la fidelidad a la tradición con una notable apertura hacia nuevos estilos y figuras. Así, el concierto arrancó con la obertura de la opereta Índigo y los cuarenta ladrones de Johann Strauss, una pieza menos habitual dentro del género. Le ha seguido el vals Cuentos del Danubio, op. 446, de Carl Michael Ziehrer, junto a aportaciones de figuras como Joseph Lanner y Eduard Strauss. Los asistentes han podido escuchar también la Fledermaus-Quadrille de Johann Strauss II y obras de otros compositores como Franz von Suppè.

En esta primera parte, ha destacado especialmente la presencia de compositoras históricas: Canciones de Sirenas, polka mazurca de Josephine Weinlich (cuya orquesta femenina fue pionera en la Europa del siglo XIX), en arreglo de Wolfgang Dörner. Ya en la segunda mitad, el peso ha vuelto a recaer en Johann Strauss II, con piezas como Polka Diplomática, Rosas del Sur y Marcha Egipcia, en un recorrido que incluye la aportación de Josef Strauss con Dignidad de Mujeres y Palmas de la paz.
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La principal novedad ha sido el estreno del Rainbow Waltz de Florence Price, compositora afroamericana estadounidense, que junto al estreno de Sirenen Lider, op. 13 de Weinlich, incorpora, en palabras de Nézet-Séguin “a muchos compositores que fueron importantes en su época y que, por alguna razón, hemos dejado de escuchar”.
Tradición, diversidad y carisma en la batuta
Nézet-Séguin ha defendido en conversación con The New York Times que la autenticidad y la fidelidad a uno mismo son esenciales para la música clásica y para la supervivencia del género. Ha explicado que nunca se ha propuesto modernizar la música clásica deliberadamente, sino, como afirma: “Este soy yo, y no voy a esconderme ni cambiar solo por tener una responsabilidad en un mundo que aún parece muy tradicional y conservador”. El propio director ha compartido que de niño eligió esta vocación porque buscaba el contacto humano y la energía del colectivo, y considera que el papel del director es “crear las condiciones adecuadas para que los músicos expresen algo y el público sienta”.
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La Met, bajo su dirección, ha puesto el foco en obras de nuevos compositores y en ampliar el repertorio, no por una cuestión exclusivamente de diversidad, sino para llegar a comunidades tradicionalmente excluidas de la ópera. Como él mismo ha sostenido “la música clásica se supone que es para todos”, y no está justificado continuar programando solo obras clásicas del canon europeo. Sobre la función del director, ha subrayado el componente intangible y casi telepático de la profesión: “No culpo a nadie por preguntarse, ¿qué hace esa persona? Es algo que tiene un componente mágico, intangible”.
En cuanto a la puesta en escena se ha destacado la apuesta visual de Nézet-Séguin: un “look moderno, oscuro y su pajarita” que ha captado inmediatamente la atención del público y ha marcado la diferencia respecto a la imagen habitual de este evento.
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