
Haber sido nominado a un Premio Goya no tiene por qué estar asociado a una carrera marcada por el éxito. Son muchos los casos que demuestran que, a pesar de haber conseguido hacerse un hueco dentro de la industria cinematográfica, los factores que influyen son demasiados para conseguir trabajo y mantenerse dentro del gremio.
Algunos caen por el camino, ya sea por problemas personales o psicológicos, como fue el caso de Mónica Cervera. Otros cambian de rumbo profesional y también nos encontramos con aquellos que lo intentan por todas sus fuerzas y se dan de bruces con un puñado de negativas.
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Este ha sido el caso de Fernando Ramallo, el que fuera una de los niños prodigio del cine español y que protagonizó un buen puñado de grandes títulos dentro del cine español de los años 2000.
Estrella adolescente imparable
Fernando Ramallo inició su carrera en el cine con apenas 15 años tras ser elegido para protagonizar La buena vida bajo la dirección de David Trueba, con quien estableció una colaboración recurrente.
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Tras ese debut, Ramallo encadenó participaciones en varios largometrajes como La mujer más fea del mundo de Miguel Bardem, y protagonizó la película de fantasía heroica El corazón del guerrero de Daniel Monzón y la comedia adolescente Krámpack, de Cesc Gay.
Sería por Carreteras secundarias, dirigida por Emilio Martínez Lázaro a partir de la adaptación de Ignacio Martínez de Pisón, por la que finalmente sería nominado a los Goya.
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Un declive progresivo
Sin embargo, su entrada a la edad adulta no resultó nada fácil para la carrera de Ramallo. Su físico aniñado que al principio le abrió tantas puertas, terminó convirtiéndose en un impedimento a la hora de conseguir papeles.

La dificultad para acceder a contratos regulares y la escasa remuneración en la industria llevaron al actor a diversificar sus fuentes de ingreso.
Ramallo se desempeñó como animador infantil, teleoperador y dependiente en una tienda de ropa, además de apostar por un canal personal en YouTube, titulado “Las cosas de Fernando Ramallo”, desde el que comparte reflexiones sobre la profesión de actor y las dificultades que enfrentan los intérpretes en España para sostenerse económicamente.
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En él pone de relieve la precariedad que afecta al sector artístico. El propio actor explica en sus vídeos que quienes desean seguir ligados al oficio deben recurrir a trabajos intermitentes y de media jornada, como camarero o profesor de teatro, puestos que por lo general no están bien remunerados ni ofrecen posibilidad de ascenso profesional.
En este sentido, alertó que la situación se complica a medida que los años avanzan. En ese sentido, el propio actor advierte que a partir de los 45 años el mercado laboral se vuelve aún más restrictivo para los intérpretes, lo que obliga a muchos a abandonar sus aspiraciones artísticas.
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Reflexiones sobre el éxito y el fracaso
Ramallo ofrece una mirada sincera sobre el coste emocional y económico de perseverar en la interpretación, advirtiendo sobre la constante inseguridad para cubrir los gastos básicos y el riesgo de terminar actuando solo ante pequeños públicos en cafés teatro, sin la estabilidad ni el reconocimiento alcanzados en la juventud.
En 2018, volvió a la actualidad gracias de nuevo a David Trueba, que decidió hacer una secuela de La buena vida, titulada Casi 40, recuperando los personajes que interpretaron tanto Ramallo como Lucía Jiménez.
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A partir de ese momento, lo hemos visto de manera residual en cortometrajes o en obras de teatro, pero sobre todo en ese canal de Youtube en el que se encarga de analizar su vida, su carrera, cómo ha tenido que reinventarse y muchos entresijos dentro de la industria relacionados con el éxito y el fracaso que pocos se atreven a abordar.

“Nada pudo evitar mi descenso”, cuenta Fernando Ramallo. Cuenta que algunos proyectos no llegaron a ver la luz y que otros no terminaron de funcionar. “Me vi obligado a aceptar productos menores y raros para poder sobrevivir y poder llevarme algo a la boca. No paró de golpe, no fue un portazo, fue sucediendo poco a poco”.
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Cuenta que nadie te explica qué hacer cuando todo se detiene, cuando dejan de llamarte y te vuelves invisible y que eso puede crear graves problemas psicológicos relacionados con la autoestima.
Ramallo hace una especie de auto terapia en estos vídeos y al mismo tiempo ofrece un buen puñado de valiosas reflexiones en torno a la sociedad en la que vivimos.
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