Bienvenidos a la versión española de Los Bridgerton. La etiqueta resulta inevitable e, incluso, sus creadores seguramente se sientan cómodos con ella, porque aquí de lo que se trataba era de copiar el formato de la serie de Netflix sin rubor y trasladarlo a nuestro país a través de una pinceladas históricas identificativas.
Los Bridgerton introdujeron un poco de frescura a las telenovelas de lujo de época a través de la diversidad racial, un halo contemporáneo, tanto en los comportamientos de los personajes como en la envoltura del producto, así como en la introducción de canciones reconocibles sacadas de la cultura popular. Además, en ella primaban los cotilleos, los amoríos, los escándalos y un toque erótico y ‘picantón’ que enseguida conectó con los espectadores.
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Manual para satisfacer a los espectadores
Así, la nueva apuesta de la factoría Bambú (especializada en el género gracias a culebrones suntuosos como Gran Hotel, Velvet o Las chicas del cable), Manual para señoritas, tiene todos los ingredientes necesarios para satisfacer las necesidades de su potencial audiencia: es ‘cuqui’, juguetona y las tramas están repletas de traiciones, de atracciones, de secretitos y de mentirijillas.

También hay una relación lésbica, para que tengamos su dosis correspondiente de diversidad sexual, una pizca de ‘feminismo de tocador’, ese que no incomoda y que es para todos los públicos (tan socorrido en estos tiempos que corren) y que en este caso se encuentra representado, principalmente, por una joven que quiere ir a la universidad en un mundo de hombres. Eso sí, aquí nos ahorramos el erotismo, por si acaso, y nos quedamos con la mojigatería de andar por casa.
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Manual para señoritas sería algo así como la hermana pobre de Los Bridgerton y, aunque luce inevitablemente cutre por la escasez de presupuesto (en comparación), se soluciona con menos fiestas, menos escenas grupales y menos escenarios. No pasa nada.
Trama convencional, algunas malas decisiones y un acierto
Pero sí que hay ciertas decisiones que toma la serie para distanciarse de su referente y que le hacen flaco favor, en concreto la voz en of omnisciente y la ruptura de la cuarta pared de la protagonista, Elena (Nadia de Santiago) para dirigirse al espectador. Es algo que definitivamente no funciona, resulta demasiado forzado y artificial y la convierten en un émulo mustio y trasnochado de Amelie.
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En cuanto a la trama, todo resulta poco destacable: Elena ejerce de carabina para las mujeres casaderas de la alta sociedad, pero esconde un pasado que iremos descubriendo. Entrará a trabajar en casa de las Mencía, donde conoceremos a don Pedro (Tristán Ulloa), recién viudo, y a sus tres hijas: Cristina (Isa Montalbán), que se convertirá en uno de los ejes de la historia, Sara (Zoe Bonafonte), que quiere estudiar medicina y la pequeña, que es gótica y parece emular a un personaje de Tim Burton.
Además, encontramos al ahijado de la familia, Santiago (Álvaro Mel), que se dividirá entre su lealtad hacia Cristina y la atracción que siente por Elena. También hay más ‘carabinas’ y más señoritas hasta completar un reparto coral que sin duda es uno de los aciertos de la ficción de Netflix.
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Manual para señoritas tiene varios escollos (más) con los que lidiar. El primero es el tono, esa mezcla de modulaciones por las que transita y que la hacen parecer más arbitraria y caprichosa de lo que en realidad es. Es histriónica cuando quiere ser graciosa, pretenciosa cuando quiere ponerse seria y ramplona cuando apuesta por el elemento superficial. Una aceleración por ahí, un golpe de efecto por allá... un ‘totum revolutum’ un poco desconcertante y sin chispa.
Su segundo gran problema es la nula química entre Nadia de Santiago y Álvaro Mel. Es algo que lastra absolutamente toda la propuesta porque, se supone, esa atracción debería ser el centro de la historia romántica. Eso no quiere decir que ni ella ni él estén mal, solo que juntos no funcionan, como si fueran primos lejanos. Sin embargo, sí que se comporta de forma más orgánica el resto del reparto, gracias al que todo fluye mejor de lo esperado.
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Eso sí, Manual para señoritas tiene muy claro el público al que va dirigida y no tiene ningún sonrojo en ponerse a su servicio. Es una serie que no tiene nada de especial, que copia modelos precedentes, que lo que ofrece es más de lo mismo y que se olvida según se ve pero, al menos, es honesta consigo misma y con sus espectadores.
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