
Rita Payés (Vilassar del Mar, 1999) aboga por la pausa, el control, la tranquilidad. En una era en la que la velocidad dicta las rutinas, la suya es un oasis (o intenta que lo sea) en el que no hay espacio para el frenesí. Para presentar su nuevo disco, De camino al camino, la cantante de jazz y trombonista (hija de Elisabeth Roma y acompañante estelar en la actuación de C. Tangana en la gala de los Premios Goya de 2022) lleva a la prensa a Materia, una escuela de panadería en Madrid en la que la artesanía se entremezcla con sus nuevos sonidos.
Su nuevo álbum es una alegoría sobre la belleza de lo cotidiano, el principio de cualquier cosa y el origen de todo. Entre masas que fermentan, Payés encuentra un proceso compositivo (y de creación) que relaciona con sus partituras. Al igual que una buena hogaza de masa madre, sus canciones requieren de un cuidado excelso para salir con un horneado perfecto. “Está hecho con mucho cariño, es muy artesano”, dice del disco en una entrevista para Infobae España.
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Más allá de una oda al trabajo bien hecho (y con las pausas necesarias), Payés se enfrenta a una realidad virtual desconocida. No sabe que supera el millón de oyentes mensuales en Spotify y, ahora, “me asusta”: “Intento olvidarlo rápidamente, me has dicho esto y ni soy capaz de pensar en las almas que hay en esta sala”, dice irónica. Los números parecen no importarle demasiado, o por lo menos no lo suficiente como para comprometer su proceso creativo.
“Me encantaría que no importasen, pero te ayudan a tener recursos”, indica. Aunque no vive bajo el yugo de la guerra del stream, la cantante es consciente de que un éxito le permite “hacer lo que quiera”, desde viajar “con un grupo grande”, hasta “llevarme el cuarteto de cuerdas y unas luces chulas” a cada concierto. A Payés le “entristece” que la música esté asociada al negocio más que a la propia creación. “Hay muchísima gente haciendo cosas increíbles y no hay espacio para ellos en la industria”, indica. “Estamos un poco mal, porque se pone el foco donde no debería”, aunque ella se considera una “afortunada” por poder plasmar su auténtico ‘yo’ sobre el escenario.
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Payés considera que la precariedad de tener que estar todo el rato generando experiencias o productos es algo cultural, pues en Francia los artistas cuentan con un sueldo base que les permite subsistir en épocas de creación no asociadas a conciertos o actividades remuneradas. “Todo está mucho más cuidado y se entiende el trabajo del artista”, indica. En España, sin embargo, “no te lo puedes permitir porque la industria se olvida de ti”.
“Ser mujer es un privilegio”
Mientras las creaciones de masa madre aumentan su peso en el horno, y el maestro panadero habla de la magia (y delicadeza) de cada uno de los ingredientes que la componen, suena De camino al camino. Una dupla idílica que recupera la magia de la paciencia y la calidad en tiempos de locura sideral. Sin duda, Rita Payés (y su música) escapan a la cultura de lo chronically online (todo lo que se gesta en redes sociales). “Estoy en otro momento vital, ¿sabes? Contesto los mensajes porque lo tengo que hacer, pero luego dejo el móvil lo más rápido que puedo”, indica la artista.
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Prefiere emplear el castellano para sus canciones porque es como una “capita” idiomática que le permite tener mayor control emocional sobre sus letras. “Nunca había hecho canciones en catalán, me salen en castellano porque tengo la sensación de que en catalán me desnudo completamente porque es lo que yo hablo”, indica. Su lengua está viviendo una apoteosis pop en la industria musical con la llegada de perfiles mainstream que triunfan reivindicando su idioma. “Hay gente muy potente en Cataluña que está haciendo cosas preciosas”, destaca.

Pese a sus críticas a los tiempos que se marcan desde los grandes despachos, la cantante de jazz considera que “ahora es un privilegio ser mujer” porque “te ponen en más listas de éxitos de golpe” o los festivales te contratan “porque necesitan tener una cuota de igualdad”. Una discriminación positiva que, en su experiencia, habla de una ‘moda’ y no tanto de un auténtico reconocimiento. “Es un tema delicado, pero molaría mucho que realmente se nos valorara por lo que vamos a hacer, no por lo que somos”, apostilla.
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La cantante procede a contar una anécdota de una promotora que quiso contratarla, pero que hizo una petición un tanto cuestionable para la ocasión. “Me ha pasado muchas veces, me llaman y me dicen que tengo que ir con un grupo de mujeres que no tengo naturalmente en mi banda. Si quieren, me lo invento, pero es una putada porque quiere decir que nos quieren por ser mujeres”, explica. “Miles Davis siempre contaba que a su hermana también le dieron una trompeta, pero hay que esperar a que la situación de la mujer en el jazz se iguale con la del hombre”, concluye.

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