Oques Grasses inicia su despedida de los escenarios ante un Estadi Olímpic prendado

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Guillermo Cabellos

Barcelona, 7 oct (EFE).- La banda catalana Oques Grasses ofreció este miércoles el primero de sus cuatro conciertos en el Estadi Olímpic Lluís Companys, despedida de los escenarios que congregará a más de 220.000 fieles a lo largo de la semana, en una velada tan emotiva como festiva.

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La noche, que se convirtió en la primera de la serie después de que la banda se viera obligada a mover el concierto del lunes al jueves por culpa de las lluvias, comenzó con el cantante Josep Montero sobre una plataforma alzada en el centro de la pista, acompañado únicamente de un ukelele y de 'Córrer pels camps'.

Un coro, que peinó las melodías más celebradas de la banda como si se tratara de una misa góspel, dio tiempo al vocalista a regresar al frente, mientras que Oques Grasses afilaba los instrumentos entre fuegos artificiales para inmediatamente atacar con 'Petar-ho', en un inicio tan optimista como sus letras, sostenido a lo largo de 'Sta guai' y 'Elefants'.

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La feliz tríada funcionó como anzuelo innecesario para conectar con un público totalmente prendado desde el primer acorde. La relación entre Oques Grasses y los suyos, forjada en cientos de fiestas mayores a lo largo de la última década y media y refrendada en unas canciones tan alegres como sentimentales y livianas como profundas, eclosionó en una despedida con visos de celebración.

Las trompetas anticiparon algo de epicidad, concentrada en 'Cara de cul', único acercamiento al disco 'You Poni' de 2016, 'Bancals' y su anuncio de que "la paz de los caracoles es la nueva religión" y 'Cançó de l'aire', pieza de la que sale el título de 'Fans del sol', cuarto disco de los de Osona publicado en 2019 que los proyectó como una banda de masas dentro del circuito catalán.

Desde entonces no ha habido una fiesta en la que no sonaran, gracias, en parte, a sus inclinaciones hacia el reggae, evidentes en 'Com està el pati', pieza cantada mano a mano con el público e interpretada en su momento como 'beef' hacia la nueva escena de la música urbana en catalán, o en 'Cavall estable', primera incursión de la noche en el debut de 2012 'Un dia no sé com', escenificada este miércoles con la entrada circense que llevaban a cabo en los bolos del principio.

El escenario se llenó de público, "rollo la casita", para volver al 2019 en una explosión de confeti y 'John Brown', uno de tantos cortes de imaginario surrealista y espíritu juerguista sustentado por la trompeta de Miquel Rojo y concluido por una inmensa ola que bañó a los 55.000 fieles que llenaban el Estadi Olímpic.

Las cifras de la despedida, un auténtico hito de la música catalana, solo se pueden comparar con el mítico concierto de Lluís Llach en el Camp Nou de 1985, que contó con más de 100.000 asistentes, y sobrepasa a los Estadis Olímpics llenados por Estopa y Aitana o los Palaus Sant Jordi protagonizados por Rosalía.

De nuevo en lo musical, 'Cul', leyenda fundacional de la banda –tanto que su logo es un corazón bocabajo que forma un culo–, dio paso a 'Passos importants', también corte del primer disco que hizo ondear trapos, camisetas y banderas, antes de adentrarse en 'Bambi', contraste electrónico afín al espíritu de 'Fruit del deliri', último trabajo de Oques Grasses.

Precisamente, 'Fruit del deliri' se adueñó del siguiente tramo a través de unas bases menos melódicas de lo habitual y estrofas igualmente memorables, sea con 'Pingpong', pieza que estrelló el Lluís Companys entero, 'Com el dia i la nit', acompañados de unos solemnes arreglos de cuerda y 'Cap amunt', vestida con una imponente percusión.

Montero invitó de nuevo al jolgorio con 'In the night' y sus vientos, vestigio del sonido que se impuso en la escena catalana de mediados de la década pasada, y 'Bye bye' y su influjo caribeño, todo arropado entre llamaradas al frente y una pantalla encendida de rojo como telón de fondo.

Los reclamos de independencia del público sirvieron de puerta de entrada para 'Serem ocells' y eso de que "no habrá jaulas para tantos pájaros", notas entusiastas que no rebajaron su intensidad en una 'Torno a ser jo' abrigada por fuegos artificiales.

Tras esto, la emotividad de la noche llegó a su cénit con 'La gent que estimo', himno que sirvió para anticipar el cierre de la velada. Mientras el coro sostenía los últimos acordes, Montero y los suyos regresaron al centro de la pista, como en el inicio, para regalar, en un corro de siete amigos, 'Sort de tu', última ofrenda en la primera de las últimas noches.

La semana de despedida de Oques Grasses seguirá el jueves, el viernes y el sábado con tres conciertos que cerrarán la historia de una de las bandas más influyentes de la música catalana, que establecerá un precedente que se atisba difícil de superar en los próximos años. EFE

gcm/fp

(foto)

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