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Melilla, de la presión al alivio sin quitar el ojo a la frontera

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Paqui Sánchez

Melilla, 6 ago (EFE).- Una semana después de que se desatara la crisis migratoria que hizo a todo el mundo volver los ojos hacia la España africana, Melilla ha recuperado la normalidad en sus fronteras y, aunque respira aliviada de no haber vivido el dramatismo de Ceuta, es consciente de que la tranquilidad nunca está garantizada del todo.

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Por eso, sindicatos y asociaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado recuperan su histórica reivindicación de reforzar los medios técnicos y humanos en Melilla por una amenaza, la presión migratoria, que es compleja y no desaparece nunca.

Paralelamente, se aprovecha estos días de calma para estar algo más preparados por si se volviera a repetir lo ocurrido en las jornadas de agitación en la frontera. Según ha podido observar EFE, operarios de mantenimiento trabajan en la valla en zona del antiguo puesto fronterizo de Barrio Chino, uno de los puntos de mayor presión migratoria hace justo una semana.

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Hace unos días también hicieron lo propio para reparar otras zonas de la valla que sufrieron desperfectos por el intento de entrada de cientos de jóvenes marroquíes a lo largo del perímetro, un número no especificado que pudo estar cercano a los 2.000, según uno de los primeros cálculos de la Delegación del Gobierno.

En el Dique Sur, otro de los focos de esta crisis migratoria en Melilla, se están instalando unas vallas que, aunque aparentemente endebles, pueden ejercer esa barrera física de la que carecía en su tramo final, una circunstancia que impedía el rechazo en frontera de quien pretenda entrar de forma irregular, según han apuntado a EFE fuentes policiales.

Se busca así reforzar un dique que no está tan expuesto como el del Tarajal, epicentro de la crisis migratoria en Ceuta, al ser mucho más largo, llegando a 500 metros que podrían aumentar si se instalan barreras marítimas como ha hecho Interior allí. En Melilla las autoridades hablan de “elementos de contención” adaptados a la realidad de la ciudad, sin dar muchas más pistas de cómo y cuándo.

Y es que las diferencias geográficas de Ceuta y Melilla han sido otra de las claves de que la crisis migratoria no haya sido de igual, ni en proporciones ni en características ni, por supuesto, en consecuencias.

En Melilla se redujo a dos noches consecutivas de presión migratoria en la valla y el Dique Sur, jueves y viernes de la semana pasada, que obligaron a cerrar el paso fronterizo terrestre en plena Operación Paso del Estrecho (OPE), bloqueando a 3.000 viajeros en tránsito que el sábado, tras 36 horas de cierre, pudieron empezar a salir.

Se daba así carpetazo a las primeras noches de presión en la valla tras el ‘tsunami’ que supuso el dramático salto a la valla del 24 de junio de 2022, la mayor tragedia en una frontera española hasta la crisis de Ceuta de la semana pasada.

En los últimos cuatro años, la valla de Melilla se había mantenido en calma y el mayor desafío estaba en controlar las entradas por mar, sobre todo tras la sentencia del Tribunal Supremo que impide rechazar en frontera a quienes llegan a nado o en patera por la ausencia de una barrera física que sortear.

La entrada masiva de unas 70.000 personas en Ceuta, despertó en Melilla la preocupación de ser la siguiente. Y terminó sucediendo esa misma noche, aunque en una escala mucho menor, con una presión que se prolongó dos noches y se saldó con 1.323 entradas irregulares, de las cuales 1.063 personas fueron retornadas a Marruecos mediante los rechazos en frontera.

Quedaron en Melilla 260 migrantes, 140 de ellos menores, que han elevado la cifra a más de 310 en los centros de protección, especialmente en el de La Purísima, que ha vuelto al centro de la polémica tras conocerse las condiciones en las que se encuentran acogidos, con imágenes de niños y adolescentes durmiendo en el suelo y hacinados.

La situación ya ha sido denunciada ante la Fiscalía y la Ciudad Autónoma, que dijo haber reforzado el sistema de protección, pone el foco en que cuadruplica su capacidad máxima de 84 y es el Gobierno central el que debe trasladar a los que exceden de esa cifra.

Como Ceuta, Melilla también pide “un gesto de solidaridad” a las comunidades autónomas mientras sigue mirando de reojo a sus fronteras por si la pesadilla se volviera a repetir. EFE

(Foto) (Vídeo)

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