Adrián Vázquez
Barcelona, 19 jul (EFE).- Elena Ruiz (Rubí, Barcelona, 2004) reconoce en una entrevista con EFE que nunca se ha sentido cómoda con la etiqueta de "líder", pero que, tras la baja por lesión de la capitana Bea Ortiz, debe "asumir esa responsabilidad" en la Superfinal de la Copa del Mundo, que se disputará del 22 al 26 de julio en Sídney (Australia).
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"No me gusta definirme como líder, pero sí que es verdad que, con la baja de Bea, tengo que asumir esa responsabilidad. Hay jugadoras que acaban de llegar y creo que mi papel también es ayudarlas, acompañarlas y aportar lo que pueda al equipo. Es un paso adelante que me toca dar", admite la jugadora rubinense.
Pese a haber debutado con la selección absoluta con apenas 16 años y acumular ya una notable experiencia internacional -con dos participaciones olímpicas en su trayectoria-, Ruiz entiende el liderazgo desde una perspectiva colectiva.
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"Yo jugaré para mis compañeras. Si veo que no puedo lanzar, le daré el balón a otra porque todas estamos más que capacitadas para hacerlo. Esa es una de las fortalezas que tiene este equipo", subraya.
El trabajo durante estas semanas está siendo "intenso", reconoce. El combinado nacional centra sus esfuerzos en llegar en las mejores condiciones, con una primera fase de carga física antes de afinar "los últimos detalles tácticos".
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España logró el billete para la Superfinal después de terminar tercera en la División 1 disputada en Rotterdam (Países Bajos). Más allá de los resultados, Ruiz rescata las lecciones aprendidas de cara a un campeonato en el que volverán a medirse con las grandes potencias del waterpolo.
"Está todo muy igualado y cualquiera puede ganar. Somos un gran equipo, pero los demás también lo son. Sacamos buenas conclusiones. Todavía tenemos cosas que mejorar, tanto en ataque como en defensa, y precisamente para eso estamos trabajando ahora: para llegar a Sídney con nuestra mejor versión", señala.
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Entre esas prioridades aparece la defensa, un aspecto que la catalana considera clave para que España pueda aspirar al único gran título que todavía le falta. "Siempre insistimos mucho en ese aspecto. El ataque también hay que seguir trabajándolo y encontrar soluciones, pero todo nace desde una buena defensa", subraya.
España se estrenará directamente en los cuartos de final ante Hungría, un rival al que Ruiz define como "un equipo muy duro físicamente y que siempre te pone las cosas muy difíciles".
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En un formato sin margen para el error, el objetivo de España vuelve a ser subir a lo más alto del podio después del amargo quinto puesto en el último Europeo, que puso fin a una racha histórica de podios que se extendía desde los dos últimos Juegos Olímpicos, los tres últimos Mundiales y los últimos cuatro Europeos.
"Vamos a por el oro, evidentemente. Queremos ganar y dar lo mejor de nosotras. Pero también es importante acabar con la sensación de haberlo dado todo por el equipo y no pensar que podríamos haber hecho más. Si todas estamos al cien por cien, después el deporte decidirá, pero confío plenamente en este equipo", apunta.
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Ruiz también está viviendo en primera persona el relevo generacional iniciado tras los Juegos Olímpicos de París 2024. Una transición que, según explica, el equipo afronta con "ilusión y compromiso".
La internacional catalana considera que, pese a los cambios en la plantilla, España mantiene intacta una identidad que se trabaja desde las categorías inferiores y que facilita la integración de las nuevas internacionales.
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"Desde pequeñas se trabaja mucho la forma de jugar y también lo que significa estar en la selección. Cuando una jugadora llega a la absoluta ya conoce esa dinámica y esa manera de entender el equipo. Eso nos ayuda mucho de cara a las competiciones que vienen", destaca.
Aunque todas las convocatorias con la selección son "especiales", esta tiene un significado diferente para Ruiz después de un final de temporada especialmente convulso con el Sant Andreu.
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La decisión de la nueva directiva de no dar continuidad al proyecto de waterpolo femenino en los mismos términos que hasta ahora puso fin a una etapa que la jugadora catalana imaginaba mucho más larga.
"Ha sido complicado, no te voy a mentir. No ha sido fácil dejar el club, y menos cuando yo firmé el año pasado con la idea de quedarme. Siempre decía que ojalá pudiera estar allí toda la vida y no tener que moverme, porque no me gusta cambiar", reconoce.
La internacional española admite que resultaba difícil asumir el desenlace de un proyecto al que se sentía "profundamente vinculada" tras renovar hasta 2028, aunque intentó apartar esa preocupación para proteger su rendimiento y mantener la concentración hasta el final de la temporada.
"Cuesta imaginar que algo así se vaya a destruir", reconoce. "Hasta que no acabó la temporada no quería pensar en otro club, porque mentalmente podía desviarme un poco. Quería estar centrada en lo que tenía por delante", afirma. EFE
avm/gmh/cmm
(foto)
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