De los robos de ETA a armas 3D: 40 años de la Intervención de Armas de la Guardia Civil

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Santi Sánchez

Madrid, 18 jul (EFE).- Desde los robos de explosivos en los años más duros de ETA hasta la más reciente exhibición histórica con trabucos, pasando por una simple navaja usada en un robo o un arma 3D modelada e impresa con un ordenador.

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Todos estos elementos, aparentemente inconexos, tienen un denominador común: son competencia de la Intervención de Armas de la Guardia Civil, que aglutina a más de 1.900 agentes y que este sábado cumple 40 años como especialización dentro del cuerpo.

Bajo la estricta mirada de la Guardia Civil están los alrededor de 2,3 millones de armas que hay registradas legalmente en España, así como el millón de usuarios con licencia concedida, que en más del 90 % las utilizan para la caza.

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Forma parte de esta unidad el teniente coronel Ángel Rivera, que recibe a EFE a pocos días de jubilarse en la sede de la Intervención, en el cuartel de la Guardia Civil en la calle Batalla del Salado de Madrid.

"La Guardia Civil puede controlar prácticamente todas las actividades que se hacen relacionadas con las armas. Y cuando digo todas son todas, como por ejemplo las personas que van a tener acceso a ellas: vamos a fiscalizar quiénes son, qué antecedentes y qué conductas tienen", indica Rivera, que agrega que este control también se produce mediante la inspección aleatoria, como es el caso de las fábricas de armas o de explosivos, donde se pasan inspecciones periódicas.

La inspección e intervención de armas es una competencia exclusiva de la Guardia Civil en todo el territorio nacional desde 1986, si bien hay decretos de 1920 y 1934 en los que ya se le reconocía esta prerrogativa al instituto armado, el único cuerpo policial entonces desplegado en toda España.

En un primer momento, los diferentes puestos de la benemérita se encargaban de llevar a cabo esta labor, pero "la dificultad técnica, jurídica y jurisprudencial" llevaron a la Guardia Civil a desarrollar una especialización, según explica Rivera.

Para acceder a esta especialización, abierta a todos los miembros del cuerpo, los agentes deben pasar por un curso en el que estudian los reglamentos de armas, cartuchería y explosivos, así como la legislación vigente que lo regula, además de las herramientas informáticas.

Los agentes completan su formación con unas prácticas de quince días en una de las intervenciones de armas. De esas unidades también forman parte otros funcionarios que proporcionan apoyo, pero que no tienen un contacto directo con el armamento.

"España ha tenido siempre un control muy estricto de las armas y los explosivos, muy probablemente porque venimos de una dictadura en la que al poder político no le interesaba que hubiese muchas armas y luego durante muchos años hemos sufrido el terrorismo, el de ETA y otros. Entonces las armas había que controlarlas, y también los explosivos", explica el teniente coronel.

Estos años de especialización han permitido a la Intervención de Armas convertirse en un ejemplo a nivel internacional, hasta el punto de colaborar en la redacción de la directiva europea sobre armas.

El teniente coronel resume esta capacidad con un ejemplo gráfico. En los años más activos de ETA, el celo con el que se controlaban las armas por parte de la Guardia Civil desplazaba la presión hacia otro lado: de robar explosivos en Santander se iban a Francia.

Años más tarde, con la aparición de nuevas formas de terrorismo, como el yihadista, otros países con un control no tan estricto han venido a España a ver cómo trabajaba la Guardia Civil, "no solo a nivel jurídico sino también fáctico", como explica Rivera.

Aunque la Guardia Civil reconoce que no hay un problema con las armas en España, los 1.900 agentes de la intervención van a seguir "siempre" su rastro, es decir, quién las tiene y dónde las tiene. Y si no están en posesión conforme a la norma o ha caducado la licencia de sus dueños, deben depositarse en el instituto armado, que las custodiará durante un año.

Pasado ese año, el usuario las puede recuperar si obtiene de nuevo la licencia, las puede vender o inutilizarlas. Pero sólo la Guardia Civil las puede destruir: "No nos fiamos de nadie", deja claro el teniente coronel, que agrega que esta destrucción se lleva a cabo en fundiciones, para garantizar su destrucción completa.

El control sobre las armas empieza desde antes de que se fabriquen, mirando "quién va a hacer o quién va a importarlas", y, sobre todo, cómo va a hacerlo, desde cómo sale hasta cómo se custodia.

Si bien el trabajo de esta unidad no ha variado en exceso a lo largo de 40 años, Rivera prevé que de cara al futuro los agentes irán "detrás de la técnica", siguiendo armas que irán surgiendo y que no lo parecerán.

Como ejemplo de esto, Rivera enumera las autorizaciones para incorporar armas a los drones o los productos que acabarán en el interior de los proyectiles: "Esto no deja de ser una labor de investigación", concluye. EFE

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