Los investigadores fechan en el siglo I a. C. los primeros huesos de aceituna cultivados

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Jaén, 14 jun (EFE).- Investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) han fechado las primeras evidencias de huesos de aceitunas cultivados en la provincia de Jaén en el siglo I a.C, en yacimientos como El Cerro de la Atalaya en la Higuera de Arjona y en el Cerro de los Vientos en el Puente del Obispo.

El Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén ha organizado las I Jornadas de Arqueología de la Olivicultura, que han sido el broche final al proyecto ‘¿Quién levantó los olivos? Arqueobotánica del Alto Guadalquivir’, financiado por la Fundación BBVA a través de sus becas Leonardo.

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Los resultados obtenidos indican que la introducción del olivo en el Alto Guadalquivir estuvo estrechamente ligada al proceso de romanización, extendiéndose de forma gradual a medida que avanzaba la ocupación y organización del territorio.

Mediante dataciones radiocarbónicas se han podido fechar las primeras evidencias de huesos de aceitunas cultivados en la provincia de Jaén, que se sitúan en el siglo I a.C, en yacimientos como El Cerro de la Atalaya en la Higuera de Arjona y en el Cerro de los Vientos en el Puente del Obispo, aunque todavía se desconoce cuáles fueron los centros de producción en esos momentos.

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“Es a partir del siglo I d.C cuando encontramos evidencias directas de la producción de aceite en lugares como Cástulo (Linares) y Marroquíes Bajos en Jaén”, apunta la investigadora de la UJA, Eva María Montes Moya, coordinadora científica del encuentro de arqueología. .

Según los investigadores, los análisis de isótopos estables de carbono (δ13C) y nitrógeno (δ15N) han permitido obtener el primer registro isotópico en plantas de crecimiento retardado del Mediterráneo occidental, estableciendo un umbral que permite diferenciar entre condiciones de mayor o menor disponibilidad hídrica.

“Esto ha permitido reconstruir las condiciones ambientales en las que fueron cultivados los olivos en la antigüedad a lo largo de una secuencia cronológica de más de 1000 años”, sostiene la profesora Montes.

En conclusión, los resultados muestran que, en términos generales, los olivares de la provincia de Jaén fueron cultivados bajo condiciones de disponibilidad hídrica limitada, como es habitual en cultivos de secano.

Sin embargo, se han identificado algunos episodios puntuales que indican una mayor disponibilidad de agua en el entorno, coincidiendo con las épocas Altoimperial, Emiral y Califal.

Estas diferencias, señala Eva María Montes, podrían deberse tanto a cambios en las condiciones climáticas como a distintas estrategias de gestión agrícola, o un desigual acceso a los recursos hídricos, ya que son precisamente en estas épocas en las que se registra una intensificación del cultivo del olivo según los análisis carpológicos de diferentes asentamientos del Alto Guadalquivir.

Por otro lado los valores obtenidos sugieren el uso recurrente de abonado orgánico desde al menos el siglo I a.C y a lo largo de toda la secuencia cronológica analizada, lo que evidencia la aplicación continuada de estrategias de manejo con el objetivo de mantener la productividad de los olivares como una de las bases del sistema agrícola de la región. EFE

gd/vg/mcm

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