Una escuela de la Fundación Real Madrid anima a niños ucranianos a través del fútbol

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Rostyslav Averchuk

Vínniki (Ucrania), 3 jun (EFE).- Una escuela sociodeportiva en la ciudad occidental ucraniana de Vínniki, respaldada por la Fundación Real Madrid y centrada en el fútbol, sirve como lugar de recuperación y desarrollo para aproximadamente un centenar de niños ucranianos afectados por la invasión rusa.

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"¡Ronaldo! ¡Mbappé! ¡Modrić!", grita un grupo de niños en el campo de juego de la Congregación Salesiana de la Iglesia greco-católica ucraniana, al nombrar para EFE a sus jugadores favoritos.

Sviatoslav Grib, de diez años, cuenta con entusiasmo cómo el pase de Dani Carvajal ayudó a Cristiano Ronaldo a meter su famoso gol de chilena en el partido contra el Juventus durante la Liga de Campeones de 2018. La alegría que sienten los niños al marcar en sus propios partidos es igual de intensa, aunque ganar no es lo que más cuenta aquí.

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"Aquí pueden pasar al menos una hora y media haciendo lo que les gusta", explica Marta Grib, la madre de Sviatoslav, profesora de inglés en la escuela.

El proyecto, cofinanciado por la Unión Europea, la Fundación Real Madrid y la Oficina de Misiones Salesianas en Madrid, trabaja con niños de entre 5 y 17 años, que asisten varias veces a la semana.

Todas las actividades, incluidas las clases de inglés y el entrenamiento de fútbol, están diseñadas para generar valores fundamentales tanto dentro como fuera del campo.

"Nos centramos en el respeto, el espíritu de equipo, la igualdad, la autoestima, los hábitos saludables y la independencia", señala Andrí Tsímerman, de 29 años, uno de los tres entrenadores que recibieron instrucción de la Fundación Real Madrid cuando la escuela abrió en 2024.

Durante los partidos, Tsímerman recompensa el juego limpio: así, apoyar a un compañero de equipo después de un error o pedir disculpas a un oponente por una falta puede ser motivo de una "tarjeta blanca", que cuenta como un gol.

Estos gestos son comunes aquí y esta atmósfera de apoyo es vital para los niños, dicen los padres.

Olivia Andrushkiv, de nueve años, solía ver partidos de fútbol con su padre Nazari, que hace casi tres años murió cuando combatía en el frente, una pérdida que afectó gravemente a su hija.

"Se volvió reservada, ansiosa e insegura", dice a EFE su madre Katerina, que subrayó que cada alarma antiaérea desencadenaba en Olivia el miedo de perderla también a ella.

El fútbol y el apoyo de los entrenadores y compañeros de equipo la han ayudado a empezar a sonreír de nuevo.

El "espíritu de equipo" es también el valor favorito de Oleksí Prisiazhniuk, de siete años.

Con su madre Halina, huyó de la ciudad oriental de Sloviansk, bajo intensos bombardeos, hace más de cuatro años. Oleksí, que echa de menos a su abuela y amigos, ha tenido dificultades para adaptarse, un trauma que se ha traducido en un comportamiento inquieto.

Las sesiones de fútbol le han aportado calma, gracias a una sensación de unidad y compañerismo, pese a la incertidumbre sobre el futuro que aún se mantiene.

"Hay una larga lista de espera y la selección no es fácil", dice Tetiana Nesteruk, la coordinadora de la escuela, cuya financiación con fondos europeos concluye este verano.

"Damos prioridad a los niños más vulnerables: los de familias grandes, que no tienen padres o que se enfrentan a dificultades financieras y de otro tipo. Sin embargo, en Ucrania no hay niños que no se hayan visto afectados por la guerra", subraya.

Durante los entrenamientos, los niños apenas reaccionan al sonido de las alarmas antiaéreas. Pero la guerra nunca está muy lejos.

"Saben cuánto tardan en llegar los misiles y qué armas pueden interceptarlos", señala Marta Grib, que recordó un incidente reciente en el que un dron ruso fue derribado en las inmediaciones.

El padre Mijailo Chaban, superior provincial de los salesianos, una congregación católica que da gran importancia a la formación de los jóvenes, cree que el fútbol ayuda a restablecer el sentido de la vida pacífica que existía antes de la guerra.

"De esta manera, ayudamos a los niños a recuperar la confianza en que no todo es malo y en que el bien acabará por triunfar sobre el mal", dijo a EFE.

25 niños de Vínniki y de otra escuela de la Fundación en Zhitómir ya han visitado el estadio Santiago Bernabéu, donde se encontraron con el guardameta ucraniano del Real Madrid Andriy Lunin.

Algunos sueñan con convertirse en futbolistas profesionales. Sin embargo, para el equipo de la escuela, el objetivo principal es más simple.

"Más que nada, queremos que se conviertan en buenas personas", subraya el entrenador Tsímerman. EFE

(foto) (vídeo)

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