Naiare Rodríguez Pérez
Zaragoza, 30 may (EFE).- La Sala Oasis de Zaragoza ha podido disfrutar este sábado del grupo Marlon, que ha protagonizado una velada de las que crean recuerdos y que ha estado llena de buena sintonía, gargantas al límite y canciones convertidas en refugio para un público que se ha dejado llevar por cada acorde, cada tecla y cada rasgueo de guitarra.
PUBLICIDAD
Con la cercanía como bandera y la emoción como combustible, la banda asturiana ha aparecido sobre el escenario para abrir la noche con 'Mi Macarena', antes de enlazar con 'Me supo a poco' y 'La suerte que hemos tenido', tres títulos que han resumido el sentimiento general de una sala llena de grupos de amigas, parejas, familias y también personas que han acudido solas, aunque allí nadie lo haya estado realmente.
Algunas historias han recorrido cientos de kilómetros para disfrutar de esta velada de desgarro: “Todo merece la pena cuando te das cuenta que incluso hay gente que viaja por vernos. Hoy, aquí en Zaragoza, han venido de Madrid”, ha recordado el vocalista Adrián Roma, que durante toda la noche ha alternado la euforia con la confesión íntima.
PUBLICIDAD
Con un guiño a su padre en la guitarra, unas gafas de sol futuristas y un pulso imparable, el grupo se ha dejado la voz junto a una Zaragoza que, tal y como ha dicho Roma, "siempre lo da todo". "Yo pienso pasármelo muy bien. El resto está en vuestras manos”, ha añadido.
Tras 'Caos', 'De L.A. a NY' y 'De mudanza', Roma ha tomado un rumbo más sentimental y ha protagonizado una oda al "amor de verdad" al sonar 'Honestidad brutal', 'Hachiko', 'Aquella canción de Blink' y 'Volveré', todas ellas marcadas por la emoción y piel de gallina en más de un asistente.
PUBLICIDAD
Durante esos momentos, la Oasis ha contenido la respiración y ha sido testigo de cómo la fidelidad, la ausencia y la espera se han mezclado con móviles alzados y miradas que han buscado compañía y abrazo ante un Adrián Roma que se ha arrodillado para sentir y escuchar cantar al público.
La energía ha regresado con 'Princesas y principitos' y, justo antes de 'Pirata', ha llegado uno de esos saludos que ya forman parte de la identidad: “¿Qué pasa, piratas?”, ha gritado para provocar una respuesta inmediata de saltos, brazos en alto y entrega constante.
PUBLICIDAD
Una entrega, de hecho, que se ha sellado con el tema 'Voy a pasármelo bien', la versión compartida con Hombres G que ha terminado de convertir la sala en una fiesta colectiva donde incluso han habido corrillos para bailar.
El concierto, entonces, ha cambiado de piel y se ha iniciado un tramo acústico sin artificios y con la cercanía de quien toca para amigos en casa, momento en el que han interpretado 'Los domingos' y 'Marzo en febrero'.
PUBLICIDAD
“No sabíamos cuánto íbamos a sufrir. Sufrimos al principio, a mitad y seguiremos haciéndolo porque nunca podremos dejar de hacer canciones”, ha confesado el cantante.
La fragilidad ha dado paso a 'De Perreo', también en formato acústico y reinterpretada desde una sensibilidad distinta, casi íntima, demostrando que detrás de cada estribillo festivo también puede esconderse una conexión real.
PUBLICIDAD
La recta final ha recuperado la electricidad con 'Duele', 'Uñas y dientes' y '24/7', una secuencia que ha vuelto a poner a saltar a la sala para dar paso a 'Superman', 'Confesarte' e 'Hipersensible', tema que da nombre a la gira.
Si algo ha quedado claro durante más de hora y media es que Marlon ha construido una comunidad alrededor de sus canciones, capaz de abrazarse con desconocidos, de cantar a pleno pulmón cuando el micrófono apunta hacia abajo y de convertir una sala de conciertos en un festival.
PUBLICIDAD
La despedida ha llegado con las tan esperadas 'Olvidé olvidarte' y 'Háblales', dos últimos golpes al corazón para un público que se ha resistido a marchar y que ha brindado por reencontrarse y volver a cantar hasta quedarse sin voz. EFE
1012039 (foto)
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

