Valentín Roma traza un retrato crítico de los nacidos en los 70 en su obra 'Los trillizos'

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Irene Dalmases

Barcelona, 25 may (EFE).- Apurando sus últimas semanas al frente de La Virreina Centre de la Imatge, con libros empaquetados a su alrededor, Valentín Roma habla con EFE de su nueva novela, 'Los trillizos', donde plantea una revisión de la figura del desclasado cultural y dibuja un retrato crítico de los nacidos en los setenta.

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Tras la trilogía formada por 'El enfermero de Lenin', 'Retrato del futbolista adolescente' y 'El capitalista simbólico', ahora el gestor cultural y escritor firma una obra que quería estuviera en otra "órbita", con un narrador protagonista que, de alguna manera, "está intentando reparar algo de su biografía".

"Intenta entrar en una realidad que es la de la familia, sin estar ni preparado, ni predispuesto, y también me interesaba explorar cómo los cuidados en los últimos años se han convertido en una especie de 'MacGuffin' desideologizado, deshistorizado, algo ejemplarizante", explica el autor.

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Publicada por Periférica, en esta historia Roma presenta al principio a un hombre sentado en un parque infantil, por primera vez a solas con los hijos de su nueva pareja, madre de trillizos.

Sin embargo, el novelista advierte de que nadie espere un relato sobre la crianza, porque la historia no va por ese derrotero, sino que ahonda en la esfera del trabajo, otra organización, como la de la familia, que son "como dos estructuras sociales, productivas y emocionales donde nos dejamos la vida".

No rehuye que en todos sus libros el trabajo aparece como "algo muy alienante", especialmente aquellos trabajos intelectuales de clase media, con unos empleados que tienen un estado "malogradamente natural, el de la reunión".

"Hay gente que nos pasaremos a lo largo de nuestra vida laboral quince, veinte años reunidos. Diríamos que la vida es lo que pasa entre reunión y reunión, que, encima, se entienden como trabajo, pero no es trabajar. Es un sinsentido de jerarquías baratas, improductivas, cutres, de jefes que nos hablan y asquean y, al mismo tiempo, determinan un montón de cosas en nuestras vidas", ha considerado.

De forma amarga, más que cínica, asevera que, además, en el caso de los trabajadores de la cultura "no hay ninguna incidencia en otras zonas de la realidad, aunque intentemos equilibrarlo con grandes dosis de opulencia falsa, con grandes gestos melodramáticos".

En cuanto a la cuestión de los cuidados, muy presente a lo largo de estas páginas, Roma opina que "cuidar es complicado, es alienante, puede ser agresivo, es algo muy duro".

"He visto a gente -añade- destruirse al estar en uno de estos procesos y he escuchado con cierta repugnancia ideológica cómo el cuidado se convertía en algo dicharachero y feliz".

Relacionados con la familia, además, como si "fueran algo edificante", cuando dice no conocer "prácticamente nadie que no esté traumatizado por algo que procede de lo sucedido en su familia, organización que es constitutiva y destitutiva, vista como una unidad social totalmente incuestionable en ciertos sentidos".

La ciudad de Barcelona está también en el trasfondo de esta historia, una urbe "totalmente saqueada en nombre de una especie de modernidad internacional 'guachi, que implica cafés a 300 euros, hamburguesas veganas a no sé cuanto".

Un lugar que ha llegado a este momento por un proceso de "rapiña y saqueo" llevado a cabo por "los hijos de unas burguesías patrimoniales en nombre de la multiculturalidad, de lo ecológico, pero que es un negocio que está cambiando las estructuras de la ciudad".

Al final de la obra, con giro argumental incluido, el narrador debe reconfigurar su vida entera.

Aunque no busca enseñanzas morales con sus novelas, Valentín Roma no rehuye que si tuviera que escoger una sería la de que "en el fondo, nunca pasa nada".

Argumenta, en este punto, que "la mayoría de las cosas que nos apremian, agobian, empujan y persiguen, en realidad, son coyunturas y nunca pasa nada", de la misma manera que le gusta decir que "nunca pasa nada por cambiar de vida y por cambiar de idea". EFE

(foto)

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