El artista detrás de la escultura de Nadal en Roland Garros: “En la toma de medidas simuló el golpe de raqueta. Ver cómo te pasa cerca de la cara es increíble”

Jordi Díez atiende a ‘Infobae’ para explicar cómo fue el proceso de creación de la escultura del tenista mallorquín

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Jordi Díez creando la escultura de Rafa Nadal (imagen cedida por el artista)
Jordi Díez creando la escultura de Rafa Nadal. (Imagen cedida por el artista)

Roland Garros es el imperio de Rafa Nadal. Forjó gran parte de su leyenda sobre la tierra parisina al conquistar 14 títulos. Una gesta histórica. Nadie, ni antes ni después, al menos hasta el momento, ha podido siquiera aproximarse. Roland Garros es sinónimo de Rafa Nadal. Por ello, cuando el manacorí anunció su retirada, el torneo decidió rendirle homenaje. Tiene una placa en la Philippe-Chatrier, la pista central de París, y una estatua a las puertas del emplazamiento, que fue creada tras su duodécima victoria. Una figura diseñada y esculpida por Jordi Díez.

Que Jordi realizara la escultura no fue casualidad. “No me lo pidieron, fui yo el que lo propuso. Un amigo me dijo: ‘Ha salido en prensa que Bernard Giudicelli, que era el presidente de la federación en ese momento, ha manifestado que estaría interesado en hacer un monumento con motivo de la doceava victoria de Nadal, Roland Garros’”, cuenta a Infobae.

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Semana y media después, ya tenía varios proyectos de la escultura y no dudó en mandarlos al presidente. Una vez oficializado el contrato, asistió a una comida en la tribuna presidencial, donde Giudicelli recordó el día en el que recibió los bocetos. “Contó de forma muy bonita que recuerda cómo esa mañana, cuando llegó al despacho, tenía un sobre esperando en la mesa, que eran mis proyectos, y que al abrirlo tuvo una revelación y dijo algo como: ‘Esto hay que hacerlo’”.

Toda la obra de Jordi Díez gira en torno al cuerpo humano. En el caso de la escultura de Rafa, debía conseguir plasmar también “la presencia y potencia, con otros valores que no son el movimiento”. Aunque no fue lo único que le motivó para llevar a cabo el proyecto: “Por otro lado, el movimiento explosivo. Mucha gente me dice que mi verdadera capacidad está en el movimiento. Y claro, tener a disposición a un atleta de esa categoría...”

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Jordi Díez esculpiendo la figura de Nadal (imagen cedida por el artista)
Jordi Díez esculpiendo la figura de Nadal. (Imagen cedida por el artista)

Jordi solo vio un partido de Nadal en persona, cuando fue a firmar el contrato. Desde la tribuna presidencial, en primera línea, pudo apreciar el movimiento del deportista. Después, a raíz del encargo, sí se reunió con él para la toma de medidas. Díez viajó a Mallorca para reunirse con el tenista. “Le hice un vaciado de sus manos porque quería que fueran exactamente las suyas”, recuerda. También le pidió que hiciera el movimiento de la raqueta: “La verdad es que ver cómo te pasa la raqueta por delante de la cara es increíble. Tiene una potencia y una fuerza monumental”.

Una vez tomadas las medidas, se recluyó en su taller. Fue un proceso largo, con momentos de flaqueza: “Cuando tenía un momento de bajón, miraba un rato un vídeo de Nadal y me daba energía, porque si hay algo que le define es esa fortaleza y mentalidad de superarse y no rendirse en ningún momento”. Es en esos videos donde se dio cuenta de que Rafa era capaz de “derrumbar psicológicamente al oponente, porque en momentos extremos demostraba que no estaba dispuesto a rendirse”. La escultura se forjó en plena pandemia, lo que añadió una capa de dificultad a la ejecución. Según el escultor, la experiencia se asemejaba a una maratón, con fases de agotamiento y momentos de júbilo: “Llegas a ese momento en una posición muy esencial, casi onírica, de pura resistencia”.

Jordi Díez esculpiendo la figura de Nadal (imagen cedida por el artista)
Jordi Díez esculpiendo la figura de Nadal. (Imagen cedida por el artista)

La escultura final de Nadal supera los dos metros y medio de altura, ya que responde a una ley básica de la escultura monumental: “Cuando haces un ser humano en tamaño natural y lo colocas en un pedestal, parece pequeño. Por eso, siempre hay que hacerlo más grande”, destaca el escultor. El tamaño permite que la figura mantenga presencia y potencia visual en un espacio tan emblemático como Roland Garros.

La obra se distingue por su fidelidad anatómica y por la capacidad de transmitir un instante de máxima tensión. Díez reconoce que la posición extrema elegida para el retrato implicó correcciones ópticas complejas, debido a la altura a la que se exhibe la pieza. “Tenía que trabajar de memoria, subiendo y bajando la escultura para ajustar proporciones y conseguir que, vista desde abajo, mantuviera la fuerza y el parecido”, puntualiza.

Rafa Nadal junto a su escultura creada por Jordi Díez (Christophe Guibbaud / FFT)
Rafa Nadal junto a su escultura creada por Jordi Díez. (Christophe Guibbaud/FFT)

Un Nadal “multiedad”

Otro aspecto de la escultura es que no retrata una edad específica del deportista. “Hice un Nadal multiedad, el que los abarca a todos. Toda su trayectoria se puede resumir en una actitud”, detalló. Para Díez, el objetivo era plasmar la energía que mueve al personaje, y no solo su apariencia externa. Este planteamiento se alimentó de la observación directa del tenista y de las conversaciones mantenidas durante el proceso de toma de medidas.

El contacto con Nadal brindó al artista la oportunidad de conocer su mentalidad y su modo de afrontar la presión. “Más que humildad, vi en él una persona sencilla, con una capacidad de simplificar mucho las cosas”, describió. El escultor destacó la influencia del entorno y de su mentor, Toni Nadal, en la formación del carácter del deportista. “La resistencia a la frustración y la ausencia de altanería son rasgos que he intentado reflejar en la escultura”, aseguró.

Con un palmarés único que lo convierte en uno de los mejores jugadores de la historia, Rafa Nadal se retira del tenis profesional.

La instalación de la escultura en Roland Garros estuvo marcada por restricciones sanitarias debido a la pandemia del coronavirus, pero el momento de la inauguración resultó significativo para el autor. “Cuando desplegaron la escultura, pude ver en los ojos de Nadal que estaba sorprendido y emocionado”, recuerda Díez. El tenista no había visto la obra final hasta ese instante. “Me transmitió que estaba impresionado. Lo noté emocionado”, añade.

Para el escultor, la reacción de Nadal fue una de las grandes recompensas del proceso: “Ver que la persona retratada se reconoce y se emociona con la obra que va a perdurar en el tiempo es una sensación única”.

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