Carlos Expósito
Atenas, 25 may (EFE).- El Olympiacos se proclamó campeón de la Euroliga en Atenas y recuperó el trono ante un Real Madrid que mostró su ADN y la casta blanca, pero que murió en la orilla. Por el camino se quedó un Valencia Basket que saboreó la élite continental por primera vez, y un Fenerbahce que defraudó como vigente campeón.
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La capital griega volvió a convertirse, del 22 al 24 de mayo y diecinueve años después de su última edición allí, en el escenario de la Final a Cuatro de la Euroliga. El torneo concluyó con la conquista del Olympiacos de su cuarta corona europea, que confirmó su condición de favorito y anfitrión al hacer valer el liderato logrado en la fase regular.
El Madrid, castigado por las lesiones, peleó hasta el último segundo y rozó la gesta de tumbar al gran favorito, pero el conjunto griego supo resistir la presión y acabó llevándose la victoria en una final de infarto.
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La final del pasado domingo supuso el quinto enfrentamiento entre Olympiacos y Real Madrid en un partido por el título de la Euroliga, con un balance que se cerró en tres victorias para el conjunto blanco y dos para el equipo de El Pireo.
Las tres últimas finales disputadas por el conjunto heleno -en 2023, 2017 y 2015-, las perdió, dos de ellas contra el Madrid. Uno de los objetivos del proyecto del entrenador, Georgios Bartzokas, era recuperar el dominio europeo.
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Buscaban la redención, la cima continental, que no habían saboreado desde 2013, precisamente cuando un Olympiacos también dirigido por Bartzokas en su primera etapa al frente del club griego tumbó al Madrid en Londres.
Y lo lograron este año en su ciudad, en el estadio donde habitualmente juega su máximo rival, el Panathinaikos, y con un juego muy sólido, tanto defensiva como física y ofensivamente. Se trata de un equipo mentalmente sólido, como demostró en la final, en la que supo remontar y superar la presión en los momentos decisivos.
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Enfrente apareció un Real Madrid competitivo hasta el último segundo. El conjunto dirigido por Sergio Scariolo sobrevivió a las bajas de sus pívots Walter Tavares, Alex Len y Usman Garuba -que se lesionó en semifinales-. Aun así, se reinventó y estuvo muy cerca de otra hazaña histórica, la duodécima Euroliga con todo en contra.
Durante todo el torneo, tanto Scariolo como sus jugadores, entre ellos el capitán, Sergio Llull, apelaron al "ADN del Madrid" para superar las adversidades y convertir la debilidad en oportunidad. Se instauró la narrativa de que las lesiones debían asumirse como una motivación y no como una excusa.
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Hasta cierto punto funcionó. En la final, el conjunto madrileño comenzó doblegando a un Olympiacos que tardó en despertar. Silenció a todo un pabellón y demostró que con carácter y pizarra también se pueden pelear partidos.
No lograron sostener el ritmo y, sin juego interior, terminaron siendo remontados. Tras la final, tanto el cuerpo técnico como los jugadores se mostraron orgullosos de lo conseguido, aunque dolidos por la derrota, dejando una gran imagen ante aproximadamente mil aficionados blancos que se dieron cita en el infierno griego.
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El Valencia Basket protagonizó una de las grandes historias de la temporada. Segundo en la fase regular y revelación del torneo, el conjunto 'taronja' alcanzó por primera vez en su historia una Final a Cuatro.
Su clasificación tuvo tintes memorables tras levantar un 0-2 ante el Panathinaikos en cuartos de final, en una serie que se fue al quinto partido y que estuvo rodeada de polémicas y epicidad.
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El conjunto dirigido por Pedro Martínez, equipo de moda de la temporada, no pudo superar a un Madrid que volvió a imponer su experiencia en este tipo de citas. Igualmente, dejó una gran imagen y confirmó el crecimiento del proyecto, así como su posible consolidación en la élite.
Por su parte, el Fenerbahce llegó a Atenas como vigente campeón tras el título conquistado en 2025, pero también se despidió en semifinales. El conjunto turco no pudo mantener el ritmo impuesto por el Olympiacos y cayó con claridad por 79-61. Pese a no partir como favoritos, tampoco supieron plantar cara a un equipo griego que fue claramente superior de principio a fin.
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El nombre propio de la fase final fue Evan Fournier, del Olympiacos. El internacional francés fue elegido MVP (Mejor Jugador) tras una actuación decisiva en ambos encuentros. En semifinales ante el Fenerbahce aportó tiros clave y el mejor diferencial del partido (+15). En la final lideró la anotación de su equipo con 20 puntos.
Del conjunto griego también destacaron Sasha Vezenkov, principal referencia ofensiva, junto con Alec Peters y Thomas Walkup, quienes fueron decisivos gracias a su movimiento y a la generación de juego, especialmente en momentos determinantes.
Mientras Trey Lyles, Mario Hezonja y Andrés Feliz mantuvieron al equipo blanco en pie y compensaron la ausencia de pívots, con Facundo Campazzo llevando el timón del equipo.
Por parte del Valencia volvió a brillar el dominicano Jean Montero, una de las grandes joyas valencianistas, mientras que en el equipo turco el más inspirado de cara al aro fue Tarik Biberović. EFE
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